lunes, 22 de diciembre de 2014

HUMOR DE ANTAÑO (II) LOS HERMANOS TONETTI

ASÍ LUCÍA EL CIRCO ATLAS
Hace pocos días, en un programa de tv en el que se comentaban cosas de un pasado reciente, se habló de aquel poblado madrileño conocido como El Pozo del Tío Raimundo. De él ya no queda nada, sólo el recuerdo y el respeto por unas personas que, luchando por su dignidad, supieron hacer de aquel territorio algo de lo que enorgullecerse.

Se metía la cámara en un tugurio, que hacía las veces de bar, y en una pared vi un póster del Circo Atlas. Aquel anuncio, como se llamaba entonces, hizo volar mi imaginación y mis recuerdos.
El Circo Atlas venía a Lugo con asiduidad y aquí se le quiso mucho, al circo en concreto y a sus gerentes, los Hermanos Tonetti, payasos que supieron llenar de ilusión y sonrisas nuestra cotidianidad de aquellos años. Tal vez… no recuerdo bien cuándo.
PEPE TONETTI. JUNTO A ÉL
SERVIL, LA SARDINERA
Estando en Lugo, si acaso veíamos a alguna chica fumando o en pantalones, los muchachos decíamos con rotundidad que “son del circo”. Es curioso, más tarde comprendería que en nuestras mentes atribuíamos una especie de zona franca al circo. Veíamos a aquellas gentes como poseedoras de un estatus moral que no era el nuestro y en el que les estaba permitido hacer cualquier cosas. Por ejemplo que una mujer fumase o llevase pantalones, ¡incluso por la calle!.
Íbamos al circo por ver a los hermanos Tonetti. Su risa era contagiosa, aunque la nuestra la tenían ganada de antemano. Seguramente unos días antes mandaban a alguien a Lugo para que se enterase de problemas locales, para hacer chanza con ellos en sus actuaciones. Chistes que, luego, eran repetidos por todos.
Más tarde, cuando mi trabajo me permitió recorrer ciudades españolas del norte, con frecuencia pregunté a compañeros, en caso de hablar de la época infantil, si habían conocido a los Hermanos Tonetti. Siempre en sus caras se dibujaba el mismo gesto, una sonrisa entre nostálgica y agradecida. Claro que los habrían conocido y los recordaban...
LA SARDINERA,
FALTONA Y DE BOCA FÁCIL
Fueron muy críticos los Tonetti en lo relativo a administración local. Inteligentes como eran, sabían que la censura les permitiría decir algunas cosas si se ponían en boca de personas de baja condición social, o pocas luces intelectuales. Su sardinera, la vendedora callejera de sardinas, decía verdades como puños que nos gustaban, también, por ver que había gente con la valentía necesaria para proclamarlas. Siempre simulaba que ella, vendedora de sardinas, se encaraba a una mujer “fina” que despreciaba su producto para, de ese modo, regatear y obtener precios más baratos. Lo que tenía que oir la tal compradora… Siempre ha sido un tandem fructífero en nuestra literatura: el rico ignorante y el pobre, sabio y destemido, pero respetuoso.
OTROS TIEMPOS
De los dos, Manolo era el listo, siempre vestido con ropa blanca y brillante y Pepe el ingenuo, el más entrañable. Recuerdo a Manolo, ya casi terminada la función, tocando “Candilejas” con saxo, con todo el circo a obscuras y él iluminado por un potente haz de luz blanca. Para mí el es recuerdo de la magia circense. Aún me emociona el recuerdo ahora, al evocarlo..
Pero por mucha magia que hubiese allí, fue incapaz de sobrevivir al empuje de la tv. La televisión terminó con el circo y con los hermanos Tonetti, aunque siempre hay actos en su recuerdo y homenaje. 
También en 2014, en este año que termina, los ha habido.




martes, 16 de diciembre de 2014

LIBROS, LIBROS, LIBROS

EL GÓNGORA, EN LAS
 TENDILLAS DE CÓRDOBA
En Santiago cierran librerías. Y en Lugo, Córdoba y Sevilla, las ciudades que mejor conozco en plan de comprar libros. Empecé a hacerlo en la Luque, de la cordobesa calle Gondomar. Luego fui asiduo de muchas, cuyos nombres podría dar, pues ya no existen y, por tanto, tal enumeración no podría ser considerada como publicidad encubierta.
Eso de leer me lo inculcó mi profesora de Lengua y Literatura del Instituto Masculino de Córdoba, hoy Luis de Góngora (el Góngora, para los amigos). Doña María Luisa Revuelta se llamaba mi profesora y, cerca de hacer los sesenta años de entonces, la recuerdo con mucho cariño, gratitud y respeto. También fue cordobesa la primera biblioteca pública que utilicé de modo asiduo.

