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viernes, 23 de febrero de 2018

Erosión genética


El cultivo artificial ha permitido a muchas especies vivir fuera del ambiente adverso de la selección natural. Pero, como método artificial, tiene sus inconvenientes. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), define como erosión genética a la pérdida de variabilidad (genética) que por ese motivo se produce en las especies cultivadas. 

Durante centurias, y más en estos últimos decenios, se ha llevado a cabo una globalización de cultivos basados en criterios de productividad, eliminando las variedades que pudiesen ser pobres en ese valor. Esa eliminación ha sido sistemática y continuada, haciendo que muchas especies cultivadas hayan perdido la variabilidad genética que les costó tantas generaciones adquirir, además de haber perdido las singularidades geográficas, consiguiéndose, a veces, que haya una sola variedad en todo el planeta. 

Originariamente muchas razas
Una de las especies que han sufrido, o que más han sufrido este tipo de daño genético, de erosión, es la manzana. De unas treinta variedades que se cultivaban en nuestro país dedicadas en especial al consumo doméstico y a la fabricación de sidra, se ha pasado en poco tiempo a menos de diez. ¿Las causas? Parece que una empresa de alimentación, uno de cuyos postres estrella consiste en la tarta de manzana, ha definido las razas que utilizará para fabricarla en cualquiera de las muchas instalaciones que tienen en nuestro país. De este modo, todas tendrán un sabor similar. Una vez determinado el tipo que se utilizará, los campesinos lo han plantado de modo masivo, sabiendo que tenían asegurada la venta de las manzanas cosechadas. Pero desecharon las que habían cultivado anteriormente, que han ido perdiendo terreno de cultivo, tamaño de población y, por tanto, variabilidad genética, quedando razas residuales. 
Una situación similar se ha producido en viñedos españoles. De lo que ocurre en otros países no sé nada. 

Dos especies con peligro de
erosión genética
Hoy no parece preocupar a muchos esta situación, pues el consumo está asegurado. Pero con esta medida se hace que la manzana, que aún crece silvestre en muchos lugares de España, pase a depender de la tecnología humana para su subsistencia, lo cual desde un punto de vista biológico es un desastre para ella. Todo esto se aceleró a partir de mediados del siglo XX, con la llamada revolución verde, cuando un alto número de variedades locales fueron desplazadas por otras variedades que eran producto de mejoras genéticas de diverso tipo. 

Genéticamente erosionadas
En estos casos, los cultivos resultan ser muy uniformes en cuanto a criterios diversos de productividad, lo cual puede ser una ventaja empresarial a corto plazo, pero un desastre biológico, pues las especies han perdido su capacidad de adaptarse a posibles cambios ambientales que se puedan presentar. Nadie es capaz de garantizar la uniformidad ambiental ni su duración. 

Mientras esas especies están sujetas a criterios actuales de consumo, que los podemos considerar como un valor ambiental, o un componente de la selección natural, y estén favorecidas por el cuidado humano, no tendrán peligro de supervivencia. Pero las circunstancias no son constantes. Los valores ambientales pueden cambiar en muchas de sus variables, así como los gustos de los consumidores. En esos casos, podemos preguntarnos hasta qué punto esas especies, que han sido capaces de mantenerse a lo largo del tiempo, tienen el potencial genético necesario para afrontar esos cambios, manteniéndose como especies autónomas. O si, por el contrario, se extinguirán como consecuencia de la pérdida de variabilidad genética a la que las hemos llevado los humanos en un loco afán de productividad. Al haber perdido esa variabilidad, han perdido la posibilidad de adaptarse a posibles modificaciones ambientales que se pudiesen producir. 

Desde hace un tiempo, en países avanzados esto está en vías de solución. En las empresas correspondientes se han integrado científicos de diversa titulación, pero conocedores de las dinámicas biológicas de las poblaciones naturales. Saben lo que es la diversidad genética, sus causas y sus consecuencias. Mediante proyectos privados, o semiprivados, desarrollan medidas para potenciar y conservar la variabilidad que aún es posible recuperar. Se recogen cepas casi perdidas, se buscan variedades silvestres y se cultivan para mantenerlas. No se pretende hacer un banco de semillas, más bien uno de razas cultivadas. A cuantas más cepas posibles, mejor, pues se supone que en ellas está la variabilidad genética suficiente para afrontar posibles cambios ambientales. 

Son proyectos caros, que requieren de fuerte financiación y de una política agraria continuada y decidida a conservar una riqueza biológica que, de no ser de este modo, desaparecería en pocas generaciones. Pero los gobiernos deben saber lo que quieren.


