lunes, 20 de mayo de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO: (XII) TÍMPANOS DIDACTICOS


En Compostela acostumbramos a charlar de nuestra ciudad. Con cariño pero también con exigencia, pues muchas veces nos duele comprobar lo que se hace en relación a lo que se podría hacer. Como en todas partes. Cada uno de nosotros tenemos nuestros referentes. De uno de ellos, el Padre Francisco Brandariz, S.J. director del Colegio Mayor en que viví varios años, aprendí a profesar cariño a esta ciudad. Gran europeísta, decía que si a diversos especialistas en Historia Medieval se les pidiese una lista de las diez ciudades que más habían contribuido a forjar la idea de Europa, en todas ellas aparecería Compostela. El orden que tuviese en cada una sería variable, pero estaría en todas. Pasados muchos años, sigo creyendo esta afirmación de mi amigo y maestro, ya fallecido.

Creo que, a veces, desde esta ciudad se quiso dar lecciones de teología a la cristiandad, aprovechando el tirón del Camino a Santiago. Las órdenes religiosas que vigilaban por el buen fin de los caminantes, no iban a dejar que transitasen sin recibir sus buenas dosis de doctrina. La enseñanza llegaba a modo de figuras esculpidas o pintadas en los templos que servían de jalones a lo largo de las muchas jornadas de caminar. Símbolos reconocibles por parte de un público mayoritariamente analfabeto, a quien toda la información le llegaba a través de lo que viese, y supiese, interpretar. En este sentido, pórticos, capiteles o los tímpanos, venían a ser como unidades didácticas con las que se pretendía transmitir información y formación doctrinal.
Sobre cada Rey, aparece su nombre
En la Edad Media, la idea que se tenía de nuestra presencia en el mundo era la de unos seres que habíamos venido a sufrir para, al final, poder alcanzar la vida eterna. En muchos lugares, entre ellos el Pórtico de la Gloria compostelano, se nos representa a Jesucristo como juez que verá si somos merecedores de tal favor.
Otra representación es la adoración de los magos. El hecho, desde el punto de vista doctrinal, se llama epifanía, un término de raíz griega que viene a decir “manifestación fuera”. En la adoración de lo magos, Cristo es venerado por sabios gentiles. Es en el evangelio de S. Mateo donde se nos narra la llegada de estos magos. No nos dice ni su número ni sus nombres. No obstante, en grabados del siglo XIII ya aparecen tres y en una pintura presente en el Museo de Arte de Cataluña, aparecen ya con sus nombres sobre cada uno de ellos. Los nombres son los que han llegado hasta nosotros. Pero los tres magos son blancos, así como en pinturas del siglo XIV.
Siempre me intrigó el número de tres, pues ha sido fruto de la tradición, si bien sabemos que las tradiciones pueden inventarse en un momento dado. No obstante, si Cristo se presenta como alguien importante ante los gentiles, el número de tres podría representar, en plan selecto, un gentil por continente conocido. Pero que si cada uno representa a un continente, tendrá que haber algún negro. Creo que esa puede ser la causa.
En las iglesias del Camino, tenemos varios tímpanos románicos con
Tímpano de la Corticela
epifanías. Me gusta mucho el de la Corticela, capilla románica hoy adosada a la catedral compostelana. Su tímpano tiene algo que me atrae mucho, y es la inclusión de las arquivoltas en una concepción espacial del tema representado. La Virgen con el Niño y un mago están en el centro del tímpano, digamos que “dentro”. En la arquivolta más interna, como esperando entrar, están los otros dos magos. Y en la externa, como en el exterior, están los caballos que han servido de medio de locomoción y que han quedado fuera.
S. Félix de Solovio. Baltasar es negro
En el tímpano de S. Félix de Solovio, la capilla compostelana erigida sobre el lugar en que, a comienzos del siglo IX, habitaba el monje descubridor de los restos del Apóstol, hay un tímpano románico tardío que representa una epifanía. Aunque está completamente desprotegido de rigores atmosféricos, el tímpano conserva bastante bien su policromía inicial y vemos en él cómo uno de los magos es de color negro. Ya están representados los tres continentes conocidos rindiendo pleitesía. Hay opiniones que indican que es en este tímpano donde por primera vez se representa a uno de ellos con este color (nuestra tradición quiere que sea Baltasar). Poco más tarde, en el arte europeo ya serán estos los colores determinantes de los tres magos.
Leboreiro cerca de Melide
Hay más tímpanos cerca de Compostela, pero corresponden a tiempos ligeramente más tardíos y, tal vez por eso, ya no se representan los magos adoradores. Pienso en el de Leboreiro o el de S. Martiño de Noia. Los tiempos del gótico están cercanos y se representará más la relación maternofilial de la Virgen y el Niño. En estos tímpanos son los exclusivos protagonistas. 
San Martiño, Noia

martes, 14 de mayo de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO: (XI) UN REPOSO EN TRIACASTELA

