viernes, 16 de junio de 2017

Un nombre en biología: Belladona

En la Edad Moderna, la Europa rica  y culta consideraba un rasgo de belleza el tener las pupilas dilatadas. Este criterio se aplicaba a las mujeres, claro. Los hombres no estaban dispuestos a sufrir las consecuencias de ese rasgo de distinción. 


Hablando de las pupilas dilatadas, para conseguir ese efecto de belleza, las damas de alcurnia utilizaban el extracto de una planta que, por producirlo, recibió el nombre de “bella donna” y así la seguimos conociendo hoy en día, belladona.

La belladona ha sido utilizada también en casos de brujería e iniciaciones chamánicas, pues en ciertas dosis produce efectos similares a alucinaciones y visiones.
Belladona con frutos

En usos farmacéuticos, su extracto a pequeñas dosis provoca la contracción de la musculatura lisa, de ahí su efecto de la dilatar la pupila. También se utiliza, siempre bajo estricto control médico, en casos de enfermedades que tienen su origen en la musculatura lisa, de contracción involuntaria o refleja. A dosis más elevadas, sus efectos pueden generar la muerte casi instantánea. Insisto, casi instantánea.

En la naturaleza, la belladona es un arbusto más bien feo, con flores poco atractivas y frutos en baya, similares a cerezas pero de color algo obscuro. La dispersión de sus semillas se hace gracias a las aves, que comen sus frutos pero no digieren las semillas, que luego las depositan en cualquier lugar mezcladas con sus excrementos. Lo mismo que otras plantas con frutos de tipo similar. Todas estas plantas (cerezas, higos, belladona), tienen semilla pequeña y así pueden atravesar el tubo digestivo de las aves sin hacerles daño.

Belladona a punto de florecer

Quiero hacer notar que algunas dosis que pueden ser mortales para nosotros, son inofensivas para las aves que comen sus frutos. Tal vez nosotros no podríamos ingerir esos frutos de manera inocua.

Cuando Linneo la clasificó le puso el nombre de Atropa belladona. Para aplicar nombres, Linneo se fijaba en morfologías, origen geográfico, propiedades, etc. ¿Por qué utilizó el nombre de Átropa?

Vamos a verlo. Lo hizo inspirándose en las Moiras griegas, unas diosas hermanas llamadas Cloto, Láquesis y Átropo. Representaban la vida de cada uno de nosotros. Así, Cloto tejía los hilos con los que se hacía el tejido de nuestra vida. Láquesis era el “destino”, pues los griegos eran deterministas, creían en el destino e imaginaban que, al nacer, cada niño ya llevaba marcado un destino que fijaba cómo debía ser su vida. Para los griegos de entonces, Láquesis controlaba la naturaleza de ese destino, guiando y midiendo la longitud del hilo tejido por Cloto.

Finalmente, cuando Láquesis, el destino, lo indicaba, Átropo, a la que normalmente se le representa con unas tijeras, cortaba el hilo. Era la muerte. Átropos en griego significa “que no cambia”, y Atropo no cambiaba de propósito, cualquiera que fuese la razón o el motivo para cambiarlo. No había forma de detenerla. Hoy, en 2017, no son pocos los que siguen pensando lo mismo que los griegos de entonces y, ante una muerte accidental, no falta quien diga que la persona muerta “la tenía allí”. Este sentido fatalmente determinista persiste entre nosotros.

Cuando Linneo asignó el nombre de Átropa a la planta de la que hablo, lo hizo recordando su efecto fulminante cortando el hilo de la vida de quien la ingiera, lo mismo que antaño lo hizo la diosa.

La farmacopea contemporánea ha aislado el componente activo de la belladona, el que a dosis bajas causa la alteración muscular y a dosis altas, la muerte. Al provenir de una planta llamada Átropa, al componente activo se le llamó Atropina.

Siempre me ha producido una cierta curiosidad eso de dosis baja y dosis altas. ¿Hasta qué cantidad un compuesto está en dosis alta y cuándo pasa a ser alta su dosis? Creo que importa mucho la masa corporal de quien lo toma. No es lo mismo cierta cantidad ingerida por una persona de 80kg., que si la toma alguien de 60kg., por ejemplo.
Pupila dilatada con Atropina

Hoy la atropina se utiliza en oftalmología, para dilatar la pupila y hacer buenas exploraciones de fondo de ojo. Es decir, en la exploración del ojo tiene un efecto determinado y útil para nuestros estudios. Vía oral, sin embargo, y “según qué dosis” puede ser mortal. La OMS la considera droga esencial, pues es eficaz en actuaciones médicas muy diversas, siempre a dosis adecuadas.

A dosis intermedias, vía oral, puede generar alucinaciones, lo mismo que el estramonio. Solía estar relacionada con hechos de brujería debido a esas alucinaciones que producía.

Hay otra cosa en la que me hace pensar tanto esta planta como otras situaciones algo similares. Las modas, tanto ayer como hoy, siempre han sido crueles con las mujeres, pero estaban dictadas por los hombres. Parece como si las mujeres fuesen un objeto que debe ser bello, pero constantemente se modifican los parámetros de belleza. Parámetros ajenos a cuestiones de sanidad, comodidad y bienestar. Hoy, por ejemplo, y como uniforme de trabajo, a veces ellas tienen que llevar unos zapatos con tacones muy altos sin importar el daño que puedan provocar en las trabajadoras a corto o a largo plazo. Las pupilas dilatadas producían supuestos efectos de belleza en mujeres, pero daños reales en sus ojos.