lunes, 31 de diciembre de 2012

GENES Y DESTINO ¿QUÉ HEREDAMOS? (I) HORÓSCOPOS Y SIMILARES

Después del descifrado de la secuencia de nucleótidos que constituyen nuestro genoma, han salido a la luz diversos comentarios más o menos gratuitos, muchos de los cuales nos quieren hacer creer que en los genes de cada uno está escrita nuestra vida. Se nos viene a decir que, estudiando el ADN de un recién nacido, se podrá saber cómo será, cuándo enfermará e, incluso, cuándo y cómo morirá. Es decir, en el ADN vendría fijada la historia particular de ese bebé del que, en consecuencia, podríamos pensar que ha nacido predeterminado.
 ANTECEDENTES
Tengo entendido que fueron los caldeos los primeros que atribuyeron a los astros poderes especiales sobre nosotros, de modo que determinaban nuestro comportamiento. Otros dicen que esta creencia procede de Babilonia, aunque tampoco falta quien sitúe su origen en Egipto. Para el caso, nos resulta indiferente el lugar de origen, y la cultura, en la que apareció esa manera de pensar que, adornada de atributos, símbolos y métodos de estudio, más tarde daría lugar a la astrología. Los astrólogos daban, y dan, por establecido como principio fundamental de su saber, que las pasiones, virtudes, malas costumbres, capacidades y cualidades morales y físicas que pueda tener una persona, vienen influidas y determinadas por la situación de los astros en el momento de su nacimiento. Ya que conocer y estudiar esa situación permitiría predecir con detalle el futuro de un niño acabado de nacer, los astrólogos hacían sus correspondientes Cartas Astrales, que más tarde sus titulares consultarían con toda fe.
En la época romana esta creencia en el condicionamiento de las conductas a causas externas, siempre misteriosas, adquirió un aspecto que todavía persiste entre nosotros. Se creía que cada persona estaba acompañada por un fado, un fatum. He aquí el origen del fatalismo y sus palabras derivadas, siempre relativas a hechos adversos contra los que resulta imposible prepararse. También para los griegos existía un ser con la misma función, el daimón, nombre que luego fue utilizado por los cristianos para denominar al "demonio". El ángel de la guarda cristiano sería un descendiente conceptual del fatum, sólo que en este caso su labor estaría limitada a aconsejar, teniendo en cuenta la libertad que el cristianismo atribuye a cada uno.
Creer en estas influencias externas, implicaba creer que el futuro de las personas estaba fijado desde siempre, que era un destino inexorable y, por tanto, ni la voluntad ni la inteligencia humanas serían capaces de dirigir los acontecimientos vitales de los individuos. No hace falta decir que, según esta idea, el ser humano no solo sería incapaz de luchar contra su fatum, tampoco podría cuestionarlo: era una fuerza ciega, impuesta, que lo llevaba a su destino implacable. (En la cultura española hay abundantes pruebas de esta idea, dende la pieza teatral "Don Alvaro o la fuerza del sino" del Duque de Rivas a canciones populares: "el día que nací yo/qué planeta reinaría… Estrella de plata/déjame ser buena…"). De acuerdo con estas ideas, la libertad de actuación, y de elección, está negada al ser humano. Por tanto, también lo estará la responsabilidad que se pueda derivar de sus actos pues, al no tener libertad de opción, tampoco será sujeto de un premio o un castigo por la acción realizada.
Tal vez, ideológicamente el fatum se iguala con Dios. En ese caso aparece la predestinación, que viene a decir que Dios tiene, desde siempre, determinado quién se salvará y quién se condenará. Este desvío doctrinal, que negaba el libre albedrío, estuvo muy en boga entre los cristianos del tiempo de la Reforma y no fueron pocos los esfuerzos intelectuales realizados para luchar contra él, como sería el caso de la obra teatral llamada "El condenado por desconfiado", de Tirso de Molina, o de varias obras de Teresa de Jesús. En nuestros días, esta idea aún permanece en el sentimiento de mucha gente, como lo indican frases del estilo de "Estaba de Dios" o "Lo tenía allí escrito", que se acostumbran utilizar como razón última para explicar, y aceptar, algún suceso nefasto.
Encuentro que tanto la astrología como el fatalismo consideran al hombre como un ser inmaduro, incapaz de considerar ni de decidir entre opciones contrapuestas. Más bien aparece como un ser manipulado desde fuera, con una conducta prefijada contra la que, por más que quiera, no puede luchar. Sus actos están previstos desde siempre por determinantes externos a él. Según esta idea, poco, o nada quedaría restringido al campo de la libertad individual, una característica propia de los humanos, como se queja Segismundo en "La vida es sueño": "…y yo con más albedrío/tengo menos libertad…".
A lo largo de la historia del pensamiento, esta dualidad entre determinismo e indeterminación en relación con la conducta humana no dejó de presentarse como un tema recurrente cada vez que aparecían nuevos argumentos a favor de una u otra postura conceptual. En los tiempos actuales, las posturas deterministas vuelven a aparecer con una supuesta base científica y, por tanto, pretendidamente indiscutible. Según estas opiniones actualizadas, la conducta humana estaría diseñada por los genes de cada individuo. De nuevo se recurre a causas contra las que la persona no puede luchar y que le eximen de ser responsable de sus actos. Si bien los genes son algo "interno" de cada individuo, vuelven a aparecer los agentes exteriores como responsables de su conducta, pues estos genes fueron heredados, es decir, le han venido de "fuera". Cada vez con más frecuencia vemos que personas procedentes de los más diversos campos del saber, esgrimen los conceptos de gen o de genotipo, como eximente de cualquier tipo de actuación de los individuos.
Ante estas situaciones de confusión, es necesario ver de modo pormenorizado qué entendemos por genotipo y qué función le atribuimos en la dinámica biológica de cada individuo.
Desde hace poco un nuevo concepto ha aparecido en la genética, el de genoma. Entendemos como tal al conjunto de genes de una especie, que está contenido en cada uno de los gametos que un individuo hereda de sus progenitores, cuando se trata de seres con reproducción sexual. En el genoma están representados todos y cada uno de los genes que configuran las funciones biológicas de una especie. Por eso todos los humanos compartimos el mismo genoma. Hablo de genes, por ejemplo, el correspondiente a los grupos sanguíneos. Hay tres formas hereditarias de determinar diferentes tipos de grupos sanguíneos. Estas formas reciben el nombre de alelos. Aunque todos los humanos tenemos el mismo genoma, diferimos en la constitución alélica que poseemos, como podemos constatar al comprobar el grupo sanguíneo de nuestros amigos u otras características hereditarias, como el color y la textura del pelo, por ejemplo. A esa constitución alélica es a lo que llamamos genotipo y es propia de cada individuo. Teniendo en cuenta que tenemos unos 25.000 genes, la mayor parte de ellos con varios alelos, podemos pensar que salvo casos de gemelos univitelinos, no hay dos individuos iguales, como dijo Aristóteles basándose en criterios filosóficos.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, ¿es riguroso el genotipo en su modo de determinar la historia biológica del individuo cuya existencia origina? ¿Cómo, de qué modo, es la relación con su individuo portador al que ha dado forma?
Lo veremos con mas detalle en los dos próximos artículos  que escribiré sobre este mismo tema.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Especies invasoras