La situación de Triacastela es un entorno bucólico. Luego de descender las pendientes de los montes del Cebreiro, casi aún en ellos, nos encontramos con este tranquilo pueblo rodeado de bosques de caducifolios y prados generosos en sus verdores. Los caducifolios, castaños y carballos mayormente, prometen otoños hermosos y nunca defraudan. Por si fuera poco, los horizontes son amplios y propicios al descanso.
Beneficiado con una variante en las mejoras viales, que hoy hace las veces de circunvalación. Gracias a ella, el pueblo está tranquilo y desarrolla sus negocios a lo largo de la única calle que lo define, la Rúa do Peregrino. En la variante hay otro tipo de negocios de perfil más urbano.
En la Rúa do Peregrino. Conoció mejores tiempos
La mayor actividad del pueblo está localizada hacia su salida. La Rúa do Peregrino está jalonada de casas y casonas que nos hablan de pasados más prósperos. En mitad de la Rúa está la iglesia parroquial, y casi desde ella hasta el final del pueblo hay una gran abundancia de instalaciones hoteleras, albergues privados fundamentalmente, que confieren al sitio una gran vitalidad, de modo especial en época de peregrinos. Entre los albergues hay algunos de diseño acogedor. También abundan bares y restaurantes y, como no hay coches, en cuanto aparece el sol se desparraman multitud de terrazas con comensales que generan un ambiente muy tranquilo, sosegado.
Foto del 9 de septiembre de 2012
Colocado en la puerta de la iglesia
La iglesia es indefinible. Al menos yo no la sé definir. En sus orígenes fue románica, pero sufrió cambios que le fueron restando sus características arquitectónicas iniciales a cambio de hacerla más amplia sin más. No me gusta. Además su interior está sucio. En un rincón hay una mesa, tal vez de cocina, con el sello oficial para que los peregrinos lo utilicen en su credencial. Nadie custodia tal sello. En su puerta vi un cartel que no merece comentario alguno. Lo malo es que en las manos de quien escribió el aviso está el cuidado de los bienes patrimoniales del recinto.
Torre de la iglesia
La torre es bonita e impactante. Está situada, como en las iglesias del Camino en esta zona, sobre la puerta de acceso en la fachada principal. Es del siglo XVII.
Triacastela goza de dilatada historia. Hace poco tiempo, en la cueva de Eirós, se encontraron pinturas rupestres del Paleolítico. Aún siguen las excavaciones, pero se trata de los primeros hallazgos de este tipo en Galicia. Los hallazgos están deteriorados debido a la presencia humana en la misma cueva hasta hace muy poco tiempo. Gracias a este hallazgo podemos decir que desde el paleolítico hay actividad humana en la zona.
También por allí, entre Samos, Triacastela y Becerreá, se puede definir un triángulo generador de actividades sísmicas, pues bastantes epicentros tienen su localización en esa zona. Hace años, en época de movimientos sísmicos frecuentes, unos malvados quisieron propagar el infundio de que “se oían voces” por aquellos enclaves. No sé qué finalidad tendría ese cuento, o esa falsedad, pero los habitantes de la zona ya no están para dar crédito a tales mentiras y, decían, que tales voces tal vez proviniesen del transistor de algún manso peregrino que por la rúa pasase o fuesen debidas a algún televisor con el volumen alto. Por suerte para ellos, se han terminado las épocas de dar crédito al primer fabulador que aparece por la esquina. En vez de estos personajes siniestros, hoy en Triacastela hay oficinas bancarias, cajeros automáticos y otras instalaciones destinadas a atender a los peregrinos y que proporcionan sustento a los habitantes del lugar.
Antaño hubo Hospital, Albergue oficial y otras instalaciones ubicadas en edificios que hoy sería menester rehabilitar. Me gusta lo que pudo haber sido uno de ellos, un edificio de planta baja y primer piso, con su carpintería de un apagado color azul y sus tejados que piden a gritos un arreglo, aunque parece que nadie escucha esas súplicas. En las puertas de ese edificio, muy airosa, hay una hermosa letra C tallada en madera. Como pongo la foto de esta letra, fijarse que junto a ella hay grapas pegadas en la madera, pues hoy esa puerta su utiliza como tablón de anuncios.
Tejados, arte, paisaje. Un lugar para tomar resuello.
En Triacastela están las últimas canteras de caliza que existen a lo largo del Camino. Ya no hay más y tampoco en Santiago ni en su entorno. Aquí está la base de una secular costumbre. Al salir del pueblo, los peregrinos cogían una piedra caliza y la acercaban hasta los hornos de cal de Castañeda, cerca de Arzúa, pera contribuir de ese modo a la construcción de la catedral compostelana. He dicho “acercaban” pues era posible que dejasen abandonadas las piedras a mitad del camino. Otros peregrinos las recogerían y, a su vez, también las irían acercando. Este es el único dato que se tiene de peregrinos que contribuyeron materialmente a la construcción del edificio al que peregrinaban.Y de nuevo piedras en este ambiente de peregrinos, caminantes y restos paganos.
Triacastela es lugar de olvidar zafiedades y recrearse en lo hermoso, que aquí es mucho. Pero hay cosas que duelen, ya lo creo.

viernes, 3 de mayo de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO. (X) REFLEXIONES EN SAMOS


Como la vida misma. Una mezcla de alegrías con cierto trasfondo de penas. Eso viene siendo la llegada del caminante a Samos. Alegría, no es preciso explicar su causa. El Camino se va venciendo, la propia resistencia ha podido más que las fatigas generadas y lo poco que falta no representa mayor problema, luego de haber superado todo lo que queda atrás. La pena es profunda y muy otra su causa. Esto se acaba y no hay quien lo detenga. Empieza a hacerse inventario de todo lo bueno, lo más, y a ver lo que conviene olvidar, lo menos. El viaje se empezó al programarlo, al ver mapas, calcular fechas, trazar recorridos, agrupar amistades para formar el equipo. Todo eso fue generando en nosotros un ambiente festivo y nuevo 
PEREGRINO DE PIEDRA EN SAMOS
que cuajó en esta experiencia que, ya en Samos, notamos a punto de terminar. Y nos entristece. Aunque sea de modo sano, una difusa nostalgia nos invade y miramos todo como despidiéndonos de estos días que hemos vivido alejados de lo nuestro e inmersos en una nueva cotidianeidad que buscábamos, que nos ha sentado bien (empezamos a hablar en pasado) y que, sabemos, añoraremos desde ahora.