En estos últimos dias de 2014, aunque ha aumentado la población, hay más centros docentes, se dice que más cultura y ansia por saber, resulta que se cierran librerías. No se venden libros porque no hay quienes quieran comprarlos. Tal vez los precios, claro, tengan algo que ver en esto. Pero yo creo que también pueda ser por falta de interés, o falta de conceder el valor real a estos vehículos del saber que son los libros.
No sé si las bibliotecas están tan frecuentadas como sería de esperar si la gente quisiese leer libros, pero no los pudiese tener debido a su precio. No lo sé ni lo quiero saber.
He encontrado entre mis cosas un discurso que, en 1931, pronunció Federico García Lorca con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de su pueblo, Fuente Vaqueros, (Granada), en 1931. Tristemente, el discurso está repleto de actualidad. ¿No creeis así? Lo dejo aquí para disfrute de más de uno.

Sras., Sres:

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro,
que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada. 
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."
Federico Garcia Lorca


sábado, 13 de diciembre de 2014

NAVIDAD, 2014

Cuando ocurrió el accidente del Alvia, en Galicia se colmaron las necesidades de sangre en unas horas. Pocos días más tarde, autocares del Servicio Galego de Saúde anduvieron por toda la Comunidad recogiendo más sangre, para que nadie que quisiese dar, quedase sin hacerlo. De la actuación de los vecinos de Angrois no digo nada, todos vimos su comportamiento gracias a los diversos canales de TV.

Sigo en esta tierra, la mía. Cuando las costas atlánticas se colmaron de chapapote a causa del Prestige, vino una marea blanca, solidaria, que ayudó a limpiar y rehacer lo que parecía imposible de conseguir. Incluso una cadena de TV, lógicamente privada, se instaló en A Costa da Morte, para transmitir desde allí sus telediarios de la noche.
En toda España hay ejemplos similares. Con esto de la crisis que estamos viviendo, maldita crisis, en este país la solidaridad se ha desbordado. Y si no, que nos lo digan los organizadores de la recogida de alimentos de hace unos días, que superaron, con mucho, las expectativas de recogida más ambiciosas.
Estamos en una época muy mala, para unos más que para otros, pero no he visto movimientos de crispación callejeros, ni algaradas violentas. Parece que estemos hechos para aguantar, aunque las provocaciones de algunos parezcan no tener límite.
Somos una gente profundamente solidaria, sin importarnos cómo sea el beneficiado de nuestras actuaciones. Nos duele ver cómo hay quienes lo pasan muy mal. En esos casos, acudimos como por ensalmo a ayudar a quien sea para, al menos, paliar lo que en ese momento colma su capacidad de resistencia.

Solidarios, generosos, respetuosos, así somos y me enorgullece sentirlo en
todos quienes, por ejemplo, responden ante cualquier petición de ayuda solidaria. En esos casos, muchos, dejamos de parecer el país desestructurado que dicen que vamos camino de ser, para semejar más a una gente que sabe perfectamente lo que quiere y cómo conseguirlo.
Todos sabemos que se dijo del Cid aquello de “qué buen vasallo si tuviese gran señor…” Creo que hoy se podría aplicar a la casi totalidad de españoles, a la espera de alguien que, con palabras sanas y sin doblez, lidere esta comunidad buscando un futuro, en el que el bienestar no sea un patrimonio de gente cada vez menos numerosa. Lo deseo de corazón, tal vez
necesito creer que así será.
Leyendo el Evangelio, veo que el capítulo II de S. Lucas nos dice que aquella noche, después de anunciar a los pastores lo que había ocurrido en Belén, los Ángeles cantaron “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Reparo en que los hombres carentes de buena voluntad quedaban fuera de ese deseo.
Entramos en una Navidad más sin brotes verdes, por más que insistan en que sí. Para mí, siempre estarán compartiendo buena voluntad mis referentes familiares y mis amigos. A ellos les deseo lo mejor, e intentaré hacer para que así sea a lo largo del año que está en puertas.
A los demás también deseo cosas buenas, a cada uno según su cuota de bondad, honradez y solidaridad. Y si no hubo nada eso en sus vidas, supongo que, a estas alturas, ya están servidos.
Ojalá el año 2015 nos traiga luces y esperanzas nuevas y concretas.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

PREGÓN DE NAVIDAD - BEGONTE (LUGO) 2002

El presente Pregón de Navidad lo pronuncié en Begonte (Lugo), el día 14 de diciembre de 2002, con motivo de la inauguración de su Belén Electrónico.

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Un pregón es un discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se invita a participar en ella.

Me corresponde pronunciar el de Navidad con motivo de la inauguración del Belén de Begonte. Para mí constituye una gran responsabilidad, pues sé bien que hay muchas personas que lo harían mucho mejor que yo. También, porqué no decirlo, es una gran ilusión y un honor que no creo merecer.

Pronunciaré el pregón de una Navidad que para muchos paisanos nuestros, en especial los de la Galicia costera, viene sembrada de profunda tristeza y preocupación debido a desastres que todos tenemos presentes. Me dispongo a pronunciarlo comentando qué es para mí la Navidad, lejos del loco consumismo al que nos quieren llevar y de esos aspectos sensibleros a los que quieren reducirla. Para mí, la Navidad es otra cosa y es lo que deseo presentar ahora ante todos ustedes.