En un ecosistema concreto, considero como invasora a cualquier especie de fuera de él que ha entrado de modo anormal, causando perjuicios a los seres autóctonos que lo habitan. Estos perjuicios pueden ser de salud, económicos o ecológicos de todo tipo. Más bien valdría decir que todos son ecológicos con diferentes repercusiones en la economía y, a veces, en nuestra salud.

viernes, 14 de agosto de 2020

Paseo por el bosque (2)



Siempre he considerado que el olvido es una de las mayores formas de marginación, si no la mayor. Mientras se hable de algo, aunque sea mal, ese algo está presente en el pensamiento de la gente. Lo malo es cuando ni se habla de eso, pues pronto cae en el olvido. Y de ahí al menosprecio hay un camino fácil, pero de difícil retorno. ¿Porqué digo esto? Porque dentro del mundo de muchos poderosos, ocurre que nunca se olvidan de lo que consideran importante. Si han olvidado algo, es por no concederle importancia. Olvido justificado. 

viernes, 14 de septiembre de 2018

Sobre extinciones


Hablo con amigos acerca de extinciones. Las considero como fracasos evolutivos. ¿Realmente son fracasos? Yo creo que sí y, como es una opinión, voy a explicarla aquí mismo.

viernes, 24 de mayo de 2019

Tiempo de extinciones

En estos días saltan las alarmas con la noticia de que vamos encaminados a una extinción masiva, la sexta en términos geológicos. Para mentes avisadas, esto no es noticia. Digamos que se veía venir. La noticia causa preocupación entre aquellos que sólo piensan a muy corto plazo y, como dijo el Rey Sol,“detrás de mí, el diluvio”. 

sábado, 30 de junio de 2018

Paseando por el bosque 2


Siempre he considerado que el olvido es una de las mayores formas de marginación, si no la mayor. Mientras se hable de algo, aunque sea mal, ese algo está presente en el pensamiento de la gente. Lo malo es cuando ni se habla de eso, pues pronto cae en el olvido. Y de ahí al menosprecio hay un camino fácil, pero de difícil retorno. ¿Porqué digo esto? Porque dentro del mundo de muchos poderosos, ocurre que nunca se olvidan de lo que consideran importante. Si han olvidado algo, es por no concederle importancia. 

viernes, 2 de noviembre de 2018

Las sendas de los seres naturales

Una película de 1954 nos hablaba de una bella pareja de jóvenes civilizados que tienen una finca en Ceylán dedicada al cultivo del té. La finca es envidiable, pero está en una senda de  elefantes. Cuando llega el momento, los elefantes, ancestrales usuarios del territorio, irrumpen por su senda  de siempre sin importarles las trabas arquitectónicas que puedan encontrar. La película fue calificada como "de terror".

sábado, 4 de enero de 2014

CARACTERÍSTICAS DE LOS SERES VIVOS: GENERALIDADES

Con frecuencia, los medios nos hablan acerca de la posibilidad de vida en otros planetas. Las noticias aparecen como dosificadas, pero vienen a ser como un ruido de fondo entre todas las noticias que se nos transmiten. ¿hay algo en contra de tal posibilidad? Podríamos decir que, conceptualmente, no existe ningún argumento contrario a tal existencia, si bien hoy por hoy tal idea no puede ser presentada como hipótesis científica, pues no disponemos de posibilidad de comprobarla.


Sería muy arrogante por nuestra parte suponer que, dentro de la inmensidad universal, considerada infinita, somos los únicos habitantes vivos presentes en él. Ciertamente, es muy posible que existan múltiples planetas (o cuerpos celestes similares) en los que haya condiciones ambientales compatibles con actividad biológica. 
La literatura de ficción, y más los géneros de ficción que se expresan en pantallas, nos han acostumbrado a ver supuestos seres procedentes de otros planetas que son muy semejantes a nosotros, tanto en morfología como en comportamiento, con inteligencia similar, tecnología más avanzada a la nuestra y no digamos en cuanto el modo de expresarla y utilizarla.
ENTRAÑABLE  E.T.
Las historias en las que intervienen extraterrestres, nos los presentan como invasores de nuestro planeta y, salvo el entrañable E.T. de Steven Spielberg, todos ellos son malos y persiguen nuestra destrucción si bien, fieles al mito del triunfo del bien sobre el mal, siempre ganamos y vencemos a los extraterrestres invasores.
Esto es ficción, pero ¿Hay vida en otros lugares del Universo? Es ésta una pregunta que todos los humanos nos hemos formulado en más de una ocasión ante la inmensidad de un cielo estrellado. En el silencio de una noche estrellada, ese silencio relativo, nos parece imposible estar solos en esa infinidad de astros. No obstante todo queda en una pregunta sin respuesta, pero eso no impide que hablemos de ese tema, siempre interesante para todos.
¿DE VERDAD ESTAMOS SOLOS?
Con frecuencia, los poderosos telescopios actuales nos ofrecen datos que permiten suponer (digo suponer con intención) la existencia de agua en otros mundos. De comprobarse esa existencia, sería un dato muy importante en nuestra búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. El agua, como medio físico-químico, es sustancial para el desarrollo de la vida. Por eso, dicha existencia no indica necesariamente la presencia de vida, pero sí que existen las condiciones necesarias para que se desarrolle.
Siempre es necesaria una definición de vida. Tal vez, un explicable antropocentrismo cultural haría que muchos definiesen la vida en términos adecuados a nuestra especie humana. Pero es preciso pensar que la humana es una más entre los cientos de miles de especies para las que debe ser de aplicación esa definición de vida de la que hablo. No obstante, para expresarnos con rigor y antes de seguir, deberíamos saber qué queremos significar cando utilizamos la palabra “vida”, pues tras esta palabra hay varias y muy diversas acepciones.
También será preciso comentar qué entendemos por “seres vivos” antes de hablar de las características que comparten, pues a lo largo de unos cuantos artículos volveré a mi aspecto de biólogo, lo que soy, para hablar de "mis cosas", la biología y los seres vivos. Espero decir algo que resulte de interés para alguno. 
¿UNA INMENSA SOLEDAD?