EL RIO LENTO SE REFLEJA
Santiago está cerca, menos de 200km. Cuenta el Códice Calixtino que en la Edad Media venían hasta aquí gentes ofreciendo los servicios de los mesoneros compostelanos, ofreciendo descuentos a quienes acudiesen a ellos. Hoy dan octavillas con vales y bonificaciones. No es tan diferente. Ya he dicho al hablar de O Cebreiro que los hosteleros de hoy tienen los mismos vicios y cualidades que los de antaño, aquellos de quienes, a veces, reniega el Códice.
La llegada a Samos en grandiosa. A estas alturas del Camino ya todos se han familiarizado con  el paisaje rural y aprecian la belleza que aportan los bosques de caducifolios y los olores de las tierras húmedas, por no hablar de captar la majestad con la que sobrevuelan diversos tipos de aves, las más señoriales, las rapazes. De todo ello hay en Samos. Un hermoso y tranquilo río, el Orivio, se pasea a lo largo del pueblo, bordea el Monasterio y se pierde hacia Sarria dejando a su lado derecho una vega que adivinamos fértil, muy fértil y abriendo el valle entre paisajes hermosos, serenos.
EL MONASTERIO Y EL RIO
Me gusta Samos, por muchas cosas. Si busco majestuosidad, tengo el Monasterio, con ella a raudales. Si lo que quiero es mundo rural, también lo tengo a las veras del Orivio. A veces busco sorna y tambíen la encuentro. Hoy, ahora, voy a hablar de algunas cosas de Samos que tal vez no aparezcan en muchos sitios. Son producto de mis visitas y mi forma de ver el pueblo con cariño.
No es momento de comentar la grandiosidad del Monasterio, ni de la recóndita serenidad que infunde la Capilla del Ciprés, espero tener tiempo para hacerlo. Pero del cenobio diré que ojalá los visitantes tengan suerte y se encuentren algún guía que profese cariño al lugar, cariño contagioso, pues de ese modo disfrutarán de su paso por él. Apreciarán la belleza del conjunto, los espacios íntimos configurados
QUÉ MIRAS, BOBO
en los claustros y, con suerte, verán cómo alguna de las piedras claves de las crucerías que cubren sus corredores hace gala de su lugar en el Camino con sus vieiras esculpidas. También allí, algún cantero bromista esculpió un texto gracioso (Qué miras, bobo), que no quiere ofender  y que actualmente está enfatizado después de haber resaltado el texto en rojo sobre la piedra. El humor no ofende, mas bien nos recuerda tiempos difusos de frailes jugadores de cartas, catadores de vinos y protectores de barraganas cuando no oficiantes divinos.
VIEIRA EN PIEDRA CLAVE
La gente de Samos está orgullosa de su emplazamiento en el Camino. Hay muchos establecimientos de hostelería y, en los atardeceres, se respira un ambiente alegre y reposado, aunque nostálgico, ya dije. Justo frente al Monasterio hay un bar, con terraza, que ofrece una vista privilegiada del conjunto. La gente pasa, dejamos transcurrir la tarde y el grandioso edificio se cubre de diversas tonalidades que son un recreo para la vista. En su interior, esta cafetería tiene su decoración muy relacionada con esto, pues al fondo luce una impactande foto de la fachada.
SIN NEGAR SU UBICACIÓN
Antes de abandonar Samos, aun nos aguarda una nueva sorpresa. A mano izquierda según vamos, tal vez un poco hundida en relación a la carretera, hay una casa con gran cantidad de puertas y ventanales. Si nos fijamos bien, es un bonito conjunto de los llamados trampantojos: puertas y ventanas pintadas sobre la pared y simulando lo que no existe.
TRAMPANTOJOS AL SALIR DE SAMOS
El Camino sigue. Pronto se hará otra etapa y cada vez queda menos, con todo lo bueno que eso lleva consigo, pero también con toda esa carga agridulce de que se va y que no podemos retener. Porque notamos que el Camino nos ha dado todo lo que veníamos buscando, pero también sabíamos no era para siempre. Que lo nuestro nos espera en los lugares que sabemos. Lo nuestro y los nuestros.
Samos es un hermoso descanso y siempre nos sabe a poco el tiempo que estemos allí, reflexionando sobre lo pasajero.de algunas cosas, que son las más.

domingo, 28 de abril de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO. (IX) MÁS VESTIGIOS PAGANOS

LA VIRGEN SOBRE EL PILAR

 La leyenda nos dice que en un momento dado, el Apóstol se sintió anímicamente fatigado. Casi, casi, había decidido marcharse de este país, cuando la Virgen, que aún vivía, se le presentó sobre un pilar de piedra con intención de animarle. De lo que hablaron no nos dice nada la leyenda, pero sí que el Apóstol quedó confortado y ya no se fue. La Virgen es conocida como del Pilar y es la patrona de España.

