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viernes, 28 de abril de 2017

Este Planeta nuestro

Parece que los Polos se derriten. Es decir, el hielo que hay en los Polos terrestres. Eso, que podría parecer una anécdota secundaria, tiene su importancia, pues el agua que aparece como consecuencia del deshielo se queda en los océanos, haciendo que suba su nivel. 

Tampoco es tanto, pero no falta quien diga que, como el proceso parece imparable, podría subir el nivel de los océanos de modo ostensible generando cuantiosas pérdidas económicas. No pocas estructuras turísticas quedarían bajo el agua, así como muchas localidades ribereñas de todo el mundo. Unas pérdidas económicas incalculables. Tal vez no muchas vidas, puesto que, al ser un proceso relativamente lento, no cogería a nadie desprevenido.


Tampoco es algo que nos sorprenda mayormente. Por todas partes aparecen noticias relativas a un cambio climático que se está produciendo de modo rápido, si hablamos en términos geológicos. Noticias coherentes entre ellas, sin que haya ninguna discordante. Por ejemplo, en Lugo han aparecido cigüeñas desde hace unos años y ya vienen puntuales a sus citas de finales de enero (Por San Blas, la cigüeña verás). Antes vivían en climas más templados, ahora parece que viven bien en el nuestro, y se reproducen también bien. Por otra parte, los aficionados a las setas, están encontrado especies que antes aparecían en terrenos más cálidos. Dos datos coherentes. Datos climatológicos los hay a montones, todos ellos coincidiendo en que las temperaturas se están elevando, generando como consecuencia pérdidas económicas grandes en agricultores y ganaderos.

De los ganaderos, mejor no hablar. Los hay que están vendiendo sus ganados por no disponer del dinero necesario para comprar pienso. Antes, los prados producían hierba suficiente para varias siegas y se podía ensilar la hierba cortada para abastecerse en verano. Ahora no llueve, la hierba no crece y los silos están vacíos. La pérdida económica es ruinosa. Podría citar casos similares hasta agotar la paciencia de quien me lea. 

FONDO DE EMBALSE 

Es curioso, en todos los casos que cito termino hablando del desastre económico. Al planeta Tierra no le ocurre absolutamente nada. Está pasando una mala racha por causa de una especie alocada, la nuestra, pero ya se volverá a equilibrar, tal vez cuando no estemos aquí. Hace años, el químico James Lovelock formuló la hipótesis Gaia, según la cual nuestro planeta es capaz de autorregularse e ir cambiando lentamente. En verdad nada hay totalmente estable a lo largo de los tiempos geológicos, según los cuales un millón de años es como un suspiro nuestro. Estamos, los humanos, muy acostumbrados a utilizar nuestras medidas como pautas de todo cuando estudiamos magnitudes más grandes, por eso los tiempos geológicos nos suenan a inexistentes o de ciencia ficción. Pero son muy reales. 

PANGEA, HACE 250 MILLONES DE AÑOS 

Según la hipótesis Gaia, la Tierra siempre ha estado regulada por sus propias posibilidades, generando toda la diversidad que conocemos, tanto biológica como geológica. El antiguo continente Pangea (de hace 250 millones de anos), ha derivado en la configuración actual de tierras emergidas, lo mismo que los primitivos seres vivos han dado lugar a la gran diversidad que vemos hoy, evolución mediante. 

Siempre la Tierra ha estado sometida a modificaciones generadas por su mismo proceder, pero fueron cambios lentos, pequeños, que no llegaron a situaciones extremas y siempre regulados por el planeta. Por ejemplo, el CO2 atmosférico procedió de la propia actividad terrestre, como erupciones volcánicas, respiración de seres vivos, etc., que se recicló mediante la función clorofílica de los vegetales que cubrían la superficie del planeta. Todo compensado y armónico. Los grandes, e insólitos, acúmulos actuales de CO2 en la atmósfera, proceden de actividades humanas, industrial, transportes, etc. La Tierra no está preparada para reciclar esa gran cantidad de gas que se lanza a su atmósfera y como respuesta comienza a calentarse, acarreando todos los efectos derivados, indeseables y que vamos conociendo. Mucho menos preparada está si tenemos en cuenta la tremenda deforestación que se ha generado debido, también, a obras humanas. Los bosques perdidos serían los encargados de reciclar algo del CO2 atmosférico producido, pero ya no hay esos bosques. 
DINOSAURIOS, UNA EXTINCIÓN NATURAL

Tal vez, y sin tal vez, estamos cometiendo un fallo tremendo que tiene su origen en creernos propietarios del Planeta para hacer en él, y con él, todo cuanto nos place, desde bombas aterradoras capaces de emular a movimientos sísmicos, hasta propiciar extinciones salvajes o vertidos a la atmósfera o a las aguas de substancias contaminantes capaces de destruir en poco tiempo lo que, de modo natural, se ha tardado miles y miles de años en construir. 

Porque pensamos que la Tierra está quieta, que no evoluciona, que siempre ha estado tal como la vemos hoy. Y eso a pesar de que los datos científicos de diversa índole indican la contrario. Los continentes se desplazan lentamente y emergen nuevas tierras a la vez que otras se hunden. La historia de la vida es una sucesión de generaciones con apariciones de nuevos grupos y desapariciones de otros. Parece que nadie tiene esto en cuenta y se planifican actuaciones de diverso tipo, que son auténticas agresiones al entorno. 

Hay especies integradas en los ecosistemas con funciones concretas, como polinizar o dispersar semillas, por ejemplo. Nosotros, desde que comenzamos a utilizar nuestra inteligencia, hemos explotado el entorno de modo salvaje, sin mayor miramiento ni respeto hacia él. Ahora comenzamos a sufrir sus consecuencias, al constatar por parte de algunos la sobreexplotación de los recursos naturales. También es ahora cuando algunos ponen el grito en el cielo. 

En los ejemplos que enuncié al principio de este artículo, comentaba los efectos económicos de las catástrofes. No mencioné ningún efecto geológico, porque no lo hay. Así de simple. Hay especies que sufren las consecuencias de los cambios, pero no parece importar mucho a quienes tienen capacidad para atajar ese desastre. Sólo las economías se resienten. Unos poderosos e incontestables productos monetarios y de poder originados por una inteligencia que es posible que estemos desaprovechando o utilizando con fines retorcidos.