viernes, 10 de julio de 2020

Conservación de variedades


La agricultura ha permitido a muchas especies vivir fuera del ambiente adverso de la selección natural. Para hacerlo, utiliza medios artificiales, pero a nivel biológico esas técnicas tienen sus inconvenientes. La FAO, (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), define como erosión genética a la pérdida de variabilidad (genética) en esas especies cultivadas. 

viernes, 27 de marzo de 2020

La senda de los seres naturales

Una película, ya antigua, nos hablaba de una bella pareja de jóvenes “civilizados” que hacen una finca en una zona del África salvaje. La finca es envidiable, pero está en plena senda de los elefantes. Cuando llega el momento, los elefantes, usuarios del territorio antes de que la pareja ocupase la parcela, irrumpen por su senda ancestral sin importarles las trabas arquitectónicas que puedan encontrar. 


viernes, 27 de noviembre de 2015

Conservación de variedades

La agricultura ha permitido a muchas especies vivir fuera del ambiente adverso de la selección natural, pero tiene sus inconvenientes. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), define como erosión genética a la pérdida de variabilidad (genética) en esas especies cultivadas.

Durante centurias, y más en estos últimos decenios, se ha llevado a cabo una globalización de cultivos basados en criterios de productividad, eliminando las variedades que pudiesen ser pobres en ese valor. Esa eliminación ha sido sistemática y continuada, haciendo que muchas especies cultivadas hayan perdido la variabilidad genética que les costó tantas generaciones adquirir, además de haber perdido las singularidades geográficas, consiguiéndose, a veces, que haya una sola variedad en todo el planeta.
Una de las especies que han sufrido, o que más están sufriendo, este tipo de
erosión es la manzana. De unas treinta variedades que se cultivaban en nuestro país, dedicadas en especial al consumo doméstico y a la fabricación de sidra, se ha pasado en poco tiempo a menos de diez. ¿Las causas? Parece que una empresa de alimentación, uno de cuyos postres estrellas consiste en la tarta de manzana, ha definido las razas que utilizará para fabricarla. Una vez determinado el tipo que se utilizará, los campesinos lo han plantado de modo masivo, sabiendo que tenían asegurada la venta de las manzanas cosechadas. Pero desecharon las que habían cultivado anteriormente, que han ido perdiendo terreno de cultivo, tamaño de población y, por tanto, variabilidad, quedando en razas residuales.
Una situación similar se ha producido en viñedos españoles. De lo que ocurre en otros países no sé nada.
Hoy no parece preocupar a muchos esta situación, pues el consumo está asegurado. Pero con esta medida se hace que la manzana, que aún crece silvestre en muchos lugares de España, pase a depender de la tecnología humana para su subsistencia, lo cual desde un punto de vista biológico es un desastre para ella. Todo esto se aceleró a partir de mediados del siglo XX, con la llamada revolución verde, cuando un alto número de variedades locales fueron desplazadas por otras variedades que eran producto de mejoras genéticas de diverso tipo.
En estos casos, los cultivos resultan ser muy uniformes en cuanto a criterios diversos de productividad, lo cual puede ser una ventaja empresarial a corto plazo, pero un desastre biológico, pues las especies han perdido su capacidad de adaptarse a posibles cambios ambientales que se puedan presentar. Nadie es capaz de garantizar la uniformidad ambiental ni su duración.
Mientras esas especies están sujetas a criterios actuales de consumo, que los podemos considerar como un valor ambiental, o un componente de la selección natural, y estén favorecidas por el cuidado humano, no tendrán peligro de supervivencia. Pero las circunstancias no son constantes. Los valores ambientales pueden cambiar en muchas de sus variables, así como los gustos de los consumidores. En esos casos, podemos preguntarnos hasta qué punto esas especies, que han sido capaces de mantenerse a lo largo del tiempo, tienen el potencial genético necesario para afrontar esos cambios, manteniéndose como especies autónomas. O si, por el contrario, se extinguirán como consecuencia de la pérdida de variabilidad genética a la que las hemos llevado los humanos en un loco afán de productividad.
Desde hace un tiempo, esto está en vías de solución. En las empresas correspondientes se han integrado científicos de diversa titulación, pero conocedores de las dinámicas de las poblaciones naturales. Saben lo que es la diversidad genética, sus causas y sus consecuencias. Mediante proyectos privados, o semiprivados, desarrollan medidas para potenciar y conservar la variabilidad que aún se puede recuperar. Se recogen cepas casi perdidas, se buscan variedades silvestres, y se cultivan para mantenerlas. No se pretende hacer un banco de semillas, más bien uno de razas cultivadas. A cuantas más cepas posibles, mejor, pues se supone que en ellas está la variabilidad genética suficiente para afrontar posibles cambios ambientales. 
Son proyectos caros, que requieren de fuerte financiación y de una política agraria continuada y decidida a conservar una riqueza biológica que, de no ser de este modo, desaparecería en pocas generaciones. Pero los gobiernos deben saber lo que quieren.