También es la leyenda la que nos cuenta que el cuerpo del Apóstol, después de martirizado, es traído a este país por dos de sus discípulos a través del mar. Llegados a Iria Flavia (Padrón en la actualidad), amarran la barca a otro pilar y depositan el cuerpo sobre una roca, que se ablanda para acoger tiernamente al santo cadáver.
LLEGA EL APÓSTOL BAJO VIEIRAS Y ESTRELLAS
El mismo Jesucristo, en los Evangelios, cita las piedras como símbolos de duración: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra…” “La piedra que desecharon los arquitectos ha venido a ser la piedra angular”
La roca, la piedra, simboliza lo compacto, lo duradero, lo procedente de la tierra, la Madre Tierra, a diferencia de la arena, disgregada, perecedera.
Piedras y piedras que hacen más fácil un camino que para otros mortales sería duro. Con tantos favores recibidos de la Madre Tierra, no nos debe  extrañar que nuestros antepasados remotos la venerasen y adorasen. Piedras en las encrucijadas de caminos, en puntos de significado geográfico... tal vez estamos  ante el significado de menhires y de cruceiros en el mundo celta.
ARBOL DE JESÉ EN EL PORTICO
SE VEN LAS HUELLAS DE LOS DEDOS 
Es posible que también estemos asistiendo a la perpetuación de ritos de veneración a las piedras, sin siquiera saberlo aquellos que los mantienen, ya que dichos ritos han sido cristianizados. En la Catedral de Santiago entran peregrinos que saben lo que deben hacer para ganar las gracias del Jubileo: las oraciones pertinentes y cuándo rezarlas. Otros caminantes vienen a lo que encuentren y éstos, repito que de modo inconsciente, se suman alegremente a los ritos de veneración de la piedra dentro de la misma Catedral. Veneración que requiere el puro contacto físico. 
Nada más entrar en la Catedral, el peregrino se encuentra ante el Pórtico de la Gloria. Sobre la base de monstruos, están las columnas que representan el Antiguo Testamento, de granito y sin adorno ninguno salvo las tres de pórfido que representan precursores proféticos del Mesías y el central, con el Árbol de Jesé, es decir, el árbol genealógico terrenal de Jesucristo. En la base de la
EL RITO
columna duerme Jacob y, ascendiendo,  vemos a David, Ruth, María... Pues bien, hay tal tradición de tocar esta columna (una más), que los dedos de los cientos de miles de peregrinos han dejado su huella en forma de huecos en la piedra.
Tras esta columna, a ras de suelo, está el conocido como “Santo dos croques”, Santo de las cabezada podríamos traducir. La leyenda, otra vez ella, nos dice que el maestro Mateo se retrató allí en posición de orar hacia el altar del Apóstol. Los peregrinos acostumbran a dar unos croques sobre la cabeza del santo, suponiendo que con tal hecho adquieren parte de su sabiduría… Esta escultura está sucia y precisa de
SANTO DOS CROQUES, PROTEGIDO
una buena limpieza. Tocar la cabeza pétrea con la propia, tiene el efecto en quien lo hace de recibir una buena dosis de sabiduría (dice la tradición).
Vemos dos ritos curiosos. La mano que toca la columna y la cabeza que golpea la escultura esperando un efecto benéfico. Hoy no es posible acceder a ninguno de los dos elementos pétreos por causa de las obras de restauración que se están realizando en el Pórtico.
OTRO RITO
                                                Queda un tercer hito de piedra con el que los caminantes quieren, deben, establecer contacto físico: la imagen del Apóstol. Se le abraza. Los efectos de tal abrazo no se comentan, pero para la casi totalidad de quienes vienen, este abrazo es totalmente imprescindible dentro de sus ritos jubilares.
+ + +
EL TERCER RITO
Hace algunos años, cuando la afluencia de peregrinos comenzó a calcularse por cientos de miles, el interior de la Catedral se volvió totalmente insuficiente para albergarlos en la llamada Misa del Peregrino y las naves tomaron a veces los tintes de caóticas. Se pensó en la posibilidad de celebrar misas en las plazas adyacentes, que acogerían grandes contingentes de personas, pero los estudios realizados indicaron que no servirían de mucho, pues todos querían tocar, golpear y abrazar los signos pétreos.

viernes, 19 de abril de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO: (VIII) VESTIGIOS PAGANOS


Todos sabemos de múltiples rituales y festividades católicas que tienen su origen en épocas prehistóricas, si bien luego han sido cristianizadas. El 25 de diciembre como conmemoración del nacimiento de Cristo, es una de esas fiestas. La presencia de los cruceiros en el mundo celta, nos evoca un ritual anterior al cristianismo. El Camino de Santiago no está libre de estas presencias y voy a comentar una de ellas. Los milladoiros, llamados originariamente montes de Mercurio.