Pero, como siempre me gusta hacer, comentando la celebración desde su inicio, aunque éste se pierda en la noche de los tiempos…


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Durante el año se suceden diversas festividades que nos marcan el paso del tiempo. Los historiadores de las religiones nos dicen que tales celebraciones vienen de lejos, de muy lejos, de cuando fundamentalmente el hombre era agricultor y que le relacionaban con la divinidad. Más tarde, el cristianismo asumió dichos hitos y les dio nueva dimensión, pero en el subconsciente colectivo esas fiestas siguieron teniendo unos significados que iban más allá de los propios de la religión cristiana. 

Hablo de fiestas que bien podemos relacionar con el ciclo del sol y su influencia en la agricultura. Así, en el comienzo de cada primavera, cuando los días ya son más largos que las noches, celebramos la Pascua, la plenitud de la promesa divina y la Resurrección de Aquel que se definió como la Luz.

Más tarde, y cuando las cosechas ya son algo más que promesa, celebramos el Corpus Christi, la fiesta del pan y del vino convertidos en Cuerpo y Sangre de Cristo, del alimento corporal transformado en espiritual. Luego, cuando llegamos a la plenitud de los días y entramos en el verano, celebramos el triunfo de la luz, del sol que está en su esplendor y de la vida que revienta por todas partes. En esos días el triunfo del sol se recuerda mediante las hogueras de San Juan. Las cosechas están granadas, la comida del invierno asegurada y la alegría de vivir desborda en todos.

Conforme avance el verano, los días comenzarán a acortarse a la vez que las noches se irán alargando. Parece como si las tinieblas venciesen a la luz. En noviembre llegarán los días de recordar la santa compaña, fantasmas, aparecidos, brujas, difuntos y demás hasta que, al comenzar el invierno, el sol, la luz, que hasta entonces pareció ir a menos, volverá a renacer haciendo que los días comiencen de nuevo a alargarse. 

Antes de nuestra era, en este tiempo del renacer de la vida se celebraba el nacimiento de Mitra, el dios de la luz. Fue una celebración muy arraigada en el imperio romano. Cuando, en el siglo IV, la Iglesia Cristiana quiso celebrar el nacimiento de Jesús lo hizo coincidir en la misma época, tiendo en cuenta, además, que en el evangelio de San Juan muchas veces se le equipara con la Luz y Él mismo, en más de una ocasión, también lo hace. Celebramos, en el sentido más amplio, el nacimiento de la luz. Pero también el anuncio del triunfo de la luz sobre las tinieblas que, hasta entonces, estuvieron presentes de modo amenazante en el horizonte espiritual humano.

Es la vida que hierve lo que celebramos. Es la seguridad del bien y su promesa. La luz de nuevo venciendo a las tinieblas, al mal como símbolo de Dios venciendo al demonio. Ésta es la razón de que sea entonces cuando conmemoramos el nacimiento de Jesús como principio de la redención y del cumplimiento de la promesa divina. 

Fiesta de la vida. Es eso lo que nos reúne aprovechando el nacimiento del Señor. Fiesta de la vida, de la luz, de la promesa, del futuro. La promesa se hizo realidad, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Las promesas no eran vanas, la esperanza va a ser premiada. La luz iba a menos pero a partir de ahora renace. A Jesús se le pondrá de nombre Enmanuel, Dios con nosotros.

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Indudablemente, es ésta la alegría que impregna de modo subconsciente las celebraciones que tenemos en puertas. Cristo nace y comienza el final de un largo período durante el cual el hombre ha ido como peregrinando por un mundo obscuro (Jesús es la Luz que ha llegado), guiado por símbolos y mensajes traídos de modo más o menos encubierto por los profetas. Isaac representó a Jesús, a Abrahán se le dijo que su descendencia sería más numerosa que las estrellas, Daniel predijo el momento en que llegaría el Mesías, el maná cayó del cielo como alimento corporal representando el futuro alimento espiritual de peregrinos atravesando el desierto. Pero todo eso termina con este nacimiento y con él comienza la plenitud de los tiempos. Eso es motivo suficiente para llenar de alegría los ánimos de los hombres de buena voluntad, esos hombres a quienes, en esa noche, los ángeles felicitarán la primera Navidad de la historia. Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Pero junto a la celebración puramente religiosa, mezclándose con su misma naturaleza, siempre ha permanecido latente la otra, la que basada en una religiosidad inherente al ser humano, viene hasta nosotros desde los tiempos oscuros en que nuestra civilización balbuceaba sus primeras expresiones. Las celebraciones propias del nacimiento de la Luz se han mezclado de tal modo con las cristianas, que hoy sería difícil discernir cuáles son de un tipo y cuáles de otro. Sabemos que en civilizaciones remotas estas celebraciones consistieron fundamentalmente en reuniones familiares, en concreto alrededor de la mesa, donde comidas ricas en energía ayudaban a luchar contra los fíos imperantes. La gente se intercambiaba regalos y la vida misma era celebraba. En este sentido, niños y ancianos eran los seres mimados de los festejos familiares: unos por tener la vida por delante y otros por casi haber completado ese mismo ciclo. En algunos lugares del norte de Europa se veneraba a los abetos y se les adornaba, como los seres vivos más longevos conocidos. Más tarde, en algún momento de la historia, se hizo coincidir con este tiempo el inicio del año.