sábado, 15 de diciembre de 2012

HORROR EN LAS AULAS

En estos días estamos conmovidos por la matanza de niños en una escuela de USA. No es ésta la única noticia adversa que recibimos, en el año que termina, acerca del trato que en ocasiones, recibe la infancia: niños obligados a participar en acciones guerreras, comercializados, explotados, robados,  desaparecidos...
Opino que esto viene de antiguo, y si ahora sabemos más acerca de esta tara que padecemos, es debido a que los medios de comunicación airean las noticias. Recuerdo al "viejo del saco" de mi infancia, o al "sacamantecas" o a otros muchos seres míticos con los que nuestros padres nos querían inducir a desconfiar de los desconocidos, pues podría ser peligroso el entablar algún tipo de relación con ellos. Incluso la historia de Caperucita se produce por la imprudente conducta de la niña al confiar por completo en un desconocido.

Pero volviendo al hecho general, nos ofende, preocupa y duele que se ataque de este modo a la infancia, sea del país que sea o la etnia a la que pertenece.
¿Hay alguna base biológica en este repudio que sentimos? Creo que la hay, y es lo que quiero explicar aquí.
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Hablemos primero del instinto, pues es un concepto que mas adelante nos servirá en nuestra explicación. Cuando hablamos de instinto, hablamos de una costumbre, o una pauta de ellas, que poseen todos los individuos de una especie y posee naturaleza hereditaria. Los instintos tienen carácter adaptativo y su no posesión por parte de algún miembro de la especie suele ser perjudicial para él. Nuestra especie, como todas, tiene, entre otras misiones biológicas,  la de perpetuarse. Si no fuese de ese modo, se extinguiría en una sola generación. Existe el instinto reproductor, en este caso una pauta de costumbres, que asegura el ejercicio de esta función.
Otra cosa es el altruismo, una costumbre instintiva en algunos grupos  zoológicos, fundamentalmente entre aves y mamíferos, que hace que determinados seres pongan en riesgo su existencia con tal de defender la vida de otros miembros de su misma especie. Suele haber grados, pues tanto se defiende a los miembros de la familia como a los del grupo al que se pertenece aunque no haya vínculos de sangre con ellos, pero suele ocurrir que la intensidad del rasgo altruista está en relación directa con el grado de parentesco que existe entre los afectados por la actuación. El altruismo es un instinto que se ejerce por los miembros de una generación hacia los de la siguiente, en todo caso hacia miembros de la propia. No conozco casos de altruismo que vaya de miembros de una generación a miembros de generaciones anteriores. En nuestra especie, rasgos educacionales hacen que afloren este tipo de comportamiento, por ejemplo un joven que, poniendo en riesgo su vida, rescata a sus abuelos en un accidente, pero aquí, repito, ya juegan componentes culturales propios de nuestra especie. Cuando ocurre un accidente de grandes magnitudes, siendo necesario evacuar a grupos de personas, la costumbre de "primero las mujeres y los niños" está basada en fundamentos biológicos explicables desde el punto de vista del atruísmo como instinto que se explica por la búsqueda de la supervivencia del grupo.
 
 En muchas especies animales, no solo en la humana, el altruismo se refleja principalmente en el cuidado de la prole, pues desde un punto de vista biológico, ésta representa la generación siguiente que ya ha nacido y que, por tanto, es preciso cuidar. Cuando unos padres, sean de la especie que sean, velan por sus hijos, están protegiendo no sólo su contribución individual a la siguiente generación, sino también, la presencia de sus propios genes en ella. 
En otros casos, el altruismo se refiere al grupo en general al que se pertenece. En ellos, los sujetos no están unidos necesariamente por lazos familiares, pero sí por costumbres y modo de vida. En poblaciones de aves y mamíferos existe este tipo de  comportamiento altruista que podemos considerar como “de grupo”.
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Creo que cuando rechazamos desde lo más profundo de nuestras convicciones el trato inhumano, incluso la muerte, que en nuestra especie reciben muchos niños, está actuando en nosotros este tipo de altruismo con base biológica, pues todos ellos representan nuestra próxima generación, que ya está aquí. Son la promesa de nuestra permanencia en el Planeta y merecen, como tal, todo nuestro cuidado. El ataque a estos niños, representa un ataque a uno de nuestros principales  instintos, por eso todos nos sentimos profundamente ofendidos cuando ocurre una tragedia de este tipo. 
Los niños, mientras crecen tienen derecho a todos nuestros desvelos. Nunca ese destino. 

viernes, 5 de enero de 2018

Poblaciones preadaptadas

Soy dado a los refranes y respeto la sabiduría que encierran. Pensaba hoy en uno que, además, es un bonito juego de palabras: “El buen tiempo es que en cada tiempo haga su tiempo”.La verdad es que es así, pues toda nuestra estructura social gira con un condicionante, que en cada tiempo haga su tiempo.



También en biología, el tiempo como estado atmosférico es importante. Para los seres vivos, las condiciones atmosféricas y su secuencia a lo largo del tiempo en uno de los principales factores de la selección natural. No es cuestión de que haga frío o calor o deje de hacerlo. Es que tales condiciones deben presentarse cuando esos seres están en la fase vital que requiere tales condiciones.

Escenario de la Selección Natural

En ocasiones nos maravillamos del perfecto engranaje que relaciona las fases biológicas de los seres con las condiciones atmosféricas de los lugares en que viven. Los ciclos de las diferentes estaciones en lugares concretos, condicionan los ritmos biológicos de los seres que viven en ellas, tanto animales como vegetales. 