Lo malo es que han cambiado los cánones de belleza, pero no ha desaparecido la crueldad al aplicar un nuevo canon.

viernes, 9 de junio de 2017

Genes problemáticos

La selección natural es implacable. Lo he dicho en varias ocasiones y actúa en fases juveniles, antes de que los individuos alcancen la edad reproductora. Los alelos responsables de malformaciones, o de disminuir la adaptación, no pasan a la generación siguiente, pues sus portadores no se llegan a reproducir. 


En poblaciones naturales, esta acción genera una alta mortalidad juvenil y Darwin, al comentarla, dijo que sólo alcanzaban el estado reproductor los más adaptados. Muchas veces, esos efectos adversos son debidos a causas hereditarias y la mortalidad juvenil genera algo similar a una limpieza de los genes perjudiciales, pues al no poderse reproducir sus portadores, no se transmiten a las generaciones siguientes, quedando las poblaciones libres de ellos. 

Quiero decir aquí que considero que las ciencias de la salud nunca deben negar su ayuda a nadie, y menos a quienes más necesitan de ellas. No quiero que se malinterprete cuanto digo, pero cuando yo era pequeño, recuerdo que murieron algunos amigos míos, niños hijos de amigos de mis padres, debido a enfermedades incurables en aquel tiempo. Hoy, en 2017, en el llamado primer mundo, la mortalidad infantil casi ha desaparecido, quedando  en general reducida a casos de violencia o accidentes. Las malformaciones hereditarias se neutralizan con cirugías mientras que las enfermedades que causaban mortalidad han sido estudiadas y con buenos tratamientos se consigue que ya no representen esos casos extremos. Hablo en términos generales. Niños recién nacidos pueden ser sometidos a severas operaciones, pero al poco tiempo el susto ha pasado. En cuanto a enfermedades hereditarias, o se curan o no aparecen a causa de medicina preventiva. Pero los genes responsables de esas taras siguen presentes en nuestras poblaciones, y transmitiéndose a la descendencia. Eso puede ser preocupante, pues aumentan su frecuencia en de lo que ocurriría si actuase la selección natural.



La medicina ha experimentado un desarrollo espectacular, impensable. Incluso hay ingenuos que aún sueñan con alcanzar la inmortalidad. Pero mientras no se consigue, nuestra población se va apartando más y más de la acción de la selección natural y de lo que dijo Darwin acerca de su acción en el sentido de que se reprodujesen los más adaptados. Estamos en un momento serio, pues son muchos los niños que por sus caracteres heredados no habrían sobrevivido mucho tiempo, pero hoy son adultos y quieren establecer una familia. Todo esto estaría muy bien a no ser el hecho de que transmitirán genes malos a sus hijos. Esto ocurre y en la población humana, la del mundo desarrollado, se están aumentando las frecuencias de alelos indeseables o perjudiciales. Este incremento de la presencia de alelos deletéreos puede ser alarmante y es un componente importante del conocido “lastre genético” cuando ocurre en poblaciones naturales. Tiene efectos negativos para las poblaciones que lo sufren, pues disminuye su adaptación. En las poblaciones humanas también está ocurriendo algo similar.

Por diversos motivos, desde hace tiempo la humanidad está cada vez más separada de sus pautas biológicas. Cada vez somos menos “naturales” si comparamos nuestro modo de vida con la de otros mamíferos o, incluso, con humanos de siglos pasados. Por ejemplo, en la Edad Media las infecciones eran una causa muy importante de muerte y muchas mujeres morían después de su primer parto. A principios del siglo pasado, la tuberculosis causó muchas muertes. Hoy todo aquello ha pasado, gracias al gran descubrimiento de Sir. Alexander Fleming. 

La muerte se retrasa, pero no se elimina. Las expectativas de vida son grandes, pero al final “pasa lo que pasa”. 

En términos generales, hoy nadie muere de infección en el mundo desarrollado, pero ahora aparecen enfermedades, antes inesperadas, debidas al desgaste orgánico. Las grandes investigaciones médicas están orientadas al conocimiento de la naturaleza del cáncer y la lucha eficaz contra él, mientras enfermedades como el Alzheimer siguen constituyendo un reto a la investigación. Nos dicen que podremos vivir 120 años, pero no nos dicen en qué estado alcanzaremos era edad.

Hay medidas encaminadas al saneamiento genético de las poblaciones, aplicables a las nuestras. Indudablemente, la ruptura de la consanguinidad posee un efecto muy positivo y ya he hablado de esto en varias ocasiones. La gran movilidad humana actual hace que las parejas se formen por personas de procedencias dispersas, disminuyendo de este modo las posibilidades de que ambos miembros posean los mismos alelos deletéreos. Otra medida importante es dificultar la formación de parejas a personas con un cierto grado de parentesco, o incluso hacer más restrictiva esta medida.

También se habla de erradicar los alelos perniciosos mediante terapia génica, actuando directamente contra ellos mediante técnicas especiales. Un poco ciencia ficción, me parece por hoy, y me plantearía la pregunta de que, siendo un tratamiento muy caro, si estaría a disposición de todos o sería un beneficio de “unos cuantos”. No lo sé y creo que son actuaciones mas o menos lejanas.

De todos modos, quiero comentarlo aquí, pues constituye uno de los muchos peligros a los que se enfrenta nuestra población, la humana. No es el único, la baja tasa de nacimientos hace que las pirámides poblacionales se inviertan, al contrario de lo normal. El alargamiento de la expectativa de vida plantea muchos problemas biológicos, que habrá que resolver de modo satisfactorio. 