Digo esto porque a veces me pregunto si esta inteligencia nuestra ha sido o no ha sido, a grandes líneas, beneficiosa para la historia de la Humanidad y del planeta Tierra. 





















viernes, 18 de diciembre de 2020

Sobre nuestro planeta

Parece que los Polos se derriten. Es decir, el hielo que hay en los Polos terrestres. Eso, que podría parecer una anécdota secundaria, tiene su importancia, pues el agua que aparece como consecuencia del deshielo se queda en los océanos, haciendo que suba su nivel. 

viernes, 20 de marzo de 2020

Sobre nuestro planeta


Parece que los Polos se derriten. Es decir, el hielo que hay en los Polos terrestres. Eso, que podría parecer una anécdota secundaria, tiene su importancia, pues el agua que aparece como consecuencia del deshielo se queda en los océanos, haciendo que suba su nivel. 

viernes, 24 de agosto de 2018

Acerca de nuestro planeta.


Parece que los Polos se derriten. Es decir, el hielo que hay en los Polos terrestres. Eso, que podría parecer una anécdota secundaria, tiene su importancia, pues el agua que aparece como consecuencia del deshielo se queda en los océanos, haciendo que suba su nivel.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Agua en Marte

Podría titular esta entrada como algo relativo a la posibilidad de vida en Marte o más allá, incluso como aparición de indicios de vida en el Universo, pero no es eso ni me gusta especular sobre temas no científicos. Y digo no científicos por no comprobables hoy por hoy, teniendo en cuenta los medios de que disponemos. Por eso traigo un tema ya comprobado por la Agencia Espacial Europea (¡Europea¡) y publicado en estos días: hay agua en Marte. 

domingo, 3 de julio de 2016

Hermano lobo...

Conocí al lobo a través de Caperucita, la niña redicha que contaba a todos lo que era propio de la intimidad familiar. Luego, me llegó otra imagen del lobo al ver a San Froilán y conocer su historia. Según ésta, siendo obispo caminaba por el monte con su burro y un lobo se lo comió (al burro). El santo puso al lobo los aparejos del burro y desde entonces le sirvió con docilidad. Nadie resolvió mi duda acerca de los tamaños relativos, pues para compartir aparejos o el lobo debería ser muy grande o el burro, diminuto. Fue más tarde cuando me enteré de su encarnizada persecución.

En nuestra cultura popular, el lobo sufre de muy mala prensa. Cuando digo “nuestra”, lamentablemente me refiero a la española. En este año, 2016, alguna diputación provincial ha declarado libre de lobos a su provincia, y en algunas autonomías se autorizan batidas contra los lobos con un ciego afán de exterminarlos. Empeño en el que son secundados por gente que no tiene inconveniente en degollar lobos y colgar sus cabezas en lugares emblemáticos, como el puente de Cangas de Onís, o en cualquier otro lugar, como trofeos de caza o exponente de una crueldad desmadrada y un espíritu sanguinario, que yo creía erradicados de nuestro suelo.

BELLO, FIERO Y NOBLE

Ignoro qué se pretende conseguir matando lobos, la verdad. Si se piensa que así se protegen los ganados, quienes eso hacen deberían enterarse, y quedar bien enterados para siempre, del desastroso camino que emprenden con sus batidas. Al eliminar a esos carnívoros, dejan vía libre a los jabalíes, que campan a sus anchas por sembrados, sin predador alguno que limite sus poblaciones. 

CABEZA DE LOBO,
COBARDE TROFEO DE ESTOS DIAS

Son muchas las voces, todas ellas ponderadas, que claman ante estas batidas feroces y sin descanso contra el lobo, sin considerar para nada los efectos negativos que tendría en nuestros montes su desaparición a medio y corto plazo. Quienes quieren exterminar al lobo no consideran estos efectos, ni los conocen ni los quieren conocer. Simplemente, los desprecian.

Desde la irrupción de nuestra especie en el mundo de los seres vivos, hemos sido exterminadores. Creyéndonos propietarios del planeta, hemos hecho en él lo que nos ha parecido bien, sin tener en cuenta sus consecuencias biológicas. Hemos sido causantes de muchas extinciones por una u otra causa. Pero estas extinciones se han incrementado notablemente en los últimos ciento cincuenta años. Desconozco qué repercusiones tengan en un futuro, pero la tendrán. También hemos incidido de modo negativo en la superficie del planeta. Por citar un caso, diré que la presa de Aswan, en el río Nilo, no ha significado lo que se esperaba de ella, pues tiene mucha pérdida de agua por evaporación y, además, se ha modificado negativamente la biología del mar Mediterráneo, al perderse el aporte de agua que traía este caudaloso río en su extremo oriental. En España, todo nuestro litoral ha sido agredido por una construcción desmedida que sólo buscaba enriquecimiento a corto plazo, sin importar para nada un mínimo de respeto al entorno y a su historia, también la biológica. Tratando de promocionar paisaje, se destruyó en muchos casos de modo irreversible.

LO HAN HECHO UNOS VALIENTES

Ahora se permite la desaparición de lobos, tal vez para que los ganaderos duerman tranquilos. Serán los agricultores los que a partir de ahora sufran insomnio por temor al jabalí y a sus destrozos. Pues qué les vamos a hacer, no todos pueden dormir contentos en estas tierras. 

No creo que nuestro planeta esté para fiestas con tanta agresión de toda índole. Convendrá enseñar que su conservación equilibrada nos compete a todos, con diferentes grados de implicación según el lugar en que nos encontremos. Me duelen profundamente estas batidas contra lobos y jabalíes. Tal vez no haya maldad en quienes las organizan o las secundan. Sólo ignorancia y un legítimo deseo de defender lo propio. Pero están huérfanos de información. Tal vez entre ellos se hayan propagado bulos, a ver cuáles. Recuerdo cuando por los años cincuenta, en plena plaga del escarabajo de la patata, se decía que por las noches los tiraban desde avionetas pagadas por los fabricantes de insecticidas, para fomentar su consumo entre los campesinos. No faltaban los que lo creían, pues es muy sencillo engañar a ignorantes. Y si el engañador está bien vestido y habla fino, más sencillo todavía. Por eso añoro honrados programas educativos que indique que en este planeta no sólo hay sitio para todos, sino que, además, todos somo necesarios en él.



Mucho me temo que esta dinámica seguirá hasta que campañas educativas, seriamente educativas, orienten a la gente del campo acerca de lo que es conveniente hacer y pongan fin a esta locura criminal.Tal vez faltan unas buenas sesiones educativas por parte de personas competentes, que las hay, que sepan generarse la confianza de aquellos a quienes se quieren educar.


domingo, 10 de enero de 2016

La Tierra que nos mantiene

Hablando de evolución, se hace preciso definir tal proceso, sus fines, sus orígenes. Si nos imaginamos la historia de la vida como una obra de teatro, tenemos muchos factores que es preciso tener en consideración. Por ejemplo, se me ocurren el escenario, la obra y los actores.