Todo esto lo pensaba uno de estos días, cuando viajaba desde Santiago a Lugo. Caía una lluvia menuda y pausada, muy gallega, que a lo lejos se transformaba en niebla que difuminaba el horizonte. Un día muy nuestro, que nos ayuda a interiorizar pensamientos. Yo miraba el campo, mojado y sus múltiples gamas de verdor. El buen tiempo es que en cada tiempo haga su tiempo. Si atendemos este dicho, este año no ha habido buen tiempo, todo ha estado desbaratado y fuera de sus ciclos estacionales. Realmente, son ya varios los años en los que el tiempo parece haberse vuelto loco.

Actúa la Selección Natural

En no pocas ocasiones me pregunto cómo afectan estos cambios al conjunto de seres vivos, a lo que conocemos como biosfera. Tampoco voy a ser tan petulante como para predecir la magnitud de las variaciones que se puedan producir, pero sí puedo expresar mis preocupaciones acerca de lo que ocurre y su posible incidencia en el mundo de los seres vivos. En más de una ocasión he comentado la importancia que tiene para una población dada el disponer de variabilidad génica, a poder ser abundante. Esta variabilidad permite que en cada generación aparezcan individuos con genotipos extremos que son inviables en condiciones normales, pero si por alguna causa cambian estas condiciones, alguno de esos genotipos poco frecuentes pueden sobrevivir y permitir, gracias a ellos, la supervivencia de la población dada. Perderá mucha variabilidad, pues habrán alelos incompatibles con la actividad biológica en esas nuevas condiciones ambientales, pero la población seguirá viva, reproduciéndose y generando descendientes fértiles. La población se ha salvado, sí, pero ha perdido mucha variabilidad, aunque yo me pregunto muchas veces para qué sirve esa variabilidad si no es como una especie de seguro que en cada generación promueve la aparición de genotipos adaptados frente a posibles cambios, permitiendo de este modo la supervivencia del grupo de individuos. Por esta razón, muchos denominan “preadaptación” a esta variabilidad que tiene las especies, o las poblaciones, y cuando está presente en ellas se dice que están preadaptadas como indicativo de su supuesta capacidad de resistir a los cambios que se vayan produciendo. Claro que, normalmente, los cambios que se producen son pequeños, consisten en ligeras modificaciones medioambientales y en la mayoría de las veces, reversibles e imperceptibles a nuestros ojos.

Selección Natural actuando

Ahora, sin embargo, estamos asistiendo a cambios bruscos y perfectamente constatables por nosotros mismos. Me gustaría saber de qué modo esto incide en la biología de las poblaciones presentes en nuestros lugares. No quiero hablar de los efectos más drásticos, las extinciones, pero sí constatamos cambios ecológicos importantes. Por ejemplo, en las proximidades de Lugo ya son habituales las cigüeñas y de año en año vemos cómo crece el número de sus nidos. Se asientan en una zona a la que nunca habían llegado, pero no es de extrañar, los cambios climáticos, como cambios ambientales que son, modifican áreas de distribución de poblaciones. De este modo, el registro fósil nos habla de poblaciones que vivieron en determinados lugares, hoy desaparecidas en ellos.

¿Son tan intensos los cambios como para producir estas incidencias? No lo sé, lo que sí vemos todos es cómo las condiciones ambientales se modifican en una dirección concreta de calentamiento del Planeta, y los seres vivos estamos en él. La geología, mediante el registro fósil, nos muestra cómo en el mundo de los seres vivos de cada época, han ocurrido grandes cambios propiciados por las modificaciones climáticas. Pero también es la geología la que nos dice que tales cambios se produjeron de modo muy gradual, con pasos muy pequeños a lo largo del tiempo, mientras que en esta época en que vivimos los cambios son amplios y casi repentinos, de modo que nosotros mismos podemos constatarlos a lo largo de nuestra vida.

Escenario de la Selección Natural

No hay duda de que la acción nuestra está incidiendo de modo negativo en el mundo de los seres vivos. Aparte de haber propiciado muchas extinciones de especies, por destrucción de hábitats, también estamos modificando las condiciones ambientales en las que deben desarrollar su actividad los futuros seres vivos. A ver qué ocurre, pero de momento parece que los ritmos de las estaciones se han modificado, así como sus duraciones, sus temperaturas máximas y mínimas, su pluviosidad y otros tantos parámetros medioambientales. Esperemos que las poblaciones estén provistas de las necesarias variabilidades génicas, pues de tales variabilidades depende su posible adaptación a esos cambios. Por eso, repito que a esas situaciones génicas se les conoce también como “preadaptación”, y se les considera como una potencialidad propia de las poblaciones que les permitirá resistir ante los cambios que se vayan presentando.

viernes, 4 de mayo de 2018

Sobre poblaciones

Estamos en época de pasear por el campo y dejar correr la imaginación ante tanta belleza como encontramos. La naturaleza rebosa hermosura, majestad y dignidad, a pesar de las agresiones que le hacemos. Nunca veo florecillas, no soy tan romántico ni  tan bucólico. Tampoco veo las posesiones del llamado Rey de la Creación, ni sus  supuestos desvelos por cuidar sus dominios. En todo caso, sus múltiples agresiones. Pero dejemos por hoy esas cavilaciones negativas y disfrutemos del campo.

En contra de lo que muchos puedan creer, aunque los animales son espectaculares, así como su vida y sus costumbres, han sido los vegetales los que más conocimientos han aportado al mundo de las ideas en biología. Indefensos ante predadores, las plantas han sabido desarrollar estructuras defensivas mediante múltiples y dispares estructuras, que nos enseñan que todas ellas son válidas, aunque cada grupo tenga las propias. Pero hoy tampoco quiero hablar de eso.