En muchos mamíferos, lo normal es que los progenitores desaparezcan después de haber tenido sus hijos y haberles enseñado lo necesario para defenderse, como mecanismos de caza y de vida en común. Todo el territorio queda a disposición de los progenitores jóvenes y sus descendientes. Las llamadas "pirámides poblacionales" representan el número de individuos según sus edades. En la Naturaleza, los más abundantes son las formas juveniles, y las menos, las formas no reproductoras, ancianos. Entre nosotros sabemos que no es así, que justo se ha invertido esa pirámide, siendo poco frecuentes los niños y más abundantes los abuelos.

Pirámides poblacionales
de España en 1900 y 2007

No es intención mía sembrar la alarma. Es como queremos que sea, pero hay que adaptarse a estas situaciones, saber dónde estamos y buscar soluciones antes de que se presenten los problemas. 




viernes, 2 de junio de 2017

Genes compartidos

Cuando digo que tengo primos o hermanos, quiero decir que tengo parientes. Que unos individuos sean parientes, implica que comparten progenitores y cuanto más próximos sean esos ascendentes, (padres, abuelos), más intenso es el grado de parentesco que nos une. A veces, en algún coloquio sobre evolución me preguntan si procedemos de los monos. En tales casos digo que no, pero que ambos grupos tenemos ascendentes comunes. Somos parientes desde un punto de vista filogenético.


Porque, con una visión genética, ¿qué significa compartir ascendentes? Significa compartir genes, ni más ni menos. Copias idénticas de genes que proceden de los progenitores comunes que por una u otra vía de descendencia llegan a nosotros y a nuestros parientes. El grado de parentesco implica la proporción de copias de genes compartidas.

Es como la herencia de los apellidos. Hace un tiempo, estaba yo en el pueblo de mi padre, donde nunca he estado más de una tarde, y al presentar ante una dependencia de la Administración los datos paternos, hubo quien dijo que con aquellos apellidos, no podía ocultar mi procedencia. Genes y apellidos. Antes, cuando había poca movilidad personal y la gente no se movía de sus lugares de origen, a la larga, todos eran parientes más o menos próximos. Compartían apellidos, como es posible ver en las lápidas de las partes antiguas de los cementerios, pero también compartían genes. Esa situación de compartir genes por proceder de antepasados comunes se llama consanguinidad, he hablado de ella en diversas ocasiones y puede tener efectos perniciosos.

Por otra parte, en biología evolutiva se tienen muy en cuenta algunos parámetros relativos a la reproducción y al altruismo. Existe un instinto muy fuerte a reproducirse y eso tiene un sentido, también muy fuerte, biológico. Es el instinto de reproducción, que también podemos verlo como un instinto de procurar que los genes propios estén presentes en la generación siguiente, contribuyendo a formarla. 

A veces encontramos casos de sacrificio por parte de progenitores, o familiares, de seres jóvenes, infantiles, que pueden ser enjuiciados como actividades tendentes a favorecer la presencia de los genes propios en la generación siguiente. Los hijos ya se han tenido, ahora hay que procurar que lleguen a adultos y se reproduzcan. A estas actividades de sacrificio les llamamos altruismo y, en general, cuanto menos es el grado de parentesco, menor es también la proporción de genes compartidos, y menor también la intensidad del altruismo. El altruismo de padres hacia hijos es mucho más intenso que el de tíos con relación a sus sobrinos. También comparten menos genes.

He dicho anteriormente “genes y apellidos” Lo genes son entidades biológicas, mientras que los apellidos son culturales, pero en muchos aspectos hay gran paralelismo. En muchas ocasiones, tratando situaciones humanas, es difícil diferenciar si algunos componentes son debidos a herencia biológica o cultural, o si ambos aspectos tienen su influencia en esas herencias. 

Pero la dimensión cultural también genera situaciones de altruismo. Todos conocemos la dimensión de las ayudas proporcionadas a paisanos desconocidos, pero con quienes nos une eso, proceder de un mismo lugar, sin importar la dimensión del lugar de procedencia, sea aldea, pueblo, ciudad o país. Compartimos historia, costumbres, cultura y eso genera solidaridad. No somos parientes en estos casos, pero somos paisanos, también con historia común.

El instinto de supervivencia es muy intenso y se refiere a los individuos y tiene a ellos mismos como objeto. El de reproducción es igualmente intenso, pero aunque tiene como sujeto a los individuos, su objeto biológico es la generación siguiente. El instinto de reproducción, en cada especie, tiende a su mantenimiento, a que siempre aparezca una siguiente generación. De ese modo se perpetúan las especies. 


Ahora, mediado el año 2017, llevamos mucho tiempo en que vemos desastres humanitarios con decenas o centenares de muertos. Cuando tal desgracia ocurre, siempre se nos hace ver el número de mujeres y de niños muertos. ¿A qué se puede deber este detalle pormenorizado? Como biólogo, lo veo muy claro, aunque otros lo vean de modo diferente. Puede que algunos lo vean como una información complementaria de la crueldad humana, al indicarnos el número de las víctimas indefensas, pero pienso que cuando mueren a consecuencia de una bomba, o el hundimiento de una patera, todos estaban indefensos. 

Tal vez, sin saberlo, estamos teniendo en cuenta algunas dimensiones biológicas del desastre, pues de una población de tantas personas, han desaparecido tantas posibles madres gestantes, disminuyendo la capacidad reproductiva de esa población, y se han matado a tantos miembros que ya eran parte de la generación siguiente, la que empezaba a vivir gracias al posible cuidado de unos progenitores, también desaparecidos. No olvidemos que los niños ya forman parte de la generación siguiente a la nuestra.