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Ya tenemos definidas las pautas de nuestra fiesta y de sus momentos claves. Nace el Hijo de María, y en él celebramos a todos los niños. Comienza la época en que las promesas se harán realidad, y con motivo de esa visión de futuro, celebramos la continuidad de la vida. Navidad, fiesta del nacimiento de Cristo y fiesta de la vida celebrada en el entorno más íntimo, en el familiar. Fiesta de la familia. Por eso, a lo largo de la Navidad, también se celebrará a la Sagrada Familia como símbolo de las demás. Asistimos a la celebración de un conjunto de sucesos que, refiriéndose a la infancia de Jesús, nos sirven de pauta para nuestra misma vida. Pero cada uno lo hará a su manera.

Nos vamos acercando de modo inexorable a la Navidad, pues aunque no queramos, o queriéndolo, las Navidades vienen y se van. Recordemos aquel villancico "La Nochebuena se viene, la nochebuena se va. Y nosotros nos iremos y no volveremos más". Este es uno de los sentidos de la Navidad. Su perennidad cíclica frente a nuestra transitoriedad. Hay cosas de siempre, la Navidad es una de ellas, mantenidas por seres perecederos: nosotros. Y somos quienes ahora estamos aquí los que celebraremos la Navidad un año y otro y otro, hasta que venga una Navidad en la que ya, definitivamente, no estaremos. Pero la Navidad seguirá viniendo y comenzaremos a estar en los recuerdos, ojalá que de muchos y durante mucho tiempo. No obstante aquí estamos, dispuestos a celebrarla de nuevo, como una vez más de las muchas que se celebrarán hasta el final de los tiempos. En esta ocasión nos corresponde ser los depositarios de una tradición que viene desde quién sabe cuándo y que se proyecta hacia un futuro también muy remoto. 


La vida sigue, sigue y sigue y celebramos que siga contando con nosotros. Porque la vida es un regalo que se nos ha dado sin mérito alguno por nuestra parte. Porque todos los beneficios verdaderos que disfrutamos nos han venido así, por regalo: la vida es el mayor de ellos. Y eso celebramos, junto a los que vienen, los niños y junto a quienes nos la transmitieron, los mayores. Entre esos extremos estamos nosotros, que hemos recibido unos modos, que los ejercemos y que los transmitimos. Tradición pura, así funciona y así es como conviene entender muchas de las cosas que vamos a vivir dentro de unos días, o que comenzamos a vivir hoy, aquí, en Begonte, cuando estamos inaugurando el Belén correspondiente a este año.

Porque la Navidad, como celebración antigua que es, está cargada de tradiciones, muchas de las cuales vienen ni se sabe desde cuándo. Tradicional el turrón, las doce uvas, el árbol, el belén. Hoy es un conjunto de costumbres adoptadas a nivel mundial que configuran un modo universal de celebrar la Navidad. Pero cada una de estas cosas tuvo su origen y fuimos nosotros quienes las aceptamos y elevamos al rango de símbolos por tener un significado especial, como Noche de Paz, o como el Belén de Begonte que se inició tímidamente hace treinta y un años y hoy forma parte substancial de la Navidad de todos nosotros.

Cada cosa que hagamos en Navidad vendrá cargado de una doble vertiente: lo hacemos para nosotros mismos y, también, para que a nuestro lado vayan aprendiendo los niños, sin que nadie les tenga que decir nada. A veces pensaremos en las muchas Navidades que hemos vivido y posiblemente las recordaremos habiendo sido nosotros protagonistas diferentes de ellas, según nuestras edades. Las más remotas en nuestros recuerdos las vemos a través de los ojos del niño que fuimos, con unos hermanos también niños, temerosos ante la visita de los reyes o ilusionados ante el nacimiento que para nosotros habían hecho nuestros padres o nuestros hermanos mayores. Luego, con el tiempo, fuimos nosotros los que hicimos los belenes y quienes adornamos las casas. Más tarde hubo niños a nuestro lado que aprendieron de nosotros y, ahora, ya casi son ellos los que hacen las cosas y a nosotros nos corresponde ayudar, opinar y orientar. ¿Es la vida la que está pasando? ¿Acaso somos nosotros los que pasamos a lo largo de estas celebraciones anuales? "La nochebuena se viene… y nosotros nos iremos…" Es la vida que fluye y, mientras, nosotros que la disfrutamos casi sin darnos cuenta del enorme beneficio que representa. 