Parece que en el mundo celta existía la costumbre de marcar algunos
A CRUZ DE FERRO
lugares estratégicos de los caminos mediante montones de piedras, a los que los romanos dieron el nombre de montes de Mercurio. Mercurio era el dios de los viajes. Los lugares estratégicos solían ser límites de zonas, de jurisdicciones y similares. No falta quienes digan que estos montones de piedra servían para indicar el camino en épocas de nevadas, otros van más allá. El temor a los espíritus de los muertos, con la inseguridad que generaba, se hacía más patente en las encrucijadas de caminos. Allí se intentaba apaciguarlos mediante una ofrenda en piedra. En este sentido, los montes de Mercurio representarían intentos de congraciarse con espíritus posiblemente adversos. Luego, el cristianismo coronó estos montículos con una cruz y quedaron absorbidos para la nueva cultura, como muchas otras cosas procedentes de épocas remotas. Hoy, a esos montículos de piedras a los pies de una cruz se les llama Milladoiros.
FOTO RECIENTE. FIJARSE EN EL
TAMAÑO DE LA PIEDRAS
En el Camino, la cruz de este tipo más conocida es la Cruz de Hierro, situada en su punto más alto (casi 1500 m) en la provincia de León, entre Foncebadón y Manjarín. El montón de piedras es grande, y ya en el s. XI Gaucelmo, abad de los alojamientos del lugar, colocó una cruz en la cima de un poste de unos seis metros de altura, a cuyo alrededor se fueron depositando las piedras. La cruz y el poste actuales son una réplica de los originales, que se encuentran en el Museo de los Caminos, en Astorga. Entre los caminantes sigue presente la costumbre de depositar en su base una piedra, haciéndolo con diferentes significados. Hace poco, esta Cruz de Hierro sufrió el robo de la cruz que la remataba, y no sé si fue una gamberrada o bien el deseo de restituirle su antiguo significado, quitándole el cristiano.
Esto lo digo en relación al pasado, pero hay un cruceiro en O Cebreiro, en el ábside del santuario, que me da qué pensar. Está enclavado también en una gran altura, 1300 m. aprox. y sobre un cambio de demarcación, de modo que a los pies del cruceiro sólo es cuestión de girar la cabeza para ver o bien Galicia o bien El Bierzo.
O CEBREIRO. FOTO DE 2012
A los pies de este cruceiro es frecuente ver piedras depositadas por los peregrinos, si bien algunos con autoridad mandan retirarlas, prontamente. Por eso digo que “es frecuente”, no constante. La foto que presento es del verano pasado, pero ya digo, es posible que al día siguiente ya no hubiese resto de estas ofrendas pétreas.
¿Quién quiere eliminar estos vestigios prehistóricos? ¿Molestan a algunos estas piedras? De poder, yo intentaría convencer “a quien corresponda” de lo importante que es mantener esas costumbres de cuyos orígenes todo son conjeturas, pero que se mantienen robustas a pesar de todas cuantas trabas se les puedan poner. A veces sin ningún sentido ni justificación.
No creo que quienes llevan una piedra y la depositan a los pies de una cruz en un punto concreto del Camino, tengan conocimiento del significado histórico o religioso de tal acto. Simplemente lo hacen sin preguntarse su porqué. Lo mismo que quienes preparan una hoguera en San Juan se preocupan de acopiar leña, madera y similares sin tener en cuenta la trascendencia histórica o cultural de lo que hacen. Para eso están los historiadores, los antropólogos culturales y demás gentes que estudian esas cosas.
+ + +
Conozco pocos topónimos relacionados con este tema, aunque milladoiros o humilladeros o cruces debió de haberlos en cierta abundancia jalonando el camino. En las cercanías de Santiago existe una localidad, de nombre Milladoiro, que parece que se originó alrededor de uno de ellos, del cual no conozco vestigio alguno. Que yo no conozca, no quiere decir que no exista, Tal vez haya algo documentado, que desconozco. También está sobre una cima y desde allí podían por fin ver Compostela quienes venía por los caminos del Sur.

viernes, 5 de abril de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO: (VI) GALLOS Y GALLINAS


Todo santuario que pretenda ser un centro de peregrinaciones, debe contar con una buena relación de milagros atribuibles a su titular.