Me conmueven, como creo que a todos, los datos de muertos por mil motivos violentos. Pero me afectan de un modo especial los niños, en edad de vivir como tal, errantes hoy en día por Europa, careciendo de una mano que los guíe hacia un destino para ellos inexistente. Niños cuyo número se cifra en decenas de miles y que, tal vez, están irremediablemente desaparecidos en lugares que ni sé cómo nombrar. Siendo yo muy niño, vi una película llamada “Los ángeles perdidos”. Trataba de niños perdidos en la Alemania nazi. Era una historia muy triste, de llorar, pero había final feliz, de película. En esta Europa nuestra de hoy, temo, creo, que el final feliz está ausente. Es muy posible que esos niños hayan adquirido la consideración de mercancía en manos perversas.

No lo olvidemos
Me duele muy profundamente, porque esos niños, junto con otros que son de mi familia, de mi pueblo y de mi país, estaban destinados a protagonizar la situación mundial de mediados del siglo XXI, a participar, en la medida de sus posibilidades, en las tomas de decisiones pertinentes.

Me duelen porque, a fin de cuentas, compartimos mucha historia. Genes, muchos iguales. Dimensión cultural, inimaginable. Por eso considero que mucho mío se pierde en una patera o entre los escombros de un atentado.

viernes, 26 de mayo de 2017

Paseos por Compostela

Mis paseos por Compostela son constantes descubrimientos. Detalles, cosas en las que antes no había reparado y que, de pronto me llaman la atención. Y no hablo, faltaría más, de nuestra Catedral, motivo de orgullo. Tampoco hablo de las múltiples iglesias, algunas de ellas muy hermosas con envidiables riquezas en su interior. Tampoco me refiero a los palacios residenciales de nobles rurales que “pusieron casa” en la ciudad, como el Pazo de Amarante o el de Bendaña, por citar algunos.

Viendo a la gente pasar

No, me refiero a esos pequeños detalles que hacen que los paseos sean más agradables y que les confieren un cierto aire de descubrimiento. Un día, paseando con un entrañable amigo, descubrimos la cabeza de un obispo en una pared. Me explico, la cabeza mitrada era de piedra y tal vez procedía de alguna lápida sepulcral, de un obispo o abad, del derruido monasterio de San Pedro. Allí quedó la losa hasta que, pasado algún tiempo, a alguien se le ocurrió ponerla al descubierto y en el mismo lugar permanece para quien quiera verla. Puesto que tenemos una cierta tendencia a “la parejita” en todo, tampoco falta la cabeza femenina, tal vez con similar origen. Cosas de templos, monasterios, piedras y desamortizaciones. Siempre que se dan juntas estas circunstancias, aparecen vestigios similares.


Ella, más retirada, más discreta

Otra cosa es encontrarse con una espadaña en lo alto del tejado de una vivienda familiar. La espadaña no se ve muy bien, pero si uno presta su atención al detalle, la ve y la fotografía. Cosas que hay en nuestras calles y que, tal vez, sólo observamos los compostelanos.


En relación de vecindad


Un detalle muy ciudadano son las marcas esculpidas en muros, que indican a quien quiera verlas a qué entidad o congregación pertenecieron tales edificios. En casas de toda la ciudad (casco antiguo, claro), hay vieiras que nos indican que pertenecieron a la Catedral y que como tal, el Cabildo Catedralicio imprimió en ellas su impronta. Luego, las señales van por barrios. Cerca de los edificios de la Universidad abundan las señales propias de Fonseca, y, por citar otro caso, en los alrededores de San Martin Pinario, podemos apreciar las señas propias del monasterio.

Sorpresa total
Hace muy pocos días me encontré con una señal completamente desconocida para mí en esta ciudad. Yo creía conocer muchas, pero no. En un dintel, había una luna en fase menguante. No tengo ni idea de a qué entidad o comunidad pueda corresponder, pero allí está, solitaria en la ciudad. Digo solitaria porque no la he visto en ningún otro lugar.

Tampoco deja de llamarme la atención un pequeño portal, bonitamente restaurado, con dos peldaños en su acceso y con una indicación clara, en el dintel de la puerta, de su pertenencia a la Cofradía de la Concepción. Normalmente estas señales se pusieron en edificios singulares y valiosos, por eso siempre miro ésta con una cierta simpatía, suponiendo que encierra un por qué, que se me escapa y que, tal vez, tampoco quiera yo conocer.

El portalito con dueño indicado
Pasear por Compostela. Tal vez a muchos les parezca normal hacerlo entre palacios y casas asombrosas, hechas para ser admiradas y envidiadas. Barroco, magnitud y granito. Siglo XVIII. Escudos que se esculpieron o no, pero en este caso allí quedan las piedras esperando a unos canteros que no llegan.

Modernismo elegante

En curioso, en toda Galicia, al menos hasta donde yo conozco, hubo una explosión modernista en las construcciones de principios del siglo pasado. No obstante, en Compostela no cuajó ese modo ornamental. Sólo conozco un buen edificio y algunas viviendas unifamiliares desperdigadas por algunas calles casi periféricas. También es posible encontrarse con algunas puertas de portales e, incluso, zócalos de cortos pasillos en accesos de vivendas. 

Portal modernista
Parece como si hubiese sido un estilo reñido con la grandiosidad compostelana. Las grandiosidades, a veces, corren el peligro de hacerse excluyentes, pero no es el caso en esta ciudad.

Puerta modernista. No se corresponde con el portal
que presento.
Compostela creció como un aglomerado de capas, cada una de ellas propia de una época. Cada capa tiene sus señas de identidad y, con ojos avisados, es posible irlas desentrañando una a una. Las vemos como testigos de una historia a veces, incluso, plasmada en los nombres de sus calles: Preguntoiro, Franco, Casas Reales, Rúa Nova, Loureiros. Allí, aquí, están para quien las quiera ver y desentrañar. Yo las suelo recorrer mirándolas con cariño, como acariciando con la mirada.

lunes, 22 de mayo de 2017

A modo de estrambote

Unas entradas más atrás en este mismo blog, y bajo el título de "Cosas de poca importancia", hablaba de hermosas barandillas que es posible ver en balcones de Lugo.

