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viernes, 27 de septiembre de 2019

El otoño que llega


Lo sabemos, ha comenzado una estación que, por lo que parece, suscita muchos comentarios. Es posible que este año yo esté especialmente sensible ante cambios de este tipo, no lo sé, pero creo que nunca he visto tanto saludo a la nueva estación. Tampoco ha llegado como la primavera del poeta (La primavera ha venido/y no sé cómo ha sido), no. Este año el otoño ha entrado avisando, muy poco a poco, pero dejando ver que ya estaba, digamos, tras la puerta. Las lluvias, las nieblas, los aires y, al final, como coda de preludio, nos visitó la  gran DANA, que antes se llamaba ciclogénesis y que los mayores conocían como temporal, pero con un nombre u otro, nos ha dicho sin derecho a réplica que las cosas han cambiado.

viernes, 5 de octubre de 2018

En otoño

Llega el otoño como un amigo anunciado. Ya lo hemos notado por las hojas secas arremolinadas en el suelo, pero como biólogo, no me conformo con esta visión, muy dada a soñar y a recordar poemas nostálgicos. Para muchos, esta estación está matizada de recuerdos y sensación de final de ciclo, que deja en cada uno un regusto en cierto modo triste. Las hojas caen y parece que el cielo se derrumba. 

viernes, 6 de octubre de 2017

Tiempo de otoño

Como un amigo anunciado, llega el otoño. Lo notamos por las hojas secas arremolinadas en el suelo, pero como biólogo, no me conformo con esta visión, muy dada a soñar y a recordar poemas nostálgicos. Porque para muchos, esta estación está matizada de recuerdos y sensación de final de ciclo, que deja en cada uno un regusto en cierto modo triste. Las hojas caen y parece que el cielo se derrumba.



Pero aquí no se derrumba nada. La naturaleza sigue su curso y lo mismo que nosotros dormimos, pareciendo que estamos ausentes, todo queda en reposo pareciendo haber terminado algo. Nada más lejos de la realidad.

 HOJAS CAÍDAS EN LUGO 
En algunos árboles, las hojas han perdido la clorofila, difícil de sintetizar, que se ha retirado a los troncos. En las hojas quedan las xantofilas, de colores amarillos. Estos colores son los que ahora aparecen, luego de haber desaparecido el verde de la clorofila, que los enmascaraba por tener mayor longitud de onda. Pero a las hojas caídas, esas que según el poeta, “juguetes del viento son”, aún les queda una larga historia activa. Activa y fecunda. Los hongos las colonizarán extrayendo de ellas toda cuanta energía encierran en sus moléculas, generando el humus, tan necesario en todos los suelos. Los hongos protagonizan importantes procesos biológicos de transporte de energía.

GAMA DE COLORES EN EL MONTE
Los árboles caducifolios comienzan a tener el aspecto de ser su propio esqueleto y así pasarán el invierno hasta que, avanzado el mes de enero, algunos comiencen a abrir sus yemas. Eso ocurrirá sin tener en cuenta la temperatura ambiente de entonces, pues no se rigen por ésta, sino por los ritmos diarios de luz y obscuridad. Desconozco cómo son capaces de transformar en información metabólica tales estímulos externos, pero es así.

LAS BAYAS ESTÁN COMO OFRECIDAS
Muchos arbustos mantienen en sus ramas sus frutos como ofrecidos a los pequeños mamíferos. Son arbustos pequeños, achaparrados y ramificados, capaces de generar microclimas bajo ellos. No pocos animales de montaña son capaces de vivir en esos microclimas alimentándose de los frutos de los mismos arbustos que les cobijan. Luego, limpios como son los animales, depositarán lejos sus excrementos, contribuyendo de este modo a la dispersión de las semillas. 

ALFOMBRA SINGULAR
O VERAL (LUGO)
Como estos micromamíferos, diversas aves andarán por nuestros montes buscando su sustento. No son las migratorias, que se han ido al sur, a otras tierras buscando otros ambientes. Pueden ser migratorias que pasan su verano más al norte y los inviernos entre nosotros, que son calidos para ellas.