CONFIGURACIÓN DE OCÉANOS Y CONTINENTES
HACE 225 MILLONES DE AÑOS
a
El primero de ellos, el escenario en el que se desarrolla la acción, es este planeta al que llamamos Tierra. ¿Qué sabemos de él, en pocas palabras? Si es el escenario en el que los seres vivos evolucionan, ¿cómo ha sido su incidencia en el proceso, si es que la ha tenido? Por otra parte, ¿ha sido siempre el mismo escenario o, por el contrario, ha cambiado a lo largo de su historia?

En relación a esta pregunta, veamos tres posturas conceptuales diferentes, que han afectado nuestra idea sobre el mismo.

- Para Aristóteles, el mundo siempre había sido igual. Es decir, no había tenido principio ni tendría fin y, sobre todo, no sufría cambios. Tal vez ni siquiera se planteó esto en profundidad.

- Según la Biblia, otra fuente de opinión, el mundo ha tenido un principio, tendrá un final y, entre ambos hechos, no sufrirá ningún tipo de modificación. Esta idea pasó a ser muy importante, pues a partir del Concilio de Trento, lo dicho por la Biblia adquirió la categoría de verdad incuestionable. Las dudas sobre cuanto apareciese en sus páginas, podrían ser consideradas heréticas.

- Hoy sabemos que el planeta Tierra ha tenido un origen, con una datación incierta, pero conocida por aproximación; tendrá un final, y en ese lapso de tiempo se modifica constantemente. Recordemos el modelo de la deriva continental propuesto por Wegener a principios del s.XX, que luego dio lugar a la hipótesis de la Tectónica de Placas, formulada a mediados del mismo siglo por científicos de muy diversas áreas de conocimiento.

LA MISMA DISTRIBUCIÓN HACE
200 MILLONES DE AÑOS
Todos recordamos haber estudiado aquellas placas de silicatos alumínicos, formando un conjunto llamado sial por las primeras sílabas de sus componentes principales, flotando sobre una masa compacta de silicatos magnésicos conocidos como sima. Los de “cierta” edad, sabemos por el bachillerato de entonces que las placas de sial se desplazan sobre las de sima, generando una configuración cambiante de mares y continentes. Este proceso, aunque a velocidades inapreciables por nosotros, continúa hoy en día de modo constante.

En esta tierra cambiante se desarrolla la historia de los seres vivos. Una historia en la que algunos datos fueron de difícil interpretación, como la naturaleza de los fósiles. Los había de dos tipos según el ser vivo fosilizado. Los que correspondían a seres aún presentes en la tierra y aquellos que representaban seres extinguidos.

Las extinciones siempre representaron un reto interpretativo, si bien afamados científicos, como Cuvier en el siglo XVIII propusieron la existencia de “grandes cataclismos” para explicarlos. El último cataclismo de esa magnitud habría sido el Diluvio Universal. (Vemos en este detalle la necesidad de referirse a la Biblia como soporte de cuanto se dijese de la Tierra y los seres vivos con tonos científicos). No obstante, un recuento de las extinciones ocurridas en la historia del planeta, indicaban que debían haber ocurrido más de treinta cataclismos, y no se disponía de datos geológicos de tal cantidad de desastres.

El siglo XIX representa un alto desarrollo de las ciencias naturales: biología y geología. Grandes geólogos pusieron las bases de una geología moderna, sobre la cual se asientan los actuales conocimientos que poseemos sobre nuestro planeta. Dejando de lado las ideas de grandes cataclismos, se propuso la teoría de las “causas actuales” que viene a decir que sobre la Tierra siempre han actuado las mismas fuerzas que actúan hoy, a saber, erosión, transporte y sedimentación. Todas las demás fuerzas son derivadas de éstas.

HACE 135  Y 65 MILLONES DE AÑOS
Sobre este planeta de superficie cambiante se ha ido desarrollando el mundo de los seres vivos. Cambios geológicos que han ocurrido, han podido tener efecto sobre los seres vivos que habitaban las zonas afectadas, como pudo haber sido la separación de la actual Oceanía o la escisión de América del Sur y África. Las poblaciones que habitaban esos territorios se vieron escindidas y, desde entonces, comenzaron una evolución independiente. Esa puede ser la base de floras y faunas singulares o diferenciadas.

Hoy día, si se quieren realizar trabajos de campo en temas evolutivos, es conveniente conocer la historia geológica de los terrenos en los que se van a centrar los estudios. Estos datos ayudan mucho a la comprensión de los datos biológicos que se vayan obteniendo. Nunca podemos desechar la historia geológica de un terreno cuando queremos reconstruir la historia de los seres vivos asentados en él.
DISPOSICION ACTUAL
En esta disposición variable, sólo pido fijarse en la posición, también variable, del ecuador y se deducirán los diferentes climas a los que ha sido sometido cata territorio concreto. Esto nos lleva a pensar en los diferentes tipos de selección que debieron sufrir los seres asentados en esas zonas y explica, también, las grandes migraciones que se produjeron en eaquellas especies que podían afrontar tales retos.

AÑADIDO
Los procesos de erosión - transporte - sedimentación, se realizan en la superficie de las placas continentales y creo ("creo", ¿eh?) que son independientes de los específicos de la tectónica de placas.

Por otra parte, a través de este escrito parece que incido en la evolución de los seres vivos situados en tierra firme y olvido a los seres de vida acuática. También los mares, como lugares en que viven los seres vivos, han sufrido modificaciones por causa de la tectónica de placas. También han ocurrido extinciones, migraciones y demás procesos similares a los que ocurren en tierras firmes.

viernes, 21 de julio de 2017

Animales y vegetales

En una entrada anterior, comenté la necesidad de comer para crecer. Realmente, con la comida y la digestión posterior, la materia orgánica que toma un ser se transforma en materia específica suya, después de un proceso más o menos elaborado. Todos necesitamos esa materia para crecer y también para nuestro propio mantenimiento, después de que el crecimiento ha cesado.

En pocas palabras, consiste en esto. Si nosotros comemos carne de ternera, es un decir, en esa carne van proteínas de ternera. Sintetizadas de acuerdo con las pautas de síntesis de ternera, contenidas en sus genes y construidas con aminoácidos. La digestión realizada en nuestro tubo digestivo, va a consistir en disgregar esas proteínas hasta convertirlas en sus aminoácidos constituyentes. Luego, nuestro metabolismo generará proteínas de acuerdo con nuestras pautas de síntesis determinadas por nuestros genes, pero utilizando esos aminoácidos que, hasta hacía poco tiempo, formaban parte de proteínas de ternera.