Entre otras, presenté una foto en la que, según mi opinión, aparece la que creo que es la baranda más bonita. Puse una foto suya sin restaurar, comentando que una vez restaurada, se hace más difícil apreciar algunos detalles de su ornamentación.

La foto que puse. Se aprecian nudos y borlas
Como no he quedado muy convencido de esto, he vuelto a verla, la he fotografiado, así como una vista de la fachada de la casa en la que se encuentra, y hoy traigo aquí esas fotos.

Tal como está en la actualidad. Restaurada
Realmente, las barandillas han ganado mucho con la labor que se ha hecho con ellas. Incluso se han puesto bolas de bronce en los ángulos de los reposabrazos. El conjunto ha ganado mucho, aunque sostengo que antes era posible apreciar mejor el dibujo imitando la red.

Traigo aquí las fotos para que cada uno opine sobre un antes y un después.


Aspecto general de la fachada restaurada.



viernes, 19 de mayo de 2017

Los seres vivos nacen

Desde la escuela sabemos que los seres vivos "nacen, crecen, se reproducen y mueren". Este aforismo es muy general y mantiene toda su actualidad en Biología. Creo que será bueno volver a comentar cada una de estas actividades.



HA NACIDO
En Biología es difícil que existan definiciones aplicables por igual a la totalidad de seres vivos. Es lo que ocurre cuando queremos indicar en qué consisten algunas actividades vitales. Por ejemplo éste de la que hablo, "nacer".

Si recurrimos al diccionario de la RAE y consultamos el significado del término, nos dirá que nacer consiste en "salir del vientre materno". No lo dudo, pero la definición se está aplicando exclusivamente a mamíferos. Otra acepción que ofrece nos dice que "nacer" es "salir del huevo", muy acertada cuando se aplica a animales que tienen este medio de reproducción, como aves, peces y muchos invertebrados como insectos, crustáceos y arácnidos. Tratándose de vegetales, nos dice que "nacer" consiste en empezar a "salir de la semilla". También estamos conformes con esta definición, aunque volvemos a encontrar que no es de aplicación a la totalidad de vegetales, pues muchos de ellos no se reproducen por semilla.


HA NACIDO
Es curioso que las tres definiciones hablan de "salir". ¿Qué nos puede indicar el verbo utilizado en estos casos? Podemos pensar que "salir" nos habla de un nuevo ser, el que nace, que "sale" al mundo y abandona el lugar en que se desarrolló, donde llevó a cabo su proceso embrionario, para comenzar a vivir su propia historia como ser autónomo. Para mi forma de pensar, esa autonomía adquirida en ese momento, es lo que confiere un valor especial al "salir" y por tanto, al "nacer". Como consecuencia de ese proceso, ha aparecido un nuevo ser completamente autónomo y con capacidad para serlo. Tal vez ese “salir” del vientre materno, o del huevo o de la semilla, venga implícito en el “dar a luz” que se aplica a las madres humanas cuando generan un nacimiento. Su hijo ha “salido” a la luz. Sea como sea, tenemos que los seres vivos “nacen” de una u otra forma. Es decir, tienen un principio.


HA NACIDO
Estas definiciones están restringidas a los que nacen como consecuencia de cualquier proceso de reproducción sexual, pero ¿qué decimos de los seres, animales y vegetales, que aparecen como consecuencia de procesos asexuales? 

Hablaré de tales procesos alternativos en otras ocasiones, pero ahora pensemos en uno sencillo, conocido por todos, como es la reproducción por escisión, o por esquejes, que aunque muy utilizada por el hombre, no es un proceso artificial. Más bien es un proceso común entre determinadas especies en la Naturaleza, que lo tienen como medio alternativo al sexual. Imaginemos que en un vendaval se desprende una rama de un sauce, por ejemplo, o de un chopo. Esa rama desgajada está destinada a desecarse y morir si no llega a un terreno barroso, de modo que quede semienterrada en él. En caso de caer entre barro, es posible que la rama enraíce comenzando a ser un individuo con vida propia. ¿Decimos que ha nacido? Yo no lo diría, pero sí que hay un nuevo ser biológicamente autónomo. Ocurre con cualquier planta generada a partir de un esqueje. Se me hace difícil decir que ha nacido, pero la verdad es que hay un nuevo ser.


HAN NACIDO
En organismos que viven formando colonias, caso de corales o fresas, por ejemplo, es difícil decir cuándo nace cada individuo y tal vez el concepto de "nacer" se limite al ser originario, fundador de la colonia, mientras que sus nuevos miembros aparecen por procesos alternativos al nacimiento.

Los seres vivos, de un modo u otro, nacen. Los modos son muy diversos y si bien hay casos en los que se puede hablar con rigor de nacimientos, en otros el término queda más ambiguo. Pero siempre podemos decir que los seres vivos tienen una historia autónoma, con un principio concreto capaz de ser datado en el tiempo. En ese momento está su origen como ser individual, aunque a veces no podamos hablar de nacimiento.
Podemos decir que la historia de cada ser vivo concreto, tiene un comienzo datable en el tiempo. Creo que esa afirmación es correcta.
Hay una cosa muy importante y concreta, que quiero comentar ahora. Aunque los seres vivos somos diferentes, y esa diferencia puede llegar a ser tremenda, tanto en un momento dado como a lo largo de la historia de los seres vivos, todos disfrutamos del mismo tipo de actividad biológica que llamamos vida. Somos diferentes en morfología, estructura, en el tiempo en que vivimos, pero compartimos la misma actividad biológica, y compartimos las mismas características de seres vivos


viernes, 12 de mayo de 2017

Cosas de poca importancia

Mis paseos por Lugo suelen ser sosegados, sin prisas. Para acceder al centro, necesariamente he de entrar por alguna puerta de la Muralla (las murallas, en plural, dicen los pretenciosos), y nunca dejo de admirar su belleza en múltiples aspectos. Me gusta desde la estructura de sus muros a las alturas que alcanza y, en general, me gusta su presencia en la ciudad y la serenidad que transmite.