También en otoño hay otro aspecto de la vida animal. Por una parte, llegada cierta temperatura crítica, algunos mamíferos se sumen en un largo letargo invernal. El oso es uno de ellos y sólo volverán a desarrollar sus actividades cuando las condiciones ambientales vuelvan a ser favorables. Otros animales, pasarán el invierno en formas resistentes al frío, o bien aletargados o en la fase de huevo y sólo saldrán de ellos como larva, cuando las condiciones ambientales lo propicien. 

SERENIDAD EN LA RÍA DE AROUSA

Entre nosotros, las costumbres se acomodan a nuevos ritmos, pero no decaen nuestras actividades. Yo veo, es una opinión, cómo en otoño algunas costumbres y modos rurales llegan hasta las ciudades haciéndose notar. No voy a hablar de los carritos en forma de locomotora que venden castañas asadas, ya lo he hecho en otras ocasiones. En Galicia aún nos quedan tres grandes fiestas, las tres muy sonadas, la de San Froilán, en Lugo, nunca falto a esta cita con mi gente y con el pulpo. Luego vendrán las San Lucas, feria caballar en Mondoñedo, a la que nunca he ido y, la de Santos, la de Monterroso, donde hay quien ha visto “vintecatro xastres xuntos dacabalo dun raposo”. A nivel más íntimo, los magostos con castañas asadas y vino joven volverán a ser motivo para encontrarnos los que nos estamos viendo siempre, pero en marcos diferentes. Por no hablar de las recogidas de setas y las meriendas posteriores. Más tarde, con el invierno en puertas, vendrá la feria de Capóns en Vilalba, pero eso será en vísperas de navidad. Ya será otra cosa.

Sí, nos metemos en un tiempo al que, quiero creer, todos le tenemos cariño. Por unas cosas o por otras los tiempos otoñales, no digamos los invernales, nos traen evocaciones diversas. Las castañas, las setas, el vino joven todo eso configura un ambiente en el que el frío, en vez de amedrentarnos, nos invita a salir y a convivir con los nuestros, con los de siempre. No sé qué ocurre, que los grandes hitos de nuestro calendario coinciden con épocas de días cortos. Desde el solsticio de invierno al de verano, ambos celebrados “por todo lo alto”, vamos desgranando todo un ritual de fiestas que nos hacen vivir, que nos señalan que siguen contando con nosotros, con cada uno de nosotros, porque estamos vivos. Lo pienso mientras mis pies, cálidamente abrigados, se hunden entre hojas caídas y pequeñas ramas que crujen bajo mi peso. 
PASEO DE OLIVOS
PAZO DE RIVADULLA

Sí, estamos en un tiempo de plenitud, madurez y generosidad de la naturaleza. Promesas hechas realidad y ciclos cumplidos, nunca terminados. Me gusta el otoño, sus colores, la serenidad que aporta al campo. Las luces diversas como un regalo, los claroscuros a contraluz y la neblina que sube como acudiendo a una llamada, todo eso los encontramos a poco que nos echemos al monte. 

Nunca el otoño me ha puesto triste. Aquí mismo he escrito diversas entradas sobre él, siempre viéndolo con cariño, con admiración por lo fructífero que es y por la cantidad de belleza que es capaz de traer consigo y aportarnos. En cuanto a su aspecto fructífero, depende mucho de cómo hayan sido las estaciones precedentes, la primavera y el verano. Aquellas flores que tanto nos alegraron al verlas en primavera, hoy son frutos maduros. 