El Apóstol ante un fondo de vieiras (C.Calixtino)
En el Códice Calixtino, escrito en el Siglo XII, se narran milagros del Apóstol, pero la verdad es que nunca me preocupó conocerlos, pues no creería en su veracidad al venir adornados con los atributos a los que eran tan aficionados los lectores (no muchos) de aquel tiempo. Seguro que hay voces que salen de no se sabe dónde, luces de origen indeterminado, estrellas que caen y cánticos celestiales. En medio de esta increíble puesta en escena, ocurriría el celebrado milagro: tal vez un muerto despedazado que se recompone y tiene ganas de comer como primera providencia. Eran los gustos de la época y el Códice estaba escrito para lectores de libros de caballerías, para quienes el liberar a una princesa de su prisionero, que era un dragón, era motivo más que suficiente para alcanzar la santidad, como ocurrió a San Jorge.
Otras veces los milagros atribuidos a Santiago eran más sencillos, pero
Gallo de Barcelos
no exentos de falsedad o manipulación, que diríamos hoy. Nunca me dejó de sorprender el que en lugares distanciados del Camino, incluso en diferentes rutas, aparezca el mismo milagro localizado en esos diferentes lugares. Pudo ser que, una vez conocido el milagro, se quisiese situarlo en varios lugares, para ir jalonando el Camino de otros centros de peregrinación que hiciesen más llevadero el caminar. Lugares alejados, lógico, lejos del peligro que podría ocurrir si alguien conociese las diversas versiones del mismo milagro.
Me explico. Tanto en Santo Domingo de la Calzada (Camino Francés), como en Barcelos (Camino Portugués), existe la misma tradición relativa a un milagro sospechosamente idéntico. Quiero indicar que me parece una historia escrita por un hombre del siglo XII, para quien el muchacho representaba un cúmulo de virtudes y la chica era la misma perversidad hecha mujer.
Cruceiro en Barcelos. 
En ambos casos, a un mesón llega un matrimonio alemán con su hijo, un joven llamado Hugonell. Una criada se enamoró de él, pero su pretensión fue rechazada por el virtuoso mozo. Despechada, la moza introdujo arteramente algunos utensilios de plata en el equipaje de de Hugonell y dejó que se marchasen a la mañana siguiente. Al poco, la criada formuló la correspondiente denuncia, sabiendo que las leyes vigentes castigaban los hurtos con la muerte. Sabía que condenaba a muerte al joven, pero, despechada, no le importaba que si no era para ella, no lo fuese para ninguna.
Hasta aquí, ambas leyendas coinciden plenamente, incluso en el hecho de que los objetos escondidos en el equipaje de Hugonell fuesen de plata. Tal vez el oro era un material demasiado valioso como para estar a disposición de la servidumbre y convenía darle aspecto de credibilidad a la historia.
Hugonell fue ahorcado, pero los padres habían pedido ayuda al Apóstol Santiago (caso de Barcelos) o a Santo Domingo (S.D. de la Calzada). En ambos casos, los santos cuya ayuda fue requerida sostuvieron al mozo que
Relieve en S. Domingo. Drcha. el Apóstol peregrino
asiste a los padres
no llegó a caer y, por tanto, no murió ahorcado.
Cuando los padres vieron el milagro, fueron a decirlo a quien ostentaba la máxima autoridad del pueblo. Éste, que estaba comiendo una gallina asada (un gallo en el caso de Barcelos), comentó, incrédulo, que antes de que el joven estuviese vivo, saldría del plato la gallina (o el gallo) cantando alegremente, como así ocurrió.
El gallo de Barcelos se ha transformado en el símbolo de todas las buenas cualidades humanas encarnadas en los portugueses. En el Museo Arqueológico de Barcelos hay un cruceiro en cuyo fuste se representa al Apóstol sosteniendo al joven colgado, sobre el cual aparece el gallo, ya a los pies de Cristo.
Por otra parte, en el interior de la catedral de Santo Domingo de la Calzada, existe una jaula en la que viven unos cuantos gallos y gallinas blancos (no podían ser de otro color) que dicen que son descendientes del que salió corriendo y cantando.
Gallinero en la catedral de Sto. Domingo de la Calazada
Hoy, nueve siglos más tarde de la aparición de estas leyendas, encontramos entrañable este comportamiento de quienes llevaron la historia de un sitio para otro. Pero es una práctica que repudiamos por completo esa de jugar con la credulidad de quienes ponían en ellos su confianza.

jueves, 4 de abril de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO.(V) LA VIEIRA


Si tuviésemos que citar un símbolo del Camino y de los Caminantes, tendríamos muy sencilla la elección: la vieira.
La verdad es que no sé de dónde procede tal correlación entre esta concha y el Camino, pero es cierto que todos los indicios nos llevan muy lejos en el tiempo.
Conozco varias leyendas medievales que nos hablan de un caballero injustamente metido en las aguas del mar debido a diversas causas. En cada leyenda la causa en diferente, pero todas ellas coinciden en la inocencia del jinete, la invocación de ayuda al Apóstol y la vuelta del caballero a tierra firme, casi siempre a una playa, con el cuerpo totalmente cubierto de vieiras.
Tal vez la concha ya simbolizaba el sello Jacobeo y su presencia hacía pensar en el milagro, o en la intercesión apostólica, no lo sé. Unas leyendas hablan de los arneses del caballo también cubiertos de vieiras, otros los dejan sin el sello celestial.
Sta. Marta de Tera (S.XII)
Sea como sea, ya muy temprano en la iconografía jacobea está el Apóstol ligado a la vieira. En el pórtico de Santa Marta de Tera (Zamora), nos encontramos a un Santiago peregrino con su bordón y un zurrón en cuya tapa figura una inconfundible vieira. Esta imagen es del siglo XII y podemos deducir gracias a ella, que ya entonces existía esa relación..
Es curioso, pero también el atuendo del peregrino es el distintivo del mismo Apóstol, como si estuviese peregrinando a su misma tumba, lo cual entronca con muchos mitos de nuestra cultura y antiguas culturas orientales. En el pórtico de S. Martiño, de Noia, a la derecha de la puerta principal, tenemos tres apóstoles perfectamente identificables por sus símbolos: S. Pedro con sus llaves, S. Pablo con su espada y un tercero, de aspecto pacífico y vestido de peregrino con la vieira en el sombrero, Santiago.
S. Martiño, Noia
No deja de asombrarme la persistencia a lo largo de los siglos de esta relación del símbolo y el tema simbolizado. En las losas sepulcrales de Noia, hay una que presenta claramente la vieira como indicativo de la profesión del enterrado bajo ella
Eso es lo que más me admira, la incertidumbre de la procedencia del símbolo y, a la vez, su persistencia y consistencia en el tiempo. En Santiago y en Galicia siempre se han relacionado ambos temas, pero ha sido desde que el Camino fue reconocido como Bien de interés Cultural por parte de múltiples Instituciones,cuando la vieira ha alcanzado un valor casi universal  para simbolizar todo aquello que se refiere al Camino, de tal modo, que como indicaba al principio, se le podría considerar su logotipo.