La ciudad, la Lucus augusti romana, guarda vestigios de épocas pasadas. No muchos, la verdad, y muy desperdigados. El interior de muralla está muy deteriorado debido a las múltiples invasiones de cementos, hormigones, especulaciones y ladrillos. Podría decir que es lo que hay o, mejor, es lo que queda. Nadie me lo ha dicho, pero debió haber familias ricas en la época romana. Eso se nota en la magnificencia de los restos encontrados, dimensiones de las casas, diámetros de las columnas y los numerosos mosaicos. Que fue gente culta lo deducimos gracias a las máscaras de teatro que vemos en el museo del Carmen, un museo que recoge piezas de la vida cotidiana de los lucenses de entonces, como vajillas bien elaboradas (Terra sigillata), joyas o piezas de juegos familiares, como dados, fichas y un tablero para juegos. Visitas evocando lo ido.

Hay diversos museos en los que están custodiados los vestigios de nuestra vida. Pero no voy a ellos de modo constante. El paseo por la muralla es algo muy singular que es necesario hacer. En otras ocasiones paseo por las calles, y me entretengo mirando las casas, sus ventanas, sus balcones. Tal vez haya quienes menosprecien este detenerse y deleitarse en estos bienes patrimoniales que nos indican cómo vivieron nuestros antepasados recientes, los que nos han dejado la ciudad tal como la tenemos y disfrutamos.

Balaustres aislados, lujosamente hermosos

Fachadas, portales, ventanas y balcones. En Lugo, siendo una ciudad lluviosa, existen multitud de balcones de muy diversa estructura, siempre protegidos por sus correspondientes barandillas y balaustradas, que son diversas y profusamente bonitas. Las hay de balaustres verticales adornados de modo elegante, pero muchas otras, la mayoría de ellas, definen entrelazados artísticos originales y bonitos de contemplar. Siempre en la zona monumental, claro. Fuera de muralla, los metales recientemente añadidos a las estructuras arquitectónicas, aparecen tal como lo que pretenden: un deseo, tal vez, de realizar una función, que a veces se consigue.

Modernistas
Las casas de dentro de muralla tienen balcones con barandillas para proteger a quienes se asomasen a ellos, pero también para adornar y conferir personalidad al edificio. En todas, desde las más antiguas del siglo XIX, hasta las recientes de mediados del XX, aparece ese afán de presentarse con dignidad ante los habitantes. La belleza que confieren a las calles está ahí, a disposición de quienes las quieran admirar. Me gusta admirarlas.

Filigrana serena
Las hay, algunas, de balaustres independientes, elegantes y muy adornados, que confieren un aire bonito de serenidad y elegancia a la barandilla, y más aún cuando son muchos los balcones que hay en la fachada en vez de uno solo, que hubiese podido aparecer corrido a lo largo de toda ella. Otros, muchos, hacen diversas filigranas recubriendo todo el vano del balcón. Aparecen los dibujos de forja como enmarcados entre los prismas de granito que anclan la barandilla en sus extremos. De estos hay muchos y muy diversos. Algunos representan dibujos geométricos sin más y otros, modernistas ellos, imitan canastillas de flores que se esparcen u otras figuras más o menos estilizadas.

La que más me gusta

La que más me gusta (líbreme de decir “la más bonita”, yo no soy quién para implantar categorías), es una que imita una red con sus nudos y sus borlas. Este ejemplar es el único que conozco en la ciudad de Lugo, aunque hay otro, más largo, en Palas de Rei. Aunque la presento en una foto en la que aparece algo ajada, hoy está bien restaurada, pero con color negro. Pongo esta foto con pintura plateada, pues en ella se aprecia bien lo elaborado del trabajo.

Balaustres y dibujo central de fleje

En las casas más antiguas entre las antiguas, existen unas barandillas bonitas, con balaustres gruesos que aparecen en sus laterales, mientras que los tramos centrales están formados por hermosos dibujos hechos con flejes. Debido al modo de trabajar los flejes, los dibujos no presentan tanta filigrana como presentarían en caso de ser de forja.

Baranda con refuerzos laterales y dibujo central. En los ángulos de los refuerzos hay palomas de forja

Por otra parte, tenemos unos casos bonitos de barandillas lucenses, pues cuando son largas, y para conferirle estabilidad, cada cierto tramo se levanta vertical una pértiga de hierro que, después de alcanzar una determinada altura, gira en ángulo recto hacia la pared y se ancla en ella. El vértice descrito por la pértiga de sujeción puede presentar algún tipo de adorno. En algunos casos, el adorno lo pueden constituir siluetas de flores de lis o imitaciones de corolas de tulipanes. Adornos dignos sin mayores pretensiones. Pero hay una plaza en Lugo, la do Campo, en la que estos adornos son figuraciones de palomas en diversas posiciones, o bien reposando o emprendiendo el vuelo. Es curioso, pero este tipo de ornamentación sólo lo he visto en Lugo en esa plaza do Campo y en una calle aledaña, en una casa recientemente restaurada. Menciono este detalle de la reciente restauración, porque no sé si en su modo original este balcón contaba con las palomas o si carecía de ellas. Sea como sea, allí están dispuestas a emprender el vuelo y a alegrar la vista de quien repara en ellas.