Así es todo en este tiempo, aquellas promesas hoy son realidades, felices realidades.

viernes, 21 de octubre de 2016

Otoño y quitamerendas

Reflexiono acerca de notas propias del otoño y su incidencia en los seres vivos. Traigo un nuevo nombre de planta que florece en esta época: Quitamerendas.
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Los ritos tienen eso, que casi sabemos cómo va a ser todo y ese conocimiento previo sólo sirve para sorprendernos de modo más intenso, porque después, nada es como esperábamos. El otoño ha venido y todos sabemos cómo ha sido. Terminó el verano un buen día, no lo notamos, pero poco a poco comenzaron a llegar avisos de que las cosas cambiaban. Tampoco fueron avisos desagradables: un poco menos calor, una brisa vespertina, tal vez una chaquetita de punto para la noche y, de pronto, el gran chaparrón que nos dijo de modo contundente que las cosas habían cambiado.

ATARDECER EN LA RÍA DE AROUSA

Los ritmos se repiten de modo inexorable. La Naturaleza también los tiene y nosotros estamos en ella, formamos parte de eso que conocemos con tal nombre. Nos vamos metiendo en el otoño con alegría, con timidez, como en agua caliente en pleno verano en una playa soñada. El otoño nos invita a formar parte de él y a saborear sus frutos. No ser simples espectadores de sus luces y sus ocres. 

JUNTO AL RÍO PALLARES

Tenemos las mandarinas, las granadas, los higos y las castañas, nuestras castañas. Las gallegas castañas, fruto de ese frondoso árbol que nos da sombra, madera casi noble y fruto que nos simboliza un tiempo y unas costumbres, como tiene que ser. Las castañas nos traen los magostos, las fiestas entre amigos, el fuego que acaricia, el vino nuevo, ¡el vino nuevo ya...! El tiempo renovado sabiéndonos juntos, como siempre. Y, claro, las setas, los cogumelos capaces de llamar a grupos y grupos de personas, como ensimismados mirando el suelo y dejándose guiar por quien sabe de estas cosas, que son sabrosas pero su amistad ha de ser prudente. De un tiempo a esta parte, también las setas representan un buen reclamo para grupos de amigos, siempre prudentes.

CASTAÑAS EN ESCAPARATES COMPOSTELANOS
He comentado el vino nuevo. Es curioso en esta Europa que nos gusta y nos hace sufrir porque nos decepciona. En toda Europa se celebra el vivo nuevo, de un modo u otro, y que no venga ningún agorero a recordarnos que “puede ser considerado” una droga dura. Hoy no queremos detenernos en eso. Es nuestra cultura y celebramos que siga llegando, también, puntual a nuestras citas. Como dice el arcano, la risa va por barrios y en esta fiesta del vino joven nadie quiere considerandos.

JUNTO AL RÍO MERA

El campo, el monte, están gloriosos. En los árboles, la clorofila, difícil de sintetizar, se va guardando en las raíces para años venideros y dejando otros pigmentos en las hojas, entre ellos la xantofila, amarilla, que antes, debido al verde de la clorofila, estaba oculto. Ahora luce como debió lucir de no estar enmascarado durante la época en que la clorofila realizaba su importante función. Importante para todos los seres vivos, nosotros incluidos. Aunque a veces nuestros hechos parezcan que menospreciemos esa función.


LOS DESAGÜES VOLVERÁN A SU FUNCIÓN

Otoño, acogedor y silencioso. Los paseos por el monte nos reciben como amigos de siempre que volvemos a donde siempre, a nuestros sitios. Las hojas crujirán bajo nuestros pies, lo sabemos pero nos sorprenden. Vayamos a donde vayamos, nos reencontramos con recuerdos, con sitios que enmarcaron nuestros pasos anteriores. Reencontrarnos en O Incio, en Vilar de Donas, en O Cebreiro o en Triacastela. Nuestros lugares, los jalones de nuestros pasos por esta vida. Recuerdos de amigos de siempre, Darío, Carlos, Óscar, Antonio, Dora, Marisa, Ana. Es lo de siempre, ir a sitios nuevos o volver a los ya conocidos para el reencuentro en general. Estas estaciones me incitan a volver en todos los sentidos, a volver con mi gente, volver a situaciones, a sentirme vivo en todos ellas, sabiendo reconocer que el tiempo no es gratuito en su pasar y que yo también he cambiado, ya no soy quien hacía esto o aquello. Pero de un modo diferente, nuevo, sigo y soy feliz sabiendo que hago de ese modo.