Tradiciones y tradiciones navideñas: villancicos cantados con ritmos populares pero rebosando dogmas como aquel que dice que "San Gabriel bajó del cielo para anunciar a María el misterio y la grandeza de ser madre del Mesías", o con alusiones a la Eucaristía "y si quieres tomar pan más blanco que la azucena, en el portal de Belén la Virgen es panadera". Ángeles que tocan campanas "Belén, campanas de Belén que los ángeles tocan…" Villancicos que nos definen muy bien, como aquel que habla de la muertre a un Niño recién nacido "pastor, ¿dónde quieres ir? Voy a Belén por si el Niño con Él me deja morir…" Villancicos que non llevan a ambientes de las mil y una noches: "La Virgen se está peinando entre cortina y cortina, los cabellos son de oro, los peines de plata de plata fina". Villancicos que derrochan ternura con el Niño: "El Niño se duerme con dulce acunar. Cantar pastores que se duerma el Angelito, cantar pastores a este Niño tan bonito. Cantar pastores, pero fuera del portal, que está dormido y se puede despertar…"

Ternura, también es cierto, con un Niño que, por muy Dios que sea, ahora está encarnado en el ser más indefenso que pueda haber. Ese Niño ha nacido indefenso y morirá quejándose a Dios del abandono en que se encuentra. Entre uno y otro hito, pasará haciendo el bien, como dirá San Pedro en su alocución a los gentiles el día de Pentecostés, y hablará de soledad y solidaridad: "bienaventurados los pobres, los tristes, los que lloran" "venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre, porque tuve sed, porque estuve triste…" "cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, conmigo lo hicisteis". 

Solidaridad o caridad, es bueno actualizarla en estos días, cuando encontramos tantos necesitados a nuestro lado. Necesitados de nuestro cariño, de nuestra ayuda, de nuestro dinero. Cuántos y cuántos que están llamando a las puertas de esta prosperidad nuestra y muchos olvidando que no hace mucho tiempo éramos nosotros quienes íbamos a los cuatro puntos del mundo para conseguir lo que ahora ellos buscan en nuestro entorno. 


Solidaridad con los nuestros, con los marineros gallegos que han visto cómo en un instante se les vino abajo toda una historia hecha con trabajo, ilusión y empeño. Una negra sombra, siempre cruel, les ha dejado sumidos en la desesperanza y con una tremenda sensación de orfandad. También ellos vivirán una Navidad diferente, ojalá que pronto dispongan de los medios necesarios para que desastres como el que se ha vivido no pasen de ser meros contratiempos.
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Y después, cuando estemos tranquilos con nosotros mismos, con quienes nos quieren y con aquellos a quienes queremos, vivamos con avidez estos días que son un regalo más que nos hace la vida sin nosotros merecerlo. Vivamos la alegría de volver a ver ese Niño indefenso colocado sobre pajas "le llevaré el corazón que le sirva de pañales" hemos cantado más de una vez en un villancico. Estemos más atentos que nunca con los nuestros y dejemos que la alegría llene nuestros corazones mientras contemplamos a los que hoy estamos y recordamos de modo entrañable a quienes estuvieron en otro tiempo y que no volverán a estar. 

Pues éstas son unas fiestas que, aunque siempre fueron las mismas, constantemente nos obligan a replantear el modo de vivirlas. Porque hubo años en que se iniciaron ausencias, y qué ausencias, y hubo también años en que se estrenaron presencias. Faltó alguien, apareció alguien. Y siempre se trató de personas importantes en la historia familiar, la nuestra. Con todos ellos acerquémonos a lo más nuestro, lo más íntimo. Dejemos que aflore ese montón de agradecimiento que debemos de sentir hacia quienes nos pusieron en esta vida y con quienes hacen que nuestro transcurrir por este mundo sea más sencillo. Con ellos celebramos estas fiestas del modo más íntimo posible, de manera sencilla pero colmada de momentos que llenarán nuestros días de un significado diferente. Charlaremos con los parientes que están lejos, visitaremos a los amigos de siempre para pasar un rato sosegado con ellos y compartir las alegrías y las penas, que de todo hay y, en algún momento, desearemos estar solos para encontrarnos con nosotros mismos. Porque la Navidad también es un buen momento para hacer balance personal. Termina el año y no viene mal mirar cómo van nuestras cosas, las personales. Qué conviene mejorar, que hay que modificar, qué cuestión es mejor dejarla zanjada.

Durante esos días, dejemos que vuelva a salir a la luz el niño aquel que fuimos y que llevamos dentro como adormecido. Dejemos que se asombre ante el belén, que se maraville ante el árbol o que se ilusione ante el paquete que encierra un regalo. Vengamos a Begonte para encandilarnos con el Belén más bonito que hayamos podido ver, ese Belén que ya forma parte de nuestra Navidad, pues hemos venido tantas veces a verlo que ya no sabríamos qué hacer si no fuese una referencia más en nuestra navidad.