La energía entra en nuestro mundo

Por otra parte, hemos de tener en cuenta la energía que consumimos para poder realizar nuestras actividades vitales. Crecimiento, mantenimiento, síntesis y otras tantas, son actividades que requieren su aporte de energía. ¿De dónde procede esa energía? Esa energía recorre un camino largo y bien definido que, procedente del sol, pasa por nosotros mismos, hasta terminar en otros seres. Todos consumiendo la energía encerrada en las moléculas orgánicas.
Me gusta considerar al mundo de los seres vivos como un todo armónico y complementado, en el cual cada parte tiene su papel bien definido. Indudablemente, la energía es vital con una necesidad inmediata y es posible comentar su ciclo en nuestro mundo, cómo va pasando de unos a otros seres de un modo estructurado, nunca anárquico. Pero también podríamos hablar del ciclo del agua o del carbono, por citar dos casos.

Bosque a orillas del río Miño.
Función clorofílica en marcha

La energía capaz de activarnos, procede del sol. Hay algunas excepciones en el mundo de las bacterias, que consisten en obtener la energía a partir de reacciones con metales, hierro por ejemplo, pero la mayoría de seres vivos actuamos gracias a la energía procedente del sol. Cuando digo mayoría me refiero a grupos abundantes en número y en diversificación. Este dato hace pensar en un amplio camino evolutivo, con éxito adaptativo.
Únicamente los vegetales son capaces de captar esa energía mediante una compleja serie de reacciones llamada en su conjunto “función clorofílica”. Utilizando agua, anhídrido carbónico (procedentes del aire o de su entorno) y energía lumínica (procedente del sol), los vegetales son capaces de sintetizar hidratos de carbono, que son moléculas con varios átomos de carbono, normalmente 6, unidos con enlaces ricos en energía. Cuando se rompan los enlaces, se desprenderá la energía encerrada en ellos. Esa energía ha procedido del sol, y a partir de ese momento, ya está presente, ya ha penetrado, en el mundo orgánico, el de los seres vivos.
Esos hidratos de carbono, ricos en energía, pueden ser utilizados directamente por los vegetales para su metabolismo, ser almacenado como substancia de reserva (almidón), o adquirir funciones estructurales en forma de celulosa, formando láminas y membranas.

La energía entra en el mundo de los heterótrofos

Otros elementos necesarios para su metabolismo (pienso en plantas terrestres), como agua y minerales, lo absorben mediante las raíces. Gracias a la energía captada mediante la función clorofílica, las plantas son capaces de sintetizar todo cuanto necesitan para estar presentes en este planeta, como pueden ser aminoácidos o vitaminas. Por eso, porque son capaces de mantenerse por sí mismos, en biología los conocemos como seres “autótrofos”, una palabra de origen griego que quiere decir que comen por sí mismos.
Hay otro grupo de seres vivos, al que pertenecemos nosotros, que somos totalmente incapaces de captar la energía exterior para encerrarla en moléculas orgánicas. Es el grupo de los animales, conocidos como “heterótrofos”, palabra también de origen griego y que significa que comemos a partir de otros.
De lo mucho que necesitamos, nada podemos sintetizar: aminoácidos, vitaminas, fuentes de energía. Todo lo hemos de tomar en la dieta, por eso dependemos de ella. Esto hace que los diferentes grupos zoológicos dispongan de aparatos digestivos específicos y de maneras, también específicas, de captar los alimentos. Desde la absorción a través de una piel casi permeable, a la posesión de bocas con capacidades trituradoras de los alimentos, podemos imaginar toda una amplia gama diversa que también tiene mucho que ver con las maneras de captar los alimentos.
La evolución ha tenido un papel importante al diversificar los modos de captar energía. Al aparecer nuevos modos, y consolidarse en grupos, fue siendo posible colonizar nuevos hábitats. Cuando finalizan los procesos bioquímicos, una vez extraída la energía encerrada en las moléculas biológicas, sólo queda otra vez, agua y anhídrido carbónico. La energía la hemos consumido. Hay toda una cadena de seres vivos que van transmitiendo esa energía. Desde los vegetales, pasando por diferentes grados de animales herbívoros, luego diferentes tipos de carnívoros para terminar en seres propios de la putrefacción. Por todos esos eslabones va pasando la energía que, procedente del sol, va vivificando a aquellos que la poseen en un momento concreto.
Nosotros tenemos que tomar alimento de modo constante, pues lo mismo que hay compuestos que podemos almacenar como reservas, caso de los hidratos de carbono y grasas, hay otros que no podemos almacenar y hemos de tomar de manera constante, como las  vitaminas.

Un carnívoro persigue a un herbívoro:
la energía fluye

Para mí, ésta es la diferencia fundamental entre vegetales y animales: su comportamiento en relación a la energía, en cómo solucionan su necesidad de ella. Los vegetales son capaces de captarla y encerrarla en materia orgánica que sintetizan. Se alimentan por sí mismos, son autótrofos. Los animales, necesariamente hemos de tomar nuestros nutrientes y la energía que necesitamos mediante la ingesta de productos ricos en ella. Son heterótrofos.


viernes, 3 de agosto de 2018

Agua en Marte


Podría titular esta entrada como algo relativo a la posibilidad de vida en Marte o más allá, incluso como aparición de indicios de vida en el Universo, pero no me gusta especular sobre temas no científicos. Y digo no científicos por no ser comprobables hoy por hoy, teniendo en cuenta los medios de que disponemos. Por eso traigo un tema ya comprobado por la Agencia Espacial Europea y publicado en estos días: hay agua en Marte.

viernes, 26 de febrero de 2021

Animales y vegetales

En una entrada anterior, comenté la necesidad de comer para crecer. Realmente, con la comida, y la digestión posterior, la materia orgánica que toma un ser se transforma en materia específica suya, después de un proceso más o menos elaborado. Todos necesitamos esa materia para crecer y también para nuestro propio mantenimiento, después de que el crecimiento ha cesado.

viernes, 25 de enero de 2019

Animales y vegetales


En mi entrada anterior, comenté la necesidad de comer para crecer. Realmente, con la ingestión de comida y su digestión posterior, la materia orgánica que toma un ser se transforma en materia específica suya, después de un proceso más o menos elaborado. Todos necesitamos esa materia para crecer y, después de que el crecimiento ha cesado, para nuestro propio mantenimiento. 


viernes, 25 de agosto de 2017

Ur ramillete de flores

Tuve un profesor a quien quise, respeté y admiré. Por diversos motivos, que no vienen al caso, me inspiró esos sentimientos y hoy, pasado más de medio siglo, sigo recordándole de ese modo. Me dio clase de Botánica, y mis compañeros de promoción ya saben de quién hablo.
A veces, al hablar con nosotros se le escapaban comentarios llenos de sabiduría. Voy a reseñar uno que nos hizo en cierta ocasión y que siempre me ha servido de pauta.