LAS CASAS QUIEREN RETENER LUZ Y CALOR

Pablo Neruda dijo que “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Este verso me ha acompañado en multitud de situaciones y circunstancias. Cierto, vamos cambiando, adecuándonos a las novedades, pero eso sí, intentamos seguir siendo fieles a nosotros mismos, como este otoño que viene llenando de pardos y de ocres todo lo que hasta ahora había sido una sinfonía de verdes. La felicidad de la coherencia, como la del sol que, en las casas, cada vez se adentra más en las solanas como curioseando y dejando el calor de sus visitas.

EL ORBALLO ABRAZA NUESTRA TORRE
En la ciudad volveremos a ver la venta de castañas asadas, el inicio ritual de los jóvenes amigos, los ventanales reflejarán el cielo a quien quiera verlo, y los desagües verterán de nuevo el agua a las calles. Todo igual y todo nuevo. En cualquier momento, el orballo se adueñará de la ciudad haciendo que torres y tejados se nos muestren como lejos, velados aunque conocidos. La magia de la estación también flota en el orballo.

Si una tarde soleada, que las hay y muy hermosas, vamos al campo, es posible que lo encontremos tapizado de pequeñas flores semejantes al azafrán. Es el Colchicum autumnale, azafrán silvestre también llamado quitamerendas en esta tierra. 

QUITAMERENDAS
Las plantas nacen de pequeños bulbos, que pasan el año enterrados bajo el suelo. Únicamente florecen cuando hay humedad y la tierra todavía conserva algo del calor del verano. Salen después de las primeras lluvias, pero ya no nos podremos sentar en el campo a merendar, su humedad no será buena para nuestra salud. 

Hay humedad, flota en el ambiente. Por este año terminó el esplendor en la yerba.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

Lo que espero del otoño

O VERAL. LUGO- 1965
Lo sabemos, hoy comienza una estación que, por lo que veo, suscita muchos comentarios. Es posible que este año yo esté especialmente sensible ante cambios de este tipo, no lo sé, pero creo que nunca he visto tanto saludo a la nueva estación. No ha llegado como la primavera del poeta (La primavera ha venido/y no sé cómo ha sido), no. En esta ocasión el otoño ha entrado avisando, poco a poco, pero dejando ver que ya estaba, digamos, tras la puerta. Las lluvias, las nieblas, los aires y, al final, como coda de preludio, la gran ciclogénesis, que antes se llamaba temporal, y que nos ha dicho sin derecho a réplica que las cosas han cambiado.

Para mí, biólogo, el otoño significa madurez. La naturaleza termina un ciclo y elegantemente baja el telón. Los últimos frutos, los que maduraron al sol de agosto, ya están disponibles, sabrosos y con ese toque familiar que dan sabor a las largas tertulias de fin de semana sin prisas, aprovechando el sol. Porque ahora lo aprovecharemos, no es como en verano, cuando era normal tenerlo, Me gustan los frutos del otoño, las uvas, las granadas, las manzanas, las moras. Todas generosas en sus dádivas. Nos darán vinos, sidras y postres con fiestas cargadas de tradiciones, rituales, canciones y encuentros familiares.
CARRETERA LUGO-FRIOL 1965
Los ciclos anuales comienzan con la vendimia y sus actividades derivadas. Las familias y amigos se reúnen para recolectar la uva y preparar, según las posibilidades de cada cual, sus vinos y derivados. El aguardiente, también saldrá de estos días y las comidas al abrigo de un sol que ya no es lo que fue, serán agradables. O comeremos a la lumbre de la lareira. Nos metemos en actividades de siempre, la historia y la Biblia nos hablan de vendimias y ahora nos toca a nosotros vivirla y protagonizarla.