Navidad del año 2002, ésta que está en puertas y a la que nos vamos acercando casi sin notarlo. El espíritu de la Navidad ya casi ha florecido en las calles, en las casas y en los corazones. Cada día encontramos más detalles que nos van metiendo en ella y cuando menos lo pensemos estaremos celebrando la Nochebuena. La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va… Pero es posible que ésta de 2002 siga siendo nuestra. Una Navidad más, ojalá que nos llene de vivencias para recordar más tarde, ojalá que sea la Navidad más importante de nuestra vida. Y ahora, a punto de terminar este pregón, quiero expresar mi profundo agradecimiento a quienes me dieron la oportunidad de ser de los primeros que les felicite la de este año:


Señoras y Señores, Feliz Navidad.
Felices Pascuas, amigos.


























domingo, 7 de diciembre de 2014

HUMOR DE ANTAÑO

Veo unas secuencias de humoristas actuales y lamento el cambio del concepto de humor que se ha producido. Antes, entendíamos por tal algo elegante, cuyo motivo de risa consistía en las ingenuidades de quien hablaba, en los juegos de palabras, los sobreentendidos y similares. Algo que se podía ver en familia.
Hoy todo eso ha pasado. Encuentro el humor actual como algo vulgar, soez y a veces (muchas) grosero. Las situaciones escabrosas están a la orden del día entre los humoristas, así como las palabras malsonantes. Mejor no verlo con niños delante, claro. Ya es algo ·para adultos y qué adultos, pienso yo.


Recuerdo Lra Codorniz, “la revista más audaz para el lector más inteligente” donde escribían los grandes (Gila, Mingote…) y donde los juegos de palabras estaban a la orden del día (bombín es a bombón…) así como las frases de doble sentido (reina en toda España un fresco general procedente del noroeste…) Había secciones inolvidables, como La comisaría de papel o La cárcel de papel, así como los chistes de marquesas o los de Kalikatres. En fin…
Una revista de muy corta vida fue Don José. Era un suplemento de humor de un diario, cuyo nombre no recuerdo. En ella, además de los chistes de turno, nunca malos, había una sección no periódica en la que su autor parodiaba poesías que todos conocíamos. Sin salirse del aire de la obra, la escribía en tono actual, dejando un profundo sabor humorístico en el lector. Recuerdo una parodia de la Coplas por la muerte de su padre, que no aprendí y ahora no encuentro,
También unas serranillas al gusto del Marqués de Santillana. Estas sí me las aprendí de memoria y las traigo ahora aquí, como muestra de aquel humor que añoro, y creo no ser el único en tal añoranza.

SERRANILLAS

En Navacerrada
Serrana yo vide
Gorda e colorada.

Montada en borrico
Vestía un refajo
Que exhalaba un rico
Regustillo de ajo.

Camisa e faldeta
Teñida de azul,
Con su camiseta
Y su canesú.

Y yo colegía
viendo tal  primor
que no la vestía
don Cristian Dior.

Al verla tan linda con su perifollo
Se abolló mi estrella
Cual mustio repollo.

Vila que partía
Y por saber do iría
Igual que un pelele
Fuile y preguntele.

- Do marchas, quizás?
Do vas, girasol?
Do vienes, do vas?
Do… re, mi, fa, sol?

No me contestome
Mas la su mirada,
Desencuadernome.

- Hoy es Nochebuene,
Dixen, Serranilla,
E tengo una cena
Con pavo e morcilla.

Darete el asado
Que te he susodicho
Y un cerdo cebado
Con perdón sea dicho.

De leche unas copas
Que dan calorías
Y al final tres copas
De González Bias.

Lavarás tus dientes
Con mano tranquila,
Con buches calientes
Y con clorofila.

Creo en paridad
Que te ofrezco, moza,
Buena Navidad.

- Otros la disfruten,
Dixo. caballero
La cena es de buten
Mas cenar no puedo.

No por etiqueta
Rechazo el cenar,
Es que estoy a dieta
Para no engordar.

Cien gramos de queso
Y vino del porrón,
Me manda el travieso
Doctor Marañón.

- ¿No vendrás, chiquilla?
- Señor, no iré.
- Adios, Serranilla.
- Adios, Don José.

En Navacerrada,
Serrana yo vide
Que no comía nada.



No sé si esto sigue siendo considerado humor, no lo sé. Pero a mí me lo sigue pareciendo, me gusta y añoro cosas de este tipo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

FOTOS A VOLEO

SAN ESTEBO DE RIBAS DE SIL
Todo empezó con mi reciente entrada sobre Carboeiro publicada en este blog. En ella puse alguna foto irrepetible, como la calzada medieval que daba acceso al Monasterio. Hoy se ha destrozado para aprovechar su trazado haciendo una pista asfaltada para coches. Gracias a esa pista, es cierto, se ha ampliado el abanico de personas que tienen la posibilidad de disfrutar de la belleza del sitio, pero parece que la pista medieval no le importó a muchos.

