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sábado, 7 de mayo de 2016

... Y mes de la primavera.

Hay meses del año (diciembre, noviembre, febrero…), que cuando los evoco vienen a mi recuerdo acompañados de imágenes concretas. Mayo es otro mes que, siempre, lo asocio mentalmente con flores, con muchas flores. Yo diría que no es una cuestión personal mía, pues en muchas partes y de diversos modos, se celebran las flores a lo largo de este mes. Festejos, romances, canciones, refranes, siempre con ecos culturales populares, relacionan mayo, flores y alegría. En una de nuestras fuentes culturales, Roma, este mes estaba dedicado a la diosa Maia, la diosa de la floración, de ahí el nombre que le damos.


MAIOS GALLEGOS
En Galicia se celebran los Maios, con flores y niños que cantan canciones improvisadas, la mayoría de las veces con tintes satírico-locales. A veces me he preguntado por qué se han dejado en reductos infantiles estas manifestaciones culturales, pero ese es otro cantar del que tal vez convenga hablar en otro momento.

CRUZ DE MAYO
En Andalucía, por estas mismas fechas, se celebran las Cruces de Mayo, con rezos, cruces hechas con flores y cantos. Como siempre, fiestas en que se mezclan religiones cristianas y paganas. Creo que estas fiestas de exaltación a las flores vienen de lejos en el tiempo, tal vez desde más lejos de los que se pueda suponer.

Estando en mayo, el invierno casi ha pasado, recordemos el refrán de “Hasta el cuarenta de mayo…”, por eso digo el “casi”. Pero lo duro, y de eso en este año 2016 sabemos mucho, podemos pensar que ha pasado. La primavera está en su esplendor. Ya no son los naranjos en flor, o los manzanos o los almendros que nos la anuncian. Ahora todo está florido y andan por medio los insectos polinizando. No es como en marzo, en que las flores abiertas eran de corola amplia, de modo que el viento pudiese recoger, transportar y depositar el polen donde sería bien recibido. Ahora son los insectos los que lo llevan de una a otra flor, adherido a alguna parte de sus cuerpos. No es necesario que las flores sean abiertas ni tengan sus estambres al aire.  

Desde siempre me ha llamado la atención la veneración que sentimos por las flores. Las encontramos hermosas y, si bien son efímeras, no falta quien diga que ese mismo carácter contribuye a hacerlas más hermosas. En esta época de consumo, recordemos las excursiones para ver determinados bosques en flor, por ejemplo.

FLOR DE PATATA. LUJO ORNAMENTAL

Otra cosa ocurre cuando las flores son utilizadas como adorno, incluso corporal. Tal vez pocas personas sepan que, en la Francia de finales del siglo XVIII la flor de la patata fue muy utilizada en peinados de la aristocracia. Realmente es una flor pequeña, bonita y de colores muy tenues. Por otra parte, en la historia del arte hay muchas pruebas de mujeres con sus cabellos adornados con flores.
DIONISOS
En hombres no conozco casos de flores en sus cabellos. Sí de hojas como coronas, de laurel, por ejemplo. También de uvas en casos de bacanales, cuando se representa a Baco, o a Dionisos, con sus racimos en sus cabellos. Total, entre las flores de las mujeres y los frutos de los hombres, sólo media un proceso de maduración, que se suele producir a lo largo del verano.

Siempre me he preguntado el porqué de esta utilización. Para adorno y quizás también como símbolo de dominio, no lo sé. Pero las mujeres se aderezan el cabello como adorno sin más pretensiones simbólicas, mientras Baco pone uvas en el suyo tal vez como un símbolo de su estado de zafia embriaguez, o puede que por sentirse dueño de las uvas y del vino que saldrá de ellas.

OLMO DALCÓ EN NOVECENTO
Tal vez esto del dominio sea lo que, siglos más tarde, mueve a Olmo Dalcó el niño campesino de Novecento. En la película, Bernardo Bertolucci le hace coronar su cabeza de golfillo con una sarta de ranas vivas, que más tarde serán comidas por los señores de la casa. Esas ranas constituyen el único medio de que dispone, de momento, para contribuir a la pobre economía familiar. Orgulloso de su posesión, Olmo se las pone en la cabeza aún vivas, mientras recibe la bendición del patriarca familiar en una escena en la que la luz también juega un papel importante.

Flores, flores en nuestro sentir cotidiano. A veces, como sarcástica constatación, calambur incluido, de Quevedo "Entre el clavel y la rosa...", en otras ocasiones, como metáfora de lo mejor "la flor y nata...", el Emperador de la barba "florida" Luego, suele ocurrir, a la sociedad puritana le contrarió que las flores fuesen, precisamente, órganos reproductores. Pero por aquel entonces, las flores ya eran sinónimo de "lo mejor", de ahí nuestras "antologías" y florilegios. (En griego, "antos" significa flor). 