Lauda sepulcral. Noia
La orientación del Camino se hace mediante mojones en los que hay esculpidas vieiras; en ciudades atravesadas por el camino, se señala su dirección mediante vieiras de bronce incrustadas en el suelo, sus imágenes aparecen por donde queramos mirar...
Pero, fundamentalmente, son los peregrinos de hoy quienes la mantienen en total actualidad al reclamarlas, al comprarlas, al lucirlas, al llevarlas como preciado recuerdo. Por este símbolo, como por todo lo jacobeo, parece no pasar el tiempo.
Punto kilométrico del Camino
Vieira en una casa compostelana
propiedad de la catedral,  





    







  (Por cierto, el naturalista sueco Carlos Linneo (S. XVIII), llamó Pecten jacobeus a la vieira. También él tenía conocimiento de su relación con el Apóstol, y quiso manifestar esa perenne ligazón en el nombre científico que le otorgó).

jueves, 21 de marzo de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO.(IV) CONSTRUCCIONES PROPIAS

El Camino cambia mucho al entrar en Galicia e irse adentrando en la provincia de Lugo, dejando atrás los rigores del Cebreiro. Con ojos avispados es posible encontrar similitudes en las construcciones de diferentes localidades, debido a los cambios en modos y suministros: los mobiliarios urbanos son similares así como los de hostelería y otros servicios. En cuanto a las fachadas de las casas, no nos resulta posible deducir en qué lugar nos encontramos a partir de lo que vamos encontrando en ellas. Todas lucen estructuras que les confieren habitabilidad. Pero han perdido singularidad, pues nadie se preocupó de que se conservase.
TRIACASTELA
Si nos fijamos en las viviendas tradicionales, hay dos tipos claros, el de las zonas del Cebreiro, con ventanas y puertas pequeñas, preparadas para soportar fríos largos y rigurosos, y el de zonas más templadas. En estas últimas, lejos de los rigores de la montaña, abundan los ventanales y balcones. Sus exteriores o bien son de pizarra vista o enlucida y pintada de blanco, con piezas de granito en bordes de vanos y en las esquinas del edificio.
Cuando hay balcones, me gusta fijarme en sus barandillas. En una zona en la que el hierro abundó, con herrerías como en O Incio, la forja se utilizó para fabricar utensilios domésticos, herrajes de caballos, ruedas de carros, etc. Pero no para fabricar flejes destinados a balcones. Las barandillas se fabricaron de madera.
Tampoco es tan extraño si tenemos en cuenta que las zonas de Triacastela, Samos, Val do Mao, etc., fueron zonas muy ricas en castaños y nogales, árboles suministradores de maderas recias y resistentes a intemperies crudas.

SAN EUFRASIO - VAL DO MAO
Algunas barandillas están muy desvencijadas y tal vez en trance de desaparición, pues supongo que cuando caigan las casas que las conservan, y caerán, nadie se preocupará de salvarlas. Con ellas se irá un vestigio más de nuestra historia cotidiana, de esa historia que no es la de reyes, princesas o palacios. Mas bien la historia de la gente del común, esa que ha ido dejando vestigios de cómo vivía, como vestía y, en fin, como transcurría su vida cotidiana. Muchos, ahora, parecen avergonzarse de dichos vestigios.
La barandilla más sencilla está formada por rastreles prismáticos de sección cuadrada, sin tornear, que van desde el suelo al pasamanos. Son frecuentes.
Otras veces aparecen los adornos, como en una que encontré en Val do Mao, en San Eufrasio, en la que los rastreles definen rombos por estar en dos capas inclinadas en sentido contrario una capa en relación a la otra.
TRIACASTELA
ENCAJE DE MADERA
En Triacastela hay una casa desvencijada que encuentro interesante. Tiene balcones con una barandilla de madera que parece de hierro forjado. Fijándose con atención es posible ver que se trata de madera muy trabajada, tal vez con sierra de pelo o similar, que da como resultado lo que podríamos considerar un encaje de madera. Es una barandilla que me gusta mucho. En realidad, lo que me gusta es el conjunto de la casa.
SAMOS -  PELIGRO DE EXTINCIÓN
En Samos, saliendo del pueblo a mano derecha, hay una casa muy deteriorada, deshabitada, con una hermosa barandilla, o con lo que queda de ella, para ser preciso.
Me apena pensar que nadie alza la voz reclamando protección para estos vestigios de nuestra historia cotidiana. Cuando todas las casas tengan ventanales modernos, aislados de sonidos y rigores climáticos, tal vez estas joyas sean solo reductos fotográficos que se guarden en algunos archivos.
Están pidiendo a gritos algo de protección, pero parece que nadie les presta atención.

viernes, 15 de marzo de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO (III): COMPAÑÍA DE CAMPANAS