Ramo de flores de invernadero

Estábamos de viaje de estudios por las afueras de Barcelona. Alguien cortó un manojo de flores del campo para hacerse un ramillete con ellas. El Dr. Bolós, nuestro Profesor, le pidió que nunca más repitiese tal acción. Si se arrancaba una planta, con su flor, para nuestro estudio, bien estaba y era comprensible, nos dijo. Pero arrancarla para un adorno efímero, era una agresión muy intensa contra la planta. Le había costado mucho superar la actuación de la selección natural antes de alcanzar el estado reproductivo: superar la dispersión de la semilla que la generó, crecer y salvarse de la acción de los herbívoros, llegar a florecer y ahora, ya a punto de formar semillas para dar lugar a la siguiente generación, sufrir la acción despreocupada de alguien que la troncha solo por adornarse un rato. Ya no formará semillas, ni transmitirá sus genes a la generación siguiente ni contribuirá a formarla.


Flores naturales

Toda una historia de superaciones frente a la selección natural se rompe por un capricho individual. Hablo de flores silvestres, de las nacidas en el campo, de las llamadas florecillas por algunos con cierto aire bucólico, que las consideran como lunares de un tapiz herbáceo. Las flores de invernadero no cuentan en esto, ya han nacido para adornar y tener vida efímera. Incluso muchas han sido preparadas para ser estériles. Hablo de las flores del campo, las encargadas de formar semillas para con ellas dar lugar a la siguiente generación evitando que se extinga la población de la que forman parte.


Flores naturales

Porque las flores son los órganos reproductores de las plantas. Toda su diversidad morfológica está relacionada con sus múltiples modos de ser fecundadas y de formar las semillas. Aunque en general, es algo que no preocupa a mucha gente. Corta flores como entretenimiento, como regalo que se hacen a sí mismos, sin preocuparse del efecto biológico que pueda tener tal acción.

La verdad, qué dolor, es que somos destructores de seres vivos. No me refiero a aquellos que forman parte de nuestra dieta, son componentes de nuestra biología. Me refiero a los que matamos por diversión, por odio, por sentimientos adversos, por tradición o por despreocupación. Somos una especie que ha generado extinciones desde nuestra aparición.

Flores naturales
En el monte, me gusta ver los ciclos anuales de las plantas con flor. Las primeras que nacen, cuando el invierno llega a su fin, son las procedentes de bulbos, los narcisos. Luego aparecen algunas flores de corola pequeña como primaveras, verónicas, arenarias, violetas y otras. Todo esto ocurre en primavera muy temprana, cuando todavía los árboles no tienen muy formadas las hojas y el sol incide directamente en el suelo. 

Flores naturales en bordes
de caminos
Mas tarde, cuando el bosque esté cubierto por el tupido manto de hojas de árboles, aparecerán las flores de bordes de caminos, en lugares a los que llega el sol. Todo sigue su ritmo, todo pautado desde final del invierno hasta ahora. Aún deben de aparecer las inflorescencias masculinas de los castaños, cubriéndolos por completo con un velo blanco, como si fuesen telarañas.

Flores de invernadero
Los estudiosos ya van encajando toda esta disparidad en un todo muy estructurado, muy difícil de interpretar por completo porque desconocemos gran parte de su mecánica, pero ya vamos entendiéndolo.

Adorno floral
Mientras vamos dilucidando estas formas de vida de las especies en el monte, las flores intentarán formar semillas, que se dispersarán de modo adecuando y al año siguiente volverán a haber esas flores donde las hubo este año.

Tampoco arrancar una flor significa una gran agresión al medio natural. Ni un rebaño de vacas pastando en un prado en plena época de floración es capaz de provocar extinciones de plantas con flor en ese prado. Ni siquiera la visita de los habitantes de un pueblo con cestos y canastas porque “hay” que coger flores para la procesión de Corpus, será capaz de provocar la extinción de alguna especie. No es eso, pero hay una rotunda falta de respeto a nuestro medio natural, al que deberíamos cuidar y proteger.

Frutal, otra historia en otras pautas.
Es increíble la robustez de la naturaleza en el momento de superar las agresiones que podemos infringirle. Vivimos agrediendo. Desde nuestro comienzo hemos sido una especie provocadora de extinciones y, por lo que vemos, no creo que aprendamos. ¿Aprender a qué? Simplemente, a convivir con especies que llevan más tiempo que nosotros en este planeta. Aunque fuesen recién llegadas. Hay sitio para todos.

Cuando paseo por el monte, me gusta admirar la belleza y la diversidad en flores. Para eso no necesito arrancarlas, mejor que vivan su vida, formando semillas y contribuyendo al mantenimiento de la población a la que pertenecen, dando lugar a la generación siguiente, la del año próximo.

lunes, 29 de febrero de 2016

Extraterrestres

Las ideas son recurrentes, algunas de ellas nunca dejan de andar por medio, como un ruido de fondo. Raro es el momento en que, con ocasión de hablar de seres vivos en algún encuentro cultural, no me pregunta alguien acerca de la posibilidad de existencia de tales seres en otros lugares del universo. La pregunta no es de índole científica, pues se ajusta más a los sentimientos que a las razones científicas. Hoy por hoy, no podemos buscarle respuesta desde la ciencia, pues no disponemos de medios para hacerlo.

Hablo de ciencia basada en métodos experimentales, claro. Otra cosa es hablar de que se han mandado sondas al espacio y no se han obtenido respuestas. O sí, pero son alto secreto. También, de vez en cuando nos hablan de ovnis por los cielos, incluso incluyendo fotos. No sé qué decir, pero soy escéptico ante eso. Siempre que veo la figura de un supuesto ser vivo habitante en algún lugar del espacio, fuera de nuestro planeta, lo encuentro con una morfología similar a la nuestra: cuerpo dividido en cabeza, tronco y extremidades, siendo la cabeza el lugar en que aparecen los órganos externos de los sentidos. En verdad, lo considero un producto de ciencia ficción para película candidata a taquillera, incluso a Oscar.


Tal vez, para muchos sea difícil imaginar el larguísimo camino evolutivo que conduce a una situación morfológica y estructural como la nuestra actual, partiendo de prototipos primitivos que también fueron los iniciales para otros grupos animales, como pueden ser babosas o arañas, por citar algunos que se me ocurren. 