Las plantas anuales cierran ciclo con semillas dispuestas a ser diseminadas, y de ese modo, contribuir al mantenimiento de la población y de la especie de la que forman parte. Es hermoso pasear por el campo y poder observar todo esto. Y, claro, si además uno es aficionado a las setas, en otoño vivirá de nuevo toda esa aventura humana que se envuelve tras una recolección. Porque ellos saben, los amantes de las setas, que todo el día, el paseo o la excursión, están pautados por múltiples detalles que jalonan el paseo campestre. Hay que determinar la seta, recogerla con cuidado, cocinarla y, al final, vivir la gran merienda en compañía de todos quienes han participado en la aventura.
HOMBREIRO- LUGO- 1965

El otoño, a través de sus ritos, favorece los encuentros de los amigos. Aquellos que en verano se desparramaron por mil sitios diferentes, ahora vuelven a reunirse alrededor del fuego acostumbrado para vivir de nuevo los ritos de siempre, los que mantenemos nosotros mismos.

Notaremos que las tardes se van acortando, y cuando las castañas estén listas, llegarán los magostos, nuestras meriendas con el vino nuevo, castañas asadas y amigos reencontrados. Estos conocidos que están cercanos, aunque lejos, de quienes se tienen noticias a lo largo del año, pero con quienes es difícil encontrarse, ahora estarán en el magosto y aprovecharemos para ponernos más al día. Volvernos a ver cara a cara.

Me gusta mucho comprobar que los jóvenes asisten a todas estas celebraciones como algo suyo. La tradición está viva, tal vez más viva de lo que muchos puedan creen.

En los cielos también se nota el otoño. Dentro de poco, veremos las bandadas de aves migratorias que marchan. El reclamo de un tiempo cálido las lleva a emprender su viaje hacia tierras del sur. Pero hay, por la zona de Sarria, poblaciones de cigüeñas que se han hecho estables allí durante todo el año. Estas zancudas son así. Han llegado hace poco, siendo sin pretenderlo un exponente del cambio climático, y ahora quedan volviendo a señalarnos con su conducta que el clima cambia.

Pero no son las aves migratorias los únicos animales que se ausentan. Los de
POR VILAR DE DONAS - 1965
ciclo anual, ya han puesto sus huevos y desaparecieron. En ese estado de huevo, muchos insectos y otros invertebrados esperarán a que los calores de la primavera próxima los estimule para comenzar a desarrollarse. Otros animales, mamíferos inferiores, o no tan inferiores, se sumirán en ese sueño largo y profundo que conocemos como letargo invernal.

Y los árboles. ¿Qué decir de los árboles? En los de hoja caduca, la clorofila, que es de síntesis costosa, se retira a la raíz, dejando en las hojas otros pigmentos, amarillos, rojizos o pardos, que antes estaban enmascarados por el verdor de la clorofila. Los bosques se ponen espléndidos. Los colores son espectaculares. Los chopos se vuelven amarillos; los castaños, marrón claro; los carballos, adquieren tonos de bronces y los arces son capaces de mil colores diferentes en un solo árbol. Los pinos mantienen su coloración verde, como el resto de coníferas. Las mezclas de árboles se han pasado a mezclas de colores.

El monte se vuelve un regalo para la vista, junto con un olor como de nuevo, el suelo está mullido por las hojas que van cayendo y todo esto se ve realzado por el sol que, no tan fuerte como en verano, ahora cae oblicuo describiendo mil juegos de luces y sombras.


Es tiempo de salir abrigados, de vivir con los amigos los múltiples reclamos que nos irán convocando las fiestas rituales de este fin de ciclo. Ahora, estaremos con los amigos. Cuando cerremos el ciclo, habremos llegado al entrañable tiempo de estar con la familia: será Navidad.

PAZO DE RIVADULLA - 1977

Muchos de los lugares fotografiados han sido destruidos, sacrificados al "progreso".