Al recorrer hoy el Camino, viendo sus núcleos de población aún aislados en la actualidad, siempre se me ocurre la misma pregunta ¿Cómo viajaban las noticias? ¿Cuánto tiempo tardaba en llegar, por ejemplo, a Triacastela algún hecho importante acaecido en Roma? Porque en pleno siglo XII tuvo que llegar la noticia de que el Papa Calixto III había concedido la gracia del Jubileo a quienes visitasen la Basílica Compostelana… ¿Quién trajo la noticia? ¿Cuánto tardó en ser conocida?
MINIATURA DEL CODICE CALIXTINO
La pregunta es totalmente retórica, claro. Sabemos que cistercienses y cluniacienses jalonaron el Camino con monasterios donde acogían a peregrinos, a la vez que ofrecían cuidado asistencial a los necesitados de él. Entre unos y otros monasterios había un constante fluir de monjes y servidores que llevarían y traerían noticias de todo tipo. En los monasterios se disponía de información fiable, no siempre accesible al peregrino de a pie.
Pero ¿y el peregrino? Me gusta pensar en él caminando a su ritmo, sin mayores prisas, deteniéndose al abrigo reparador que le pudiese ofrecer alguna iglesia, trabajando allí en lo que supiese hacer, para ganarse el sustento y reemprendiendo su Camino cuando lo considerase oportuno. También cada peregrino traía noticias, las comentaba, las contrastaba y las llevaba. Si pensamos en el Camino como un reguero de gente que iba y venía con Compostela como destino, podemos imaginar que cada caminante llevaba sus propias noticias junto a sus propias vivencias.
SANTUARIO DEL CEBREIRO. SUS TAÑIDOS SE ESPARCIRÍAN
POR LOS VALLES CIRCUNDANTES
En las diferentes iglesias y capillas que jalonaban el Camino, siempre era posible al peregrino conocer novedades de cualquier parte, comentarlas y tener más o menos una opinión acerca de cuanto acaecía. Siempre que los portadores de las noticias fuesen de fiar, que no siempre se daba esta condición. Abundaban los fabuladores, los que exageraban lo existente o falseaban lo que fuese con tal de amedrentar y sacar provecho propio.
Las iglesias del Camino, como también las de fuera de él, tenían sus medios de informar al entorno de lo más inmediato, las campanas, que estaban colocadas en lugares concretos del edificio. Normalmente, en una iglesia había tres: una grande, de toques graves, otra pequeña de toques agudos y otra más, intermedia de tamaño y con sonido también intermedio. El toque de campanas era un idioma en clave, de tal modo que quienes las escuchaban sabían lo que se les anunciaba.
TRIACASTELA, OTRA IGLESIA, OTRO CAMPANARIO
Las iglesias con mayor entidad las tenían en torres apropiadas, llamadas campanarios. Tenían un cuerpo superior provisto de vanos en las paredes, donde estaban situadas las campanas, y una bóveda en el interior que servía de caja de resonancia de los tañidos. Si la iglesia era pequeña, las campanas solían estar en una pared que remataba la fachada. Se llamaba espadaña y era robusta con tres huecos, de forma triangular. En este caso, las campanas se disponían en dos hileras: en la superior, coincidiendo con el ángulo de remate, estaba la campana pequeña y debajo se colocan las otras dos campanas. Las humildes cuentan con una sola.
CERCA DE SAMOS. ESPADAÑA
Los toques eran múltiples a lo largo del día, desde el matutino hasta el anochecer pasando por el toque de ángelus, oración, vísperas y más. Cada tipo de toque con su nombre, los repiques eran alegres y basados en la campana aguda mientras que los dobles eran tristes, normalmente por los difuntos, basados en la campana grande.
En el Camino hubo un tipo de toque frecuente, era el que servía para orientar a los peregrinos en tiempos adversos. Nieves, lluvias intensas o nieblas justificaban estos tañidos que actuaban como faros sonoros de quienes anduviesen en el Camino. (Recuerdo algunas oraciones de mi infancia en las que se pedía por caminantes…)
Hoy día nadie se suele perder en el Camino. Muchos peregrinos llevan sus propios aparatos GPS o MP3, van provistos de móvil y constantemente suelen saber dónde están. Pero aún quedan campanarios o espadañas sobresaliendo entre grupos de tejados. Vestigios de otros tiempos
CASTROMAIOR. ESPADAÑA HUMILDE.
FIJARSE EN LA HUELLA
DE LA CADENA QUE IBA AL BADAJO 
DE LA CAMPANA,
HOY INEXISTENTE
Eso sí, casi se ha perdido la oportunidad de oír tañidos sin poder detectar su procedencia. Tañidos desperdigados por el campo, por el monte o por el valle, indicándonos que cerca hay una iglesia que puede ser final de etapa o refugio temporal.
Faltan campaneros que sepan sacarle los tañidos  apropiados a las campanas, pero hay aparatos electrónicos que, debidamente instalados, pueden hacer sonar todos cuantos tipos de dobles y redobles que tengan programados.
El Camino sigue fiel a su idea, con campanas o sin ellas, haciendo suyas las novedades, no sé si añorando tiempos pasados. No lo creo. Porque como todo lo vivo, el Camino, y los caminantes, se adaptan a los tiempos de cada tiempo.
Me imagino a los peregrinos al llegar a Santiago y escuchar el repiqueteo de sus múltiples campanas recibiéndoles. Debía de sonarles a música celestial. Aquí dejo un enlace con el sonido contemporáneo de dicho toque.