Pero, a lo que iba. Un buen amigo, Darío de nombre, me hizo ver la posible valía de mis fotos, todas ellas diapositivas, e hice recuento de ellas. Muchas recogen temas que hoy son pura memoria: puentes que han caído, sin haber sido restaurados, monasterios restaurados con diverso criterio y suerte, árboles que se talaron, casas destruidas… En estas diapositivas, y sin haberlo buscado yo, hay representada mucha historia cotidiana.
TECHO DE SALON EN MONFERO
Es lógico, en la colección existen claves que sólo yo soy capaz de interpretar: mi desagrado por determinadas carreteras hace que no fotografiase mucho por aquellas zonas, por ejemplo. Está claro que puestos a escoger entre mar o montaña, mis gustos están muy definidos por la abundancia de unos y otros temas en mi colección.
Mucho monasterio: Sobrado, Oseira, Armenteira, Samos. Mucha ruina monacal: Moraime, Monfero, San Estebo de Ribas de Sil, Carboeiro, Camanzo. Algunos restaurados no sé con qué resultado; de la restauración de otro, Carboeiro, ya he hablado aquí mismo.
¿QUEDARÁ ALGO?
 SOUTOMERILLE, 1975
Veo las fotos. Cuarenta años haciéndolas, casi tres mil archivadas en base de datos, y me voy reconociendo en ellas. Temas que volvería a fotografiar hoy mismo, como las de Leboreiro, pero hechas con otros ojos míos, los de entonces. Soy yo quien hizo esas fotos, pero he cambiado y lo noto en las que he realizado recientemente en los mismos lugares. En el fondo, es el reencuentro conmigo mismo a través de migas de pan que, inconscientemente, he ido dejando tras de mi, como antaño hiciera Pulgarcito en su caminar. Me dice Darío que esas fotos están muy bien en mi casa, para mi disfrute, pues para algo soy su autor, pero que tal vez podrían estar mejor puestas en algún sitio para el uso y conocimiento de más personas (Decir “disfrute” sería muy pretencioso, ¿verdad?). Un comentario amigo que me hace pensar.
SANTIAGO DE SAAMASAS
EL CASTAÑO SE TALÓ
LA CRUZ SE HA PERDIDO

(ZONA RURAL DE LUGO)
Sí, tal vez ha llegado la hora de ponerlas en algún lugar en que la colección esté disponible para más gente que para mí. He disfrutado haciéndolas, viajando a los lugares, escogiendo las perspectivas, mandando los carretes a revelar, viéndolas (entonces no se “visionaban”) y archivándolas. Después salieron a la luz en contadas ocasiones, es la verdad. Las veo hoy y encuentro mucho cariño en ellas, mucha vida mía encerrada en claves concretas, pero que son fáciles de descifrar.
Esa es historia mía y para mí, pero tal vez, desnudas de esos significados personales, las fotos tengan un interés intrínseco para más de uno.
Seguiré pensando en eso, es conveniente…
CONSTRUCCIÓN DEL PUENTE DE LA N-VI
SOBRE EL RIO MIÑO, RABADE



sábado, 22 de noviembre de 2014

MIEDOS Y PUNTUALIZACIONES

A raíz de mi anterior entrada,, no ha faltado quien me haya hecho algunas observaciones que voy a comentar. Una de ellas consiste en criticar que nos hubiesen relatado, cuando éramos niños, cuentos truculentos, con muertos y aparecidos por medio. Me dicen que fue algo horroroso, que nos debió dejar traumados. No sé si he quedado traumado, la verdad, pero sí digo a voz en grito que me encantaron aquellos cuentos, aunque de algunos no llegué a conocer el final, pues pedía que lo detuviesen, por no poder aguantar el miedo que me inspiraba. Sin embargo, hoy no me gustan nada las películas de terror.

Recuerdo los cuentos de voces surgidas del cementerio, siempre de noche, fuegos fatuos e historias espeluznantes o de risa, como la del ladrón que fue a robar en tumbas y a quien, al querer saltar la tapia
YA ME GUSTABAN LAS HISTORIAS
DE APARECIDOS
para salir, la ropa se le enredó con ramas de arbustos. Casi muere del susto pensando que era algún muerto que lo retenía, afrentado por el robo. Esto se contaba entre risas y sin tener en cuenta que hubiese niños por medio. Nos encantaba.

Las historias que mas miedo me inspiraban se referían a caminantes que pedían cobijo y, luego, manifestaban sus malas intenciones. Recuerdo una hipotética monja bajo cuyas sayas aparecían los bajos manchados de unos pantalones. Miedo y más miedo para niños a quienes nos gustaba sentirlo.

También me dicen que ahora no se puede asustar a los menores con seres de ficción tipo el viejo del saco o el sacamantecas. No hay que asustar gratuitamente. Bueno, creo que esas historias estaban justificadas por casos de niños que desaparecían y siguen desapareciendo. ¿Es preciso que traiga nombres aquí? Puedo, y todos podemos, recordar una triste retahíla de nombres de niños y niñas que desparecieron y no se supo más de ellos (Madeleine, Jeremy, etc.) o bien aparecieron brutalmente asesinados (Sonia, Mary Luz..,) Ahora esas cosas se saben y los medios las difunden, pero hace años, sin teles ni radios, esas noticias corrían entre los padres como un rumor sin confirmar, pero que creían. Ante esos temores, fundados, poco valía decirnos a los niños que no hablásemos con desconocidos. Mejor, que temiésemos a cualquiera que podría llevarnos en un saco para sacarnos la manteca. El cuento de Caperucita insiste en lo mismo: que no se debe hablar con desconocidos. Hoy, por desgracia, todos sabemos que existe gente depravada a quienes los niños deben esquivar.
A ESTA EDAD, ME ENCANDILABAN
LOS CUENTOS TRUCULENTOS

En ese plan, a veces aparecen escritos nostálgicos recordándonos que “cuando éramos niños bebíamos leche de vaca recién ordeñada, sin hervir. Bebíamos agua de la manguera de riego. Comíamos la fruta sin lavarla o no nos lavábamos las manos antes de comer…Éramos felices y nos nos pasaba nada” Ya dijo Jorge Manrique que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero yo les digo a quienes esto dicen ahora, que ellos, por decirlo, están vivos y han superado todas las enfermedades infecciosas a las que estábamos expuestos los niños. Era tal la mortalidad infantil, que en los cementerios había parcelas especiales para menores, y los periódicos tenían formato especial para esquelas infantiles.

Hoy, la mortalidad infantil está prácticamente reducida a casos accidentales, pues muchas graves enfermedades de antaño han pasado a ser puro recuerdo. Entonces, cuando los padres decían de un hijo que ya “estaba criado”, querían indicar que ya había
YA ESTABA CRIADO
superado todas las enfermedades posiblemente mortales, que podría haber sufrido, o esquivado, el hijo de quien se hablaba (sarampión, tos ferina, pulmonía, tifus, etc., etc…). Más tarde vendrían las vacunas preventivas.
En casos de sanidad infantil, no tolero nostalgias gratuitas del tipo de beber leche recién ordeñada y sin hervir.



viernes, 14 de noviembre de 2014

VISITANDO EL CEMENTERIO

PADORNELO. PORTO DO POIO.
RURAL. OVALADO. 
Noviembre va pasando inexorable. Pienso que lo de inexorable es un adjetivo que aplico a adversidades, pues nunca, por ejemplo, lo digo acerca del modo de llegar la primavera y sus colores. Pero sí, medio noviembre ya va fuera.

Como todos los años, he ido al cementerio. Creo que a partir de mis escritos, es posible ver mi actitud ante el hecho de que nuestra vida sea efímera, pasajera. No somos eternos y lo sabemos desde siempre. Un maestro mío, después gran amigo, me dijo en una ocasión que “la vida es corta, pero puede ser muy fecunda”. Le asistía toda la razón, pero creo que no muchos disponen de la visión tranquila que él tenía acerca de nuestra cortedad en esta historia que compartimos todos.
A veces, me gusta recordar la cantidad de creación artística, que ha generado la idea de que somos mortales. Desde los relatos de quienes vendían su alma al diablo (¿para qué querría Satanás un alma por la Tierra?), hasta los miedos de quienes se enfrentan a dicho trance. En los años cincuenta un escritor francés, Bernanos
CALDE: ARMONIA RURAL. IGLESIA. HUERTA.
CASA. CEMENTERIO.
TABLÓN DE ANUNCIOS.
, escribió “Diálogos de Carmelitas”, que tuve la suerte de ver en Barcelona, interpretando a la protagonista nuestra gran Berta Riaza. El miedo, el miedo, siempre el miedo a morir. Un miedo que ha sido muy fecundo en el arte.
Cuando yo era niño, me querían asustar con historias de muertos aparecidos y una de ellas, muy truculenta, nos hablaba de una niña, María Dula, a quien el muerto venía de noche, a reclamar los hígados que le había quitado. La verdad es que aquellos cuentos me horrorizaban, pero me gustaban tanto, o más, mientras me revolvía en mi sillita. (Aquella sillita de enea, que un año me habían traído los Reyes).
He ido al cementerio como me gusta ir, solo. Dejando la mente vagar cuando paseo entre mármoles y cipreses. Pompas fúnebres, se llamaban antes estas industrias, y creo que estaban así llamadas con mucho acierto. Hasta hace bien poco, los cementerios eran los últimos reductos en los que los escultores locales podían mostrar sus habilidades, y lo hicieron. Hoy las tumbas son de catálogo y se acabó la belleza funeraria que hubo en estos recintos hasta mediados del siglo pasado.
Hoy no hay más que líneas pretendidamente sobrias, en todo caso reina un neogótico incalificable acompañando a veces a un neoclásico que, también, es mejor no calificar.
BASTAVALES. SANTIAGO
Nuestro cementerios rurales tuvieron, y conservan en muchos casos, el encanto de lo natural, lo asumido y, por tanto, estaban casi en el centro de las aldeas, rodeando a la iglesia junto con el campo de la feria en el que, también, se celebraban las verbenas. Todo en armónica compañía. Hoy los recelos y miedos también se han instalado en las zonas rurales y se prefiere que los cementerios de nueva planta se sitúen alejados de las poblaciones. Los tiempos cambian, claro.
No obstante, algo de aquella costumbre queda en nuestro subconsciente, de modo que cuando se clausuró en Santiago el Cementerio de Bonaval, en vez de desmantelarlo, se transformó en un romántico parque, que resulta muy concurrido y es causa de asombro entre los foráneos que lo visitan. Allí, entre céspedes y paseos, permanecen, vacías, las tumbas adosadas a las paredes, de quienes nos precedieron en esta vida.

 
ATARDECER EN VILLESTRO