La historia de los seres vivos, en su conjunto, ha sido un camino tan enrevesado, con múltiples mutaciones aleatorias, ocurridas en una secuencia concreta, seleccionadas en su mayor parte por ambientes cambiantes, ocurridos en un orden también concreto, que sinceramente considero irrepetible. Es posible que secuencias diferentes de mutaciones o ambientes, hubiesen conducido a resultados también diferentes. Creo que tales secuencias, por complejas, son irrepetibles.


Por eso no creo que, en caso de haber seres vivos en otros planetas, sean similares a nosotros. Cuando digo “a nosotros” quiero decir eso, similares a los humanos. A los creadores de historias de ficción no les preocupa cómo serían las ratas, por ejemplo, de esos otros mundos. Solo se preocupan de humanos, pues a nosotros, también humanos, es a quienes van dirigidas sus historias.

Nunca he rechazado la idea de que existan otros seres vivos en otros lugares del universo. Pero, vamos a ver, ¿a qué llamamos “ser vivo”? Porque conviene aclarar eso para no meternos en situaciones equívocas. Un ser vivo posee unas características concretas que lo diferencian de un ser inanimado, por ejemplo, una roca. ¿Qué características son esas? Un ser vivo está sujeto a unos procesos que comentaré con detalle en próximas entradas: nace, crece, se reproduce y muere. Pero qué tiene, ¿qué hace un ser vivo para poseer esa peculiaridad, que puede compartir con otros seres, también vivos?

Ha de tener información propia acerca de su estructura y funcionalidad. Y esa información debe de estar cifrada de algún modo en moléculas que se transmiten a lo largo de las generaciones, después de una minuciosa replicación. En los seres vivos de este planeta, la molécula de la que hablo es el ADN, (en algunos virus es ARN), y aunque su modo de replicación es muy estricto, existe la posibilidad de que ocurran pequeños errores hereditarios, que conocemos con el nombre de mutaciones. 


Los seres vivos han de ser capaces de reproducirse, es decir originar seres iguales a ellos. Lo han de hacer sin necesidad de ayudas externas, como algo propio que realizan de por sí. Esta función garantiza la permanencia del grupo. En caso de no poderse realizar, se produce una extinción.

Pero, además, cada grupo de seres vivos posee una historia evolutiva concreta que les hace singulares en su propia historia. Las actividades biológicas son complejas y muchas veces vienen orientadas por un indeterminismo total. Las mutaciones, base de la variabilidad, son indeterminadas, lo mismo que los cambios ambientales, en los que se basa gran parte de la selección natural.

Toda esa serie de sucesos mutacionales y ambientales, ocurridos a lo largo del tiempo, hace que en, en este aspecto, esta rama de la Biología  (la Biología Evolutiva), pueda ser considerada como una ciencia histórica, con los mismos métodos investigadores que la Historiay los mismos mecanismos de comprobación de hipótesis.

Pero no nos sustraemos a lo que nos indica nuestro subconsciente. Nos creemos el centro del mundo y pensamos en que un “ser vivo de otro mundo” es similar a un humano, nunca a un musgo, por ejemplo. Y si los extraterrestres hablan, lo hacen en nuestra lengua madre, con nuestra gramática y nuestro vocabulario, nunca se nos ocurre que puedan hacerlo de otro modo, a pesar de que conocemos la existencia de muchas formas, todas válidas para sus usuarios.



A veces he pensado que al hablar de extraterrestres, fijamos en tiempos actuales las pautas de invasiones históricas, y pensamos que si nos llegan a invadir, lo harán con los criterios que se utilizaron en invasiones pasadas que hemos estudiado. Por eso, según ese imaginario, serán crueles, querrán arrebatarnos nuestras riquezas, se llevarán a la gente joven esclavizada. En suma, aprovecharán todo lo bueno que tengamos y nos dejarán sumidos en la miseria. Tal vez estamos dando un reflejo de lo que consideramos que fueron las anteriores invasiones. Las que, en suma, han dejado el mundo tal como es en la actualidad, del que somos beneficiarios.



Espero que los seres vivos extraterrestres, en los que creo, se comporten de otro modo al nuestro. Estoy convencido de que son diferentes a nosotros, pero que cumplen los requisitos de poseer un tipo de "actividad vital" propio, el suyo. 

Las demás suposiciones que tengo sobre este tema, pasan al campo de mis sueños.



viernes, 24 de abril de 2020

Ideas acerca de nuestro entorno


Los historiadores de la Biología, coinciden al pensar que las primitivas civilizaciones tenían un fuerte sentido de solidaridad hacia el resto de seres presentes en el planeta: con las rocas, con los animales, con los vegetales y, en general, con todo aquello que hoy conocemos bajo el calificativo de "entorno". 

domingo, 18 de diciembre de 2016

El concepto de naturaleza en nuestro pensamiento.

Los historiadores de la Biología coinciden al pensar que las primitivas civilizaciones tenían un fuerte sentido de solidaridad por parte de los humanos cara el resto de seres presentes en el planeta: con las rocas, con los animales, con los vegetales y, en general, con todo aquello que hoy conocemos bajo el calificativo de "entorno".

En aquellas épocas, la expectativa de vida era muy baja, pues la humanidad estaba en sus comienzos y, por tanto, el desarrollo de la medicina se reducía al conocimiento de unas pocas hierbas beneficiosas (como ocurre con cualquier otro mamífero). Nuestros antepasados formaban una especie cazadora sometida a todas las dinámicas biológicas propias de las especies con este tipo de vida. Es posible que, con el desarrollo de la agricultura y el nacimiento de una cierta tecnología agrícola, con su consiguiente paso a la vida sedentaria, la humanidad se fuese distanciando más y más del inicial concepto de unidad con el resto del mundo vivo.

Las religiones también influyeron en la visión que la humanidad tuvo acerca de su entorno. Pero conviene considerar dos tipos de religiones: las orientales, politeístas y las bíblicas, monoteístas. En las orientales, los dioses aparecían como seres bondadosos, aunque fuertes de carácter, hondamente comprensivos con las debilidades de los humanos y que orientaban a sus seguidores en la búsqueda de la paz interior, fin último que convenía perseguir y alcanzar. Según el pensamiento de esas religiones, nada competitivas y, por tanto, primitivas según el criterio del mundo occidental, la humanidad también representaba una comunidad de seres solidaria con el resto del mundo vivo. Este pensamiento se mantiene en las actuales religiones del este asiático y de las montañas del Tibet.

Por su parte, la cultura occidental cristalizó a partir de religiones monoteístas derivadas de diferentes interpretaciones de la Biblia. Independientemente del hecho de que el Dios bíblico se nos presenta como un ser guerrero y justiciero, el hombre aparece en los comienzos del Génesis como el ser principal de la creación, el más perfecto, hecho a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, su preferido. Por eso, es el mismo Dios quien le impone, a modo de programa de actuación en este mundo: "Creced y multiplicaos, llenad la tierra: sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la superficie da tierra” (Gen 1:28). El mismo Génesis nos dice cómo Adán da nombre a todos los animales del campo y a todas las aves del cielo (Gen.2:20) Resulta conveniente no olvidar aquí que la potestad de dar nombre, aún hoy representa en nuestras culturas, un fuerte indicativo de propiedad.