Palomas en los refuerzos de una reja con dibujo de forja en su parte central

Sí, dedico mi tiempo a contemplar estas cosas, y otras similares, cuando paseo por Lugo. Porque no disponiendo de grandes monumentos que atraigan mi curiosidad, salvando la muralla, mil veces mirada y mil veces admirada, tengo que, como diría mi amigo León Felipe, fijar mi atención en “cosas de poca importancia”, aunque a muchos les parezcan nimiedades.

Detalle de la foto anterior

Ver también  "A modo de estrambote"

viernes, 5 de mayo de 2017

Sombras efímeras

A veces, en mis paseos por Santiago, Lugo u otros lugares, me entretengo en las visiones de lo efímero. Lo caduco generado por lo permanente. He dicho en otras ocasiones que el sol juega un importante papel en el barroco de estas tierras, con sus efectos de luces y sombras.
Es curioso cómo en algunos rincones urbanos se generan unas sombras hermosas, duraderas sólo en la memoria o en fotos, pues en su vida real no suelen duran más de unos cuantos minutos como mucho. Fotos de rejas, de balaustradas, de faroles de balcones. De soportes rígidos proyectados sobre paredes o el suelo. Pero siempre perecederas.

Compostela

Las sombras corren a lo largo de las paredes, hay momentos en los que adquieren gran belleza, junto con el objeto que las proyecta, con el que definen un conjunto hermoso y luego desaparecen. Unos instantes que al día siguiente se repetirán para deleite de quienes las disfrutamos. Otros pasarán ante ellas sin apenas darse cuenta de que están allí, como esperando su contemplación pero pasando desapercibidas.


La sombra casi se escapa

Son imágenes ciudadanas no buscadas, aparecidas como por ensalmo, pues quiero creer que los constructores de barandillas, borduras o soportes nunca contemplaron la posible belleza de sus sombras. Aparecieron casi sin ser llamadas, pero hoy son un componente más de una belleza armónica que está en una ciudad, la que sea, como en oferta para quienes las sepan apreciar. 



Me refiero a sombras producidas por el sol, son las sombras que se mueven, las que están reñidas con los días de lluvia y las que aparecen en determinados meses, pues dependen de la altura del sol sobre el horizonte. Todas esas variables inciden en la existencia o no de una sombra y, claro, de su belleza. Aunque en ésta, su belleza, es determinante la del soporte rígido que la genera.
Elegancia lucense
A quien las quiera ver, les recomiendo que vayan a eso, a verlas. Que se echen a la calle a mirar, con la ilusión de encontrar, una ilusión nunca defraudada. Pero el sol no espera y unos minutos de demora hace que la sombra ya no esté, que haya que esperar al día siguiente para encontrarse con ella, si es posible. No siempre vuelven a coincidir las variables que propiciaron que hoy sí, que estuviese la sombra en su sitio y a su hora. 

Rotundidad en Lugo
Qué efímero es el tiempo ese. La ocasión la pintan calva, decían los latinos. Tampoco esto es una ocasión, pero sí es un instante de esos que en la vida conviene aprovechar. Más de un sabio dice que no se arrepiente de nada de lo que hizo, pero sí lamenta algunas cosas que dejó de hacer. Tampoco es eso. Nuestras ciudades son ciudades hermosas con o sin sus sombras, y quien marche llevará el recuerdo, hermoso también, de sus callejeos por las zonas monumentales, sus rúas, su catedral, sus plazas y su gastronomía. Entre tanto recuerdo, las sombras de las que hablo constituyen matices que tal vez aprovechen para dejar algún acento de originalidad al paisaje urbano, pero sólo eso. 

Serenidad compostelana
No obstante, es bonito descubrirlas al pasear por los sitios adecuados y a las horas también adecuadas. Al final, resultan familiares en el paisaje urbano.

Me gustan las sombras de las farolas adosadas a las paredes mediante soportes rígidos. En momentos determinados, farolas y soportes se proyectan generando un atractivo conjunto que, conforme el sol se va desplazando, va corriendo también. Siempre hay un de momento de especial belleza sobre las paredes.

Balcones, faroles y barandillas lucenses

También me gustan los balcones y sus barandillas. Los balcones, cuando sobresalen de las fachadas, con sus barandas, confieren aspectos insospechados que vienen a ser adornos para unas fachadas ya hermosas de por sí. Hermosas también en invierno, cuando están desprovistas de esos adornos regalados por el sol.

Traigo unas cuantas fotos de estas sombras, pero cualquiera que mire con ojos atentos, encontrará mil detalles inesperados ante los que antes se ha pasado sin percibir esa belleza en las paredes. 

Fachada del Monasterio de San Clodio.

En todos esos casos, es una belleza efímera y, por tanto, me gusta calificarla como barroca.

viernes, 28 de abril de 2017

Este Planeta nuestro

Parece que los Polos se derriten. Es decir, el hielo que hay en los Polos terrestres. Eso, que podría parecer una anécdota secundaria, tiene su importancia, pues el agua que aparece como consecuencia del deshielo se queda en los océanos, haciendo que suba su nivel. 

Tampoco es tanto, pero no falta quien diga que, como el proceso parece imparable, podría subir el nivel de los océanos de modo ostensible generando cuantiosas pérdidas económicas. No pocas estructuras turísticas quedarían bajo el agua, así como muchas localidades ribereñas de todo el mundo. Unas pérdidas económicas incalculables. Tal vez no muchas vidas, puesto que, al ser un proceso relativamente lento, no cogería a nadie desprevenido.