AMAPOLA Y CRISANTEMOS

A veces, en biología hemos de tener en cuenta grandes números, tanto en tiempo como en individuos. En biología evolutiva, un millón de años viene a ser como un instante de nuestras vidas, y una frecuencia de uno por millón es algo que está ocurriendo constantemente. Los números han de ser amplios cuando hablamos de biología y no vale comentar el posible futuro evolutivo de una población de 20 individuos.

POBLACION DE AMAPOLAS

Paseando por el monte, siempre es posible ver los diferentes vegetales que lo habitan. Los animales suelen esconderse y hay que ser sagaz para detectarlos. Por eso es más sencillo delatar presencias de plantas y cuantificar sus frecuencias. Siempre es atractivo encontrarse endemismos, seres que habitan específicamente un territorio y solo ese. En islas son frecuentes las especies endémicas. En otras ocasiones nos encontramos especies a las que llamamos cosmopolitas, pues habitan muchos y diferentes lugares separados geográficamente.

DISTRIBUCIÓN IMAGINARIA DE POBLACIONES
Y SU VARIABILIDAD GÉNICA
En el campo, vemos las amapolas iguales, o un gran manto de margaritas, también iguales. ¿Es realmente así?Detrás de la uniformidad fenotípica, puede haber encerrada una gran variabilidad, que es posible descubrir mediante análisis bioquímicos. Imaginemos una especie vegetal que habita un amplio territorio y que está dividida en cinco poblaciones, como esquematizo en la figura. Las flechas que hay entre las poblaciones indican que existe flujo de individuos en ambas direcciones. Todas manifiestan el fenotipo silvestre, pues la selección natural elimina a la planta que se salta esa norma. Analicemos la variabilidad respecto al gen "A", representando como A al alelo silvestre y lo ponemos con mayúscula, pues es dominante. Siempre es así. Los alelos que determinan el fenotipo silvestre en vegetales o salvaje en animales, son dominantes. Con este comportamiento, ocultan toda la variabilidad encubierta que encierra una población. Imaginemos una distribución de alelos  de este gen tal como presento en la figura. En la población central hay varios alelos, A, a1, a3, a7 y a5. Pero esta presencia de alelos no es uniforme en toda el área de distribución de esta especie, pues al noroeste sólo hay alelos A y a1; al noreste sólo A, a1 y a5; al suroeste A, a1 y a3 y, por último, en el sureste encontramos A, a1, a4 y a7.

¿Qué podemos pensar con estos datos? No es raro que el alelo A esté presente en todas las poblaciones, es el responsable del fenotipo silvestre y cualquier expansión poblacional requiere su presencia para resistir con éxito a la selección natural. Pero, ¿y los demás alelos? La tasa de mutación ronda el uno por millón y es un valor muy similar en todos los genes. Entre otras cosas, quiere decir que cada vez que se genera un millón de copias del gen A, aparecerá un mutante. Aplicando este criterio, establecemos que la población más primitiva, y más antigua en esa zona, es la central, y lo deducimos por tener mayor variabilidad. Cuidado, esta opinión es un consenso establecido a falta de poder experimentar en este aspecto. Es un razonamiento  lógico y nunca ha sido refutado experimentalmente, pero insisto en que es una opinión consensuada.

Parece que esta variabilidad es adaptativa, lo digo en el sentido de que según qué zonas, la selección natural favorece a unos alelos y a otros, no. No vamos a ser tan ingenuos como para pensar que hacia el noroeste no fue ninguna semilla portadora de alelos a5, a7, o a3. Pero no sobrevivieron, tal vez a causa de una selección en contra. Lo mismo vale decir en relación a las otras poblaciones y los alelos que faltan si tomamos como referencia a los alelos que existen en la población central. Si estos alelos fuesen neutros es decir, indiferentes ante la selección, encontraríamos una distribución homogénea en todo el territorio.

¿Tienen todas las poblaciones la misma edad? ¿Se formaron de modo simultáneo? No. Para decir esto, volvemos a tener en cuenta la tasa de mutación y la variabilidad que tiene acumulada cada una de ellas. La población más antigua debe ser la del sureste, pues además de tener más variabilidad, tiene un alelo único suyo, el a4, que nos indica la antigüedad de la población, pues ya en ella aparecen mutantes. Ya no es una población tan filial de la central, y nos es posible ver cómo va adquiriendo cierta peculiaridad génica.

Lo que acabo de explicar en pocas palabras puede ser resultado de muchos años de estudio. Rehacer la historia evolutiva de una población requiere su tiempo y una buena estrategia experimental. Lo importante es que al estudiar procesos evolutivos, lo que se encuentra estudiando una especie es aplicable a procesos similares en otras. Así se va reconstruyendo la historia de los seres vivos en nuestro planeta.

Porque queda una pregunta muy importante, ¿cómo llegó la primera semilla a esta zona? O cómo se fundó una población que hoy es estable y aparentemente adaptada. En una palabra, el primer ser que originó un linaje evolutivo del que hoy somos conscientes y capaces de estudiar. Pero eso será otro tema.

viernes, 30 de marzo de 2018

O sobreiro assobiador

Cuando yo era niño, me creí todo cuanto me decían los mayores y lo que leía en los cuentos y tebeos, ahora  llamados comics. Con toda aquella información me fui creando un mundo propio, mío, en el que habitaba feliz. Luego, las cosas se me fueron manifestando de manera diferente a como yo las había imaginado.

O sobreiro assobiador

Recuerdo que una vez íbamos mi padre y yo en coche. Pasamos junto a un gran pinar y le pregunté si aquello era un bosque. Ante su respuesta afirmativa, le  dije que dónde estaba el lobo. No recuerdo qué me contestó, pero me dejó conforme, y ya no volví a buscar al lobo en un bosque. Por cierto que este pinar existe todavía y muchas veces que paso junto a él, recuerdo a mi padre y esta anécdota.