REY DE LA CREACION


Durante mucho tiempo, y en el mundo occidental, fue este mandato divino la justificación última de cualquier modo de actuación humana. Siempre que se incidía sobre especies vivientes, siempre que se intentaba dominar o modificar la tierra, fuese como fuese el modo como se hiciese, no se estaba haciendo otra cosa más que cumplir la recomendación del Creador expuesta claramente en el Génesis. Y en este caso, no había que hacer ninguna interpretación: había sido el mismo Dios quien había mandado con toda claridad y de manera inapelable "dominad la tierra".

Fue ésta una arrogancia temeraria que llevó al hombre a autoproclamarse "Rey de la Creación". Rey en el sentido medieval, de indiscutible propiedad sobre la Tierra, basada en el derecho divino expresado en la Biblia. Sabemos perfectamente todo cuanto destrozo se hizo al amparo de esta impunidad que siempre llevó consigo el beneficio de no tener que dar cuenta de nada a nadie, sin otras miras que el beneficio inmediato y sin tener en cuenta para nada la situación en que pudiese quedar el medio natural. En este sentido, conforme la humanidad fue incrementando sus conocimientos y, a cuenta de eso, se fue independizando más y más del medio. Mucho del desarrollo alcanzado, se realizó gracias a una fuerte, e irreversible, agresión al entorno. Esto lo sabemos todos.

HERMANO LOBO

En el siglo XIII, en los albores del Renacimiento, por parte de algunas personas se dio una vuelta al pensamiento inicial de solidaridad con el resto de seres vivos, es decir, con parte del entorno. Por ejemplo, San Francisco de Asís fue un joven que, abandonando todo cuanto tenía, se adentró por los caminos de la religión queriendo iniciar una nueva manera de interpretar el mundo vivo desde una visión alternativa de la Biblia. Su razonamiento se basaba en el hecho de que, al compartir nuestro origen en Dios, éramos hermanos no habiendo, por tanto, diferencias entre unas especies y otras. Esta es la base conceptual de su poema famoso en que apela al hermano lobo, a la hermana luna o al hermano sol. Pero no es mucha la gente que sabe de los problemas que tuvo el Santo de Asís con la Inquisición, de modo que tuvo que callar. Muchos de esos problemas le vinieron de esta idea de la naturaleza, idea que, siendo nueva en la civilización europea, venía de antiguo en las orientales.

En la era de los descubrimientos europeos, allá por el siglo XVI, la idea de la propiedad de la tierra por parte del hombre volvió a tomar fuerza. Nuevamente, la arrogancia del hombre europeo le permitió cometer todo cuanto destrozo se le ocurrió cometer en nombre de una civilización que premiaba y animaba toda esa arrogancia.
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En este tiempo en que estamos ahora, algunas personas del mundo occidental y con grandes preocupaciones espirituales, se acercaron a las religiones tibetanas en búsqueda del sosiego que no encontraban en las religiones nacidas de la Biblia. Fue cuando el hombre occidental volvió a tomar contacto con las ideas de solidaridad con el medio en que vivimos, ideas que difundieron por todas partes al volver a sus países de origen. Eran personas influyentes en los ambientes culturales occidentales de los que procedían. Todo cuanto dijeron a su regreso tuvo gran eco en la gente, de modo que, entre los jóvenes cultos del mundo occidental, apareció un nuevo sentimiento de preocupación por el entorno. Fue entonces cuando, a nivel mundial, florecieron movimientos ecologistas preocupados por la situación del planeta, unas preocupaciones que antes no habían existido con tales magnitudes ni planteamientos.

Por otra parte y desde el mundo científico, en 1969 el investigador británico J. Lovelock presentó al mundo científico una desconcertante hipótesis: La tierra es un ser vivo creador de su propio hábitat. Hablaba de la evolución conjunta de la Tierra como un todo. Su teoría ha dado lugar a un conjunto coherente de teorías, muchas de ellas comprobadas, conocidas bajo el nombre genérico de Hipótesis Gaia.

Ojalá que en adelante no nos separemos de esta idea de unidad biológica de todo el Planeta, ni del concepto de que todos andamos involucrados en la misma dinámica. Nos conviene mucho  tenerlo en mente de manera constante, antes de que nos metamos por vericuetos irreversibles o de los que resulte difícil salir.







viernes, 28 de febrero de 2020

Situación preocupante


Los historiadores de la Biología coinciden al pensar que las primitivas civilizaciones tenían un fuerte sentido de solidaridad con el resto de seres presentes en el planeta: con rocas, animales, vegetales y, en general, con todo aquello que hoy conocemos bajo el calificativo de "entorno". 

viernes, 10 de agosto de 2018

Situación preocupante


Los historiadores de la Biología coinciden al pensar que las primitivas civilizaciones tenían un fuerte sentido de solidaridad con el resto de seres presentes en el planeta: con rocas, animales, vegetales y, en general, con todo aquello que hoy conocemos bajo el calificativo de "entorno".

domingo, 18 de octubre de 2015

Por el bosque...

Siempre he considerado que el olvido es una de las mayores formas de marginación, si no la mayor. Mientras se hable de algo, aunque sea mal, ese algo está presente en el pensamiento de la gente. Lo malo es cuando ni se habla de eso, pues pronto cae en el olvido. Y de ahí al menosprecio hay un camino fácil, pero de difícil retorno. ¿Porqué digo esto? Porque dentro del mundo de muchos poderosos, ocurre que nunca se olvidan de lo que consideran importante. Si han olvidado algo, es por no serlo. Olvido justificado.

Me apenan muchas cosas actuales relativas al mundo de los seres vivos. Una de ellas es la capacidad de dogmatizar sobre temas que se desconocen. Lo observé con motivo del 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies, de Darwin. Muchos hablaban del libro, pero me di cuenta de que pocos lo habían leído. Al menos, en este caso, nadie menospreció ni al libro ni su contenido. Hoy se dogmatiza sobre medicina, ecología, genética, lo que sea. Todos son doctores en el tema de que se trate. Como buena tropa de ignorantes, nadie pregunta nada a quien le podría responder.
A propósito de esto, recuerdo cuando en nuestro país aparecieron las primeras posturas ecologistas. Al principio, se tomó a sus defensores como unos chicos simpáticos, que decían cosas igualmente ingeniosas. Cuando las reivindicaciones subieron de tono, aquellos que antes les habían tomado como algo agradable, pasaron a compararlos a las sandías: “verdes por fuera, rojos por dentro”. En aquella época, llamar rojo a alguien era algo muy fuerte, pues cualquier rojo era considerado “enemigo de España”. Así se plantearon las cosas, con la incomprensión y la injuria. Tampoco es que las cosas hayan cambiado mucho desde entonces.
Para muchos mandamases de hoy, ser ecologista consiste en poner unas cuantas jardineras en los rincones de las calles. De ese modo, nadie orinará allí. El ecologismo es algo mucho más serio que, hay que aclararlo, poco tiene que ver con la ecología.
La ecología es ciencia, el ecologismo, actitud. Para mí es una forma de enjuiciar el entorno con criterios que pretenden protegerlo y conservarlo. En la mayoría de las ocasiones, son acertados. Creo que a veces esos criterios son inamovibles, y tal vez estaría bien que estuviesen más adaptados a una realidad cambiante.
Estamos abocados a una globalización. Pero ésta llega a diferentes velocidades. Por ejemplo, en temas relativos a Internet, la velocidad con que avanza es rápida. En sanidad y educación, no tanto. Incluso se retrocede.
Hablando de globalización, tenemos que hoy en día, en muchas partes del planeta, se abren vías de comunicación roturando selvas importantes y necesarias para el equilibrio biológico global. Ecológicamente, esas obras como otras muchas, son un desastre a medio y largo plazo, pero pueden contribuir al progreso humano y al incremento de la calidad de vida de muchos pueblos. La pregunta que yo me hago es si la ciencia puede negar su ayuda a quienes más necesitan de ella. Creo que no.
En ese caso, convendría formular procedimientos que garantizasen un progreso que fuera coherente con la conservación del planeta. Porque ambas cosas no son contrapuestas, aunque la economía hace que muchas veces  lo parezcan.

Las fotos de esta entrada son de mi amigo Guillermo Díaz Aira, a quien agradezco su disponibilidad. Corresponden a fotos hechas en la Serra do Caurel, Lugo.


viernes, 23 de febrero de 2018

Erosión genética


El cultivo artificial ha permitido a muchas especies vivir fuera del ambiente adverso de la selección natural. Pero, como método artificial, tiene sus inconvenientes. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), define como erosión genética a la pérdida de variabilidad (genética) que por ese motivo se produce en las especies cultivadas. 

Durante centurias, y más en estos últimos decenios, se ha llevado a cabo una globalización de cultivos basados en criterios de productividad, eliminando las variedades que pudiesen ser pobres en ese valor. Esa eliminación ha sido sistemática y continuada, haciendo que muchas especies cultivadas hayan perdido la variabilidad genética que les costó tantas generaciones adquirir, además de haber perdido las singularidades geográficas, consiguiéndose, a veces, que haya una sola variedad en todo el planeta. 

Originariamente muchas razas
Una de las especies que han sufrido, o que más han sufrido este tipo de daño genético, de erosión, es la manzana. De unas treinta variedades que se cultivaban en nuestro país dedicadas en especial al consumo doméstico y a la fabricación de sidra, se ha pasado en poco tiempo a menos de diez. ¿Las causas? Parece que una empresa de alimentación, uno de cuyos postres estrella consiste en la tarta de manzana, ha definido las razas que utilizará para fabricarla en cualquiera de las muchas instalaciones que tienen en nuestro país. De este modo, todas tendrán un sabor similar. Una vez determinado el tipo que se utilizará, los campesinos lo han plantado de modo masivo, sabiendo que tenían asegurada la venta de las manzanas cosechadas. Pero desecharon las que habían cultivado anteriormente, que han ido perdiendo terreno de cultivo, tamaño de población y, por tanto, variabilidad genética, quedando razas residuales. 
Una situación similar se ha producido en viñedos españoles. De lo que ocurre en otros países no sé nada. 

Dos especies con peligro de
erosión genética
Hoy no parece preocupar a muchos esta situación, pues el consumo está asegurado. Pero con esta medida se hace que la manzana, que aún crece silvestre en muchos lugares de España, pase a depender de la tecnología humana para su subsistencia, lo cual desde un punto de vista biológico es un desastre para ella. Todo esto se aceleró a partir de mediados del siglo XX, con la llamada revolución verde, cuando un alto número de variedades locales fueron desplazadas por otras variedades que eran producto de mejoras genéticas de diverso tipo. 

Genéticamente erosionadas
En estos casos, los cultivos resultan ser muy uniformes en cuanto a criterios diversos de productividad, lo cual puede ser una ventaja empresarial a corto plazo, pero un desastre biológico, pues las especies han perdido su capacidad de adaptarse a posibles cambios ambientales que se puedan presentar. Nadie es capaz de garantizar la uniformidad ambiental ni su duración. 

Mientras esas especies están sujetas a criterios actuales de consumo, que los podemos considerar como un valor ambiental, o un componente de la selección natural, y estén favorecidas por el cuidado humano, no tendrán peligro de supervivencia. Pero las circunstancias no son constantes. Los valores ambientales pueden cambiar en muchas de sus variables, así como los gustos de los consumidores. En esos casos, podemos preguntarnos hasta qué punto esas especies, que han sido capaces de mantenerse a lo largo del tiempo, tienen el potencial genético necesario para afrontar esos cambios, manteniéndose como especies autónomas. O si, por el contrario, se extinguirán como consecuencia de la pérdida de variabilidad genética a la que las hemos llevado los humanos en un loco afán de productividad. Al haber perdido esa variabilidad, han perdido la posibilidad de adaptarse a posibles modificaciones ambientales que se pudiesen producir. 

Desde hace un tiempo, en países avanzados esto está en vías de solución. En las empresas correspondientes se han integrado científicos de diversa titulación, pero conocedores de las dinámicas biológicas de las poblaciones naturales. Saben lo que es la diversidad genética, sus causas y sus consecuencias. Mediante proyectos privados, o semiprivados, desarrollan medidas para potenciar y conservar la variabilidad que aún es posible recuperar. Se recogen cepas casi perdidas, se buscan variedades silvestres y se cultivan para mantenerlas. No se pretende hacer un banco de semillas, más bien uno de razas cultivadas. A cuantas más cepas posibles, mejor, pues se supone que en ellas está la variabilidad genética suficiente para afrontar posibles cambios ambientales. 

Son proyectos caros, que requieren de fuerte financiación y de una política agraria continuada y decidida a conservar una riqueza biológica que, de no ser de este modo, desaparecería en pocas generaciones. Pero los gobiernos deben saber lo que quieren.