Tampoco es algo que nos sorprenda mayormente. Por todas partes aparecen noticias relativas a un cambio climático que se está produciendo de modo rápido, si hablamos en términos geológicos. Noticias coherentes entre ellas, sin que haya ninguna discordante. Por ejemplo, en Lugo han aparecido cigüeñas desde hace unos años y ya vienen puntuales a sus citas de finales de enero (Por San Blas, la cigüeña verás). Antes vivían en climas más templados, ahora parece que viven bien en el nuestro, y se reproducen también bien. Por otra parte, los aficionados a las setas, están encontrado especies que antes aparecían en terrenos más cálidos. Dos datos coherentes. Datos climatológicos los hay a montones, todos ellos coincidiendo en que las temperaturas se están elevando, generando como consecuencia pérdidas económicas grandes en agricultores y ganaderos.

De los ganaderos, mejor no hablar. Los hay que están vendiendo sus ganados por no disponer del dinero necesario para comprar pienso. Antes, los prados producían hierba suficiente para varias siegas y se podía ensilar la hierba cortada para abastecerse en verano. Ahora no llueve, la hierba no crece y los silos están vacíos. La pérdida económica es ruinosa. Podría citar casos similares hasta agotar la paciencia de quien me lea. 

FONDO DE EMBALSE 

Es curioso, en todos los casos que cito termino hablando del desastre económico. Al planeta Tierra no le ocurre absolutamente nada. Está pasando una mala racha por causa de una especie alocada, la nuestra, pero ya se volverá a equilibrar, tal vez cuando no estemos aquí. Hace años, el químico James Lovelock formuló la hipótesis Gaia, según la cual nuestro planeta es capaz de autorregularse e ir cambiando lentamente. En verdad nada hay totalmente estable a lo largo de los tiempos geológicos, según los cuales un millón de años es como un suspiro nuestro. Estamos, los humanos, muy acostumbrados a utilizar nuestras medidas como pautas de todo cuando estudiamos magnitudes más grandes, por eso los tiempos geológicos nos suenan a inexistentes o de ciencia ficción. Pero son muy reales. 

PANGEA, HACE 250 MILLONES DE AÑOS 

Según la hipótesis Gaia, la Tierra siempre ha estado regulada por sus propias posibilidades, generando toda la diversidad que conocemos, tanto biológica como geológica. El antiguo continente Pangea (de hace 250 millones de anos), ha derivado en la configuración actual de tierras emergidas, lo mismo que los primitivos seres vivos han dado lugar a la gran diversidad que vemos hoy, evolución mediante. 

Siempre la Tierra ha estado sometida a modificaciones generadas por su mismo proceder, pero fueron cambios lentos, pequeños, que no llegaron a situaciones extremas y siempre regulados por el planeta. Por ejemplo, el CO2 atmosférico procedió de la propia actividad terrestre, como erupciones volcánicas, respiración de seres vivos, etc., que se recicló mediante la función clorofílica de los vegetales que cubrían la superficie del planeta. Todo compensado y armónico. Los grandes, e insólitos, acúmulos actuales de CO2 en la atmósfera, proceden de actividades humanas, industrial, transportes, etc. La Tierra no está preparada para reciclar esa gran cantidad de gas que se lanza a su atmósfera y como respuesta comienza a calentarse, acarreando todos los efectos derivados, indeseables y que vamos conociendo. Mucho menos preparada está si tenemos en cuenta la tremenda deforestación que se ha generado debido, también, a obras humanas. Los bosques perdidos serían los encargados de reciclar algo del CO2 atmosférico producido, pero ya no hay esos bosques. 
DINOSAURIOS, UNA EXTINCIÓN NATURAL

Tal vez, y sin tal vez, estamos cometiendo un fallo tremendo que tiene su origen en creernos propietarios del Planeta para hacer en él, y con él, todo cuanto nos place, desde bombas aterradoras capaces de emular a movimientos sísmicos, hasta propiciar extinciones salvajes o vertidos a la atmósfera o a las aguas de substancias contaminantes capaces de destruir en poco tiempo lo que, de modo natural, se ha tardado miles y miles de años en construir. 

Porque pensamos que la Tierra está quieta, que no evoluciona, que siempre ha estado tal como la vemos hoy. Y eso a pesar de que los datos científicos de diversa índole indican la contrario. Los continentes se desplazan lentamente y emergen nuevas tierras a la vez que otras se hunden. La historia de la vida es una sucesión de generaciones con apariciones de nuevos grupos y desapariciones de otros. Parece que nadie tiene esto en cuenta y se planifican actuaciones de diverso tipo, que son auténticas agresiones al entorno. 

Hay especies integradas en los ecosistemas con funciones concretas, como polinizar o dispersar semillas, por ejemplo. Nosotros, desde que comenzamos a utilizar nuestra inteligencia, hemos explotado el entorno de modo salvaje, sin mayor miramiento ni respeto hacia él. Ahora comenzamos a sufrir sus consecuencias, al constatar por parte de algunos la sobreexplotación de los recursos naturales. También es ahora cuando algunos ponen el grito en el cielo. 

En los ejemplos que enuncié al principio de este artículo, comentaba los efectos económicos de las catástrofes. No mencioné ningún efecto geológico, porque no lo hay. Así de simple. Hay especies que sufren las consecuencias de los cambios, pero no parece importar mucho a quienes tienen capacidad para atajar ese desastre. Sólo las economías se resienten. Unos poderosos e incontestables productos monetarios y de poder originados por una inteligencia que es posible que estemos desaprovechando o utilizando con fines retorcidos.

Digo esto porque a veces me pregunto si esta inteligencia nuestra ha sido o no ha sido, a grandes líneas, beneficiosa para la historia de la Humanidad y del planeta Tierra.