Más tarde, estaba en A Coruña, en la Playa de Riazor con mi hermana Sole. Había oleaje y yo quise ver la boca de las olas. Esta vez fue mi hermana la encargada de ponerme con los pies en el suelo, también con delicadeza y cariño. Yo conocía cuentos en los que las olas aconsejaban a niños y siempre les aconsejaban bien.

Mas tarde, ya leía cuentos con abundante texto y pocos dibujos. Leí uno que aún recuerdo con nostalgia, aunque nunca supe su título. Dos hermanos llegaban a una isla y uno de ellos se hizo acompañante de los árboles. Tanto les acompañó, que terminó teniendo forma de árbol  con sus pies transformados en raíces, aunque hablaba con su hermano. Una tormenta provocó un incendio y el muchacho-árbol murió a consecuencia suya, si bien su hermano tuvo tiempo para cortarle una rama, pequeña, que luego plantó. La ramita enraizó y, aunque ya no hablaba, siempre estuvo acompañada por su hermano, que iba por las tardes a sentarse junto a ella y hacerle compañía.

Majestad

En relación a árboles, siempre he tenido mis pautas y preferencias. No sorprenderé a nadie si comento cuánto recuerdo a mis profesores de botánica en la Universidad de Barcelona, cuando en ella me adentraba en mis conocimientos de Ciencias Biológicas. Aprendí a reconocer los árboles por sus hojas o sus troncos. Aún ahora, cuando en la tv veo a un personaje diciendo que bla, bla, bla y “esta boca es mía”, yo no le hago caso y digo para mis adentros que, visto el tronco junto al que se cobija, está bajo un plátano, un pino, una acacia o un camelio, o bien al lado de una adelfa, una piracanta o lo que sea. Sigo reconociéndolos como amigos de toda la vida, pues siempre me han gustado los árboles y los fotografío con cariño y admiración.

Árboles muy queridos por mi, que ya no existen

Admiración, sí. Tal vez no seamos conscientes de hasta qué punto sufren y han sufrido los ataques de una civilización esclava de un mal entendido progreso, ésta en la que vivimos. Hemos visto arrasar arboledas enteras para hacer un aparcamiento que se llena durante la fiesta de cualquier patrón, es decir, dos días al año. Por eso, los árboles que aún quedan en pie a veces son los resistentes, los que han logrado superar los ataques de horteras medidas emprendidas en nombre de un supuesto progreso. Hace pocos días, un amigo mío hablaba de la rotunda dignidad que es capaz de transmitir un bosque vivo y me emocionó recordar eso, la serenidad de algunos bosques que tenemos más o menos cerca. Los hay hermosos en pleno Camino de Santiago. Llenos de vida y silencio, dejando transcurrir el tiempo a su lado.

Soutomerille. El castaño engulle al muro

Cerca de A Estrada me encontré con un corpulento árbol que me asombró por sus dimensiones. De esto hace unos treinta años y hoy no sabría volver al sitio en que estaba, ni qué tipo de árbol era. Pero sí conozco bien uno que me impresiona. Junto al Camino Norte, en Soutomerille, hay un castaño que fue plantado cerca de un murete. De esto hace cientos de años. El tronco, al crecer, se fue engullendo al muro y hoy es sobrecoger constatar ese hecho. Lástima que sólo está el tronco inicial, pues en su momento fue talado, aunque se han dejado crecer alguna ramas retoñadas.

El mismo árbol y sus ramas actuales.

Desde hace cierto tiempo, 13 años en concreto, en el Parlamento Europeo se honra a los árboles escogiendo por estas fechas al que será el Árbol Europeo del Año. Para la elección se utilizan diversos criterios, entre otros la votación popular. Esta vez el honor le ha correspondido a un venerable alcornoque portugués, de 234 años. Sus datos impresionan, así como sus magnitudes y su contribución a la economía del territorio. En solo una ocasión, 1991, se extrajeron de él 1200 kg de corcho, una producción mayor que lo que puede producir cualquier otro alcornoque en toda su vida. Con un tronco cuyo perímetro supera los 4 metros, a su sombra se han celebrado, y se celebran, multitud de actos festivos y culturales.

Caminos en vías de extinción

En sus ramas anidan muchas y diversas aves. De ahí le viene el sobrenombre que le dan en la comarca, El Alentejo, el “Sobreiro assobiador”, el alcornoque silbador, debido a los múltiples y diversos trinos que salen de sus ramas. Y yo no puedo olvidarme que desde hace 2600 años, también a un sauce propio de Mesopotamia se le llama llorón porque bajo sus ramas se escondían los judíos para lamentar su destierro, en tiempos de Nabucodonosor y de entre sus ramas salían los lamentos, que la gente atribuía a los árboles.

Sauce llorón
Dos nombres bonitos de árboles que surgen de sonidos que nos han llegado procedentes de sus ramas. No, los árboles ni lloran ni silban, pero los evocamos de ese modo, tal vez por atribuirles sentimientos o capacidades humanas. Eran otros tiempos los del destierro de judíos en Babilonia, o son otros modos, como el pausado transcurrir del tiempo en esa entrañable zona portuguesa, pero me gusta pensar que hubo una época en la que convivíamos de tal manera con los árboles que incluso les atribuíamos capacidades humanas.

Los árboles siguen ahí, a nuestro lado. Parece que en algunos casos podría decir que siguen a pesar de estar junto a nosotros. ¿Acaso somos enemigos suyos? Aunque tengo mi respuesta, prefiero que cada uno dé la suya propia. Pero hay algo que tengo muy cierto, los árboles están en el Planeta desde mucho antes de nuestra aparición como especie, y creo que es muy posible que cuando la especie humana se extinga, seguirán habiendo árboles por aquí.