FLORES EN OFRENDA
Otro aspecto, que no quiero tratar ahora, es la utilización que hacemos de las flores como ofrenda. No me refiero a los ramos de regalos desvinculados del tiempo, hablo de las flores de difuntos o de las alfombras florales propias de las procesiones de Corpus. Éstas, las alfombras florales, tienen sus orígenes en las fiestas que se hacían en la antigua Grecia en honor del dios Dionisos. 

Curiosa situación ésta en que nos seguimos sintiendo dueños del mundo, creo yo. Un reformador medieval, San Francisco, se consideró hermano suyo, recordemos su Hermano Lobo, y tuvo sus problemas con la Inquisición. Por desgracia para nosotros, nos seguimos sintiendo dueños en el peor sentido y de modo inapelable.

Y mientras pienso estas cosas, mayo irá dando pruebas y más pruebas de que estamos en el mes más florido del año. Las flores de hoy serán frutos en agosto, septiembre, octubre... Pero ahora estamos en mayo y conviene disfrutarlo. 

viernes, 4 de abril de 2014

SOBRE SERES VIVOS. COMIENDO BAJO CEREZOS

EL RECLAMO A LA FIESTA:
CEREZOS EN FLOR
Quiero comentar una situación que me parece de profundo significado cultural, y que ocurre en un país que tenemos por muy avanzado tecnológicamente.
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A nadie se le escapa que Japón en un país moderno. Con una industria puntera, todos somos capaces de recordar múltiples marcas de productos  presentes en nuestros hogares y fabricados allá. Marcas de relojes, aparatos relacionados con la imagen o el sonido, motos, coches y un largo etcétera de productos avanzados, se nos han hecho familiares en nuestra vida cotidiana. País altamente industrializado, su índice bursátil es un referente diario para el resto de bolsas mundiales.
Tal vez muchos crean que este desarrollo ha sido posible, entre otras cosas, por haber sabido romper con unas tradiciones que, pueden pensar esos muchos, no eran más que un lastre en su desarrollo como país.
LOS GRUPOS COMEN EN CUALQUIER CIUDAD
Puede que las cosas sean diferentes. Desde hace siglos, al inicio de la primavera, también los cerezos florecen en Japón y siempre fue tradición comer un día bajo los árboles floridos. Esa tradición se ha mantenido hasta hoy, incluso en las grandes ciudades. Bajo los cerezos en flor, las personas sentadas sobre mantas dispuestas en el suelo, realizan su comida tranquilamente tal vez sin saber que cumplen con una tradición antigua.
Al igual que ocurre en nuestro lucense San Froilán y el pulpo (son varios los días en se va a comerlo: con la familia, con amigos, con compañeros de trabajo, etc.), en Japón también en pocos días sus habitantes van varias veces a realizar su ritual con los diferentes grupos con los que comparten actividades. Tal vez no sea casual que los núcleos de población dispongan de amplios terrenos plantados de cerezos donde se pueden poner en práctica esas costumbres.
No obstante, conviene reservarse sitio en esos parques. Cuando son grupos
OTRA IMAGEN DE LA CELEBRACIÓN
familiares los que van a comer, los encargados de tal tarea son los adolescentes de la familia. Cuando son grupos de trabajo los que comerán, los más recientemente incorporados a la empresa son los encargados de escoger, y reservar, el sitio. Todo está determinado o ritualizado.
Aunque nos cueste creerlo, en esos días de floración de cerezos, incluso las diversas cadenas de televisión van indicando las zonas por las que se irá dando la floración en los días siguientes, con el fin de que los diferentes grupos vayan programando sus salidas a los parques y así poder realizar sus tradicionales comidas campestres.
De nuevo, la Naturaleza marca sus ritmos biológicos y los humanos, obedientes a sus citas ancestrales, responden con sus costumbres aquilatadas por el tiempo. Obedecer a estos reclamos no creo que esté reñido con la cultura de un pueblo. Más bien forma parte de la misma, creo yo.
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EN TV, LOS MAPAS METEOROLÓGICOS INFORMAN
DEL AVANCE DE LA FLORACIÓN
Comento esto porque a veces me llegan mensajes disfrazados de modernidad que me dejan perplejo. Hace un tiempo, me decía un muchacho que, para ser modernos, es preciso desprenderse de tanto atraso disfrazado de “cultura”. Porque, para él, el progreso consiste en eso, en ir dejando atrás toda una historia propia que viene de siglos, sin tener en cuenta hasta qué punto nos define. Por supuesto, el hecho de ser una costumbre antigua, ya es motivo suficiente para ser erradicada.
Opiniones